Ojarasca 102 octubre 2005


 
Mi nombre no es Rodríguez
 

Mi nombre no es Rodríguez.

Es un suspiro de pies que escalan

la espuma de lujuria del oro,

la religión del amo

de manos tullidas que coge la codicia por la cola.

Mi nombre no es Rodríguez.

Es el callado llanto de una madre india,

la saliva del guerrero en una punta de flecha, una garra de jaguar,

una mujer que tienta a la piedra volcánica.

Mi verdadero nombre es ceniza de la memoria 

de los árboles calcinados.

Soy el niño de tres años perdido en la pradera

que la Caballería de Estados Unidos

venadea en la matanza de Sand Creek.

Soy un grito de Gerónimo en el cañón de los antiguos.

Soy el explorador comanche, el chamán rarámuri

que corre con su paliacate sucio bajo la lluvia vil.

Me llamo Rodríguez y mis lágrimas dejan ríos de sal.

Soy Rodríguez y la piel se me seca en los huesos.

Soy Rodríguez y una risa enferma penetra los poros.

Soy Rodríguez y la demencia de mi padre

chamusca los muros de cada morada

y obstruye cualquier muerte.
 


Mi nombre no es Rodríguez; es una fibra en el viento,

es lo que los océanos sumergen,

lo que es gracioso y sublime sobre las cumbres,

lo que crece en las arenas del desierto.

Es la vida a gatas, la respiración mojada en los rebordes.

Es el tenso tambor y la danza del peyote.

Es la poción de los quebrantos fermentados.

No me llamen Rodríguez a menos que quieran decir

peón y cargador de grava,

a menos que se refieran al carnicero de verdades

al apostador profundo de las esperanzas. 

A menos que hablen de olvidar y morir. 

Mi nombre es el niño 9 milímetros de empuñadura negra

que apuntamos desde el patio.

Soy un monje en la pena de muerte. El vendededor de chicles

de ocho años en los bares y taquerías de la ciudad.

No tengo licencia, seguro, registro, ni perdón.

Soy libre y en consecuencia hambriento.

Llámenme Rodríguez y sangren de vergüenza.

Llámenme Rodríguez y olviden su propio nombre.

Llámenme Rodríguez a ver si les susurra algo al oído

mi boca teñida de vino amargo.


 
Los Chuskas 
Territorio Navajo 1998
 

Un anillo de piedra arcoíris rodea este pueblo de rocas sabias.
Edad y herrumbre acumulan lo mismo.
 

Los diné se dicen protegidos por las Cuatro
Montañas sagradas que abrazan estos
 

Suelos yermos. Para estar cerca de la tierra que
esclaviza --conocen la religión verdadera.
 

En arena pintada, cantos y plegarias
encuentran el humo en los tipis o hogans.
 

Son libres porque no lo son. La tierra,
el cepillo, la suciedad y las mesetas
 

les dicen "estás en casa. No te vayas más".
Mis huesos son del mismo hierro/uranio/cobre
 

Confrontan estas piedras. La Compañía Peabody le arranca
por dentro el corazón a cada montaña.
 

Saben de violación. De maquillaje cultural. La violación
es gran metáfora y realidad. Arráncame
 

El corazón entonces. Lo que sacrificas
me das. Herrumbre y raíz en Los Chuskas.

Luis J. Rodríguez


 
 
 

Luis J. Rodríguez, de origen mexicano y rarámuri, es fundador de la editorial y centro cultural Tía Chucha en Sylamar, California y editor de la revista electónica Xicano.com. Militante pacifista y defensor de los derechos humanos, participa ampliamente en el movimiento cultural y poético de Chicago y Los Ángeles. Ha publicado en inglés Poemas a través del pavimento (1989), El río de concreto (1991), Trochemoche (1998), y Mi nombre es hambre (Curbstone Press/Rattle Edition, 2005), del cual provienen estos textos. En 2002 realizó el disco de música y poesía My name's Not Rodríguez, para Dos Manos Records.
 

Curbstone Press es una casa editora dedicada a la literatura comprometida con el cambio social, especialmente obras de autores contemporáneos de origen latino y vietnamita en Estados Unidos. Según sus editores, establecidos en Willimantic, Connecticut, Curbstone "presenta escritores que dan voz a los que nadie escucha, en lenguajes que van más allá de la denuncia y que celebran, honran y enseñan".
Traducción del inglés: HB


VIGILANDO

Muchacha navajo con su rebaño, reservación de Shiprock. Foto: William M Pennington.



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