Usted está aquí: domingo 9 de octubre de 2005 Política Una pastoral de construcción de ciudadanía

Víctor M. Quintana S.

Una pastoral de construcción de ciudadanía

Hace más de 40 años el papa Juan XXIII dijo que había que abrir las ventanas para que le diera aire fresco a la Iglesia católica. Desde entonces más han sido las ventanas que se cierran, pero hay los que como la Comisión Episcopal de Pastoral Social (CEPS) del Episcopado Mexicano hacen un esfuerzo cotidiano por oxigenar su iglesia y llevarla al compromiso efectivo con los excluidos.

La CEPS acaba de celebrar en San Luis Potosí el Encuentro Nacional de Pastoral Social-Cáritas. Asisten varios centenares de personas, en su mayoría laicos de todos los estados de la República. Son quienes en su diócesis conducen la acción de la Iglesia en pro de la justicia social, la paz y la caridad. Lo primero que llama la atención es el tema del encuentro: "Participación ciudadana hacia la justicia social".

Entre los materiales que se entregan a los asistentes al encuentro destacan los cuatro módulos didácticos de un taller que pretende promover los esfuerzos de construcción de una ciudadanía participativa, tanto en los procesos electorales como en el involucramiento en las políticas públicas y sociales. La metodología es altamente participativa, basada en el análisis de la realidad social, reflexionada a la luz de la fe, pero de ninguna manera sectaria, pues se trata de que los cristianos comprometidos establezcan diálogos y articulaciones con otros miembros de la sociedad civil. Como señaló el padre Camilo Daniel en su intervención en el encuentro: "el ecumenismo de la Iglesia significa habitar humanamente la Tierra, saber articularse con sujetos distintos a nosotros, reconociendo su diferencia sin anularla, emprendiendo tareas conjuntas con ellos".

En una valiente alocución, Emilio Alvarez Icaza, presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, hizo una crítica de muchas actitudes conservadoras o no comprometidas de la Iglesia católica. Planteó cuatro campos necesarios de acción de los católicos: democracia, derechos humanos, diversidad y desarrollo. Y siete coyunturas en las que es urgente que desplieguen su acción comprometida: en lo electoral; en los derechos humanos, con los nuevos protagonistas, como son las mujeres, los niños, los indígenas, los grupos lésbicos, gays, bi y transexuales; en la justicia; en el problema del narco, y en la conflictividad múltiple que aqueja a nuestro país. Alvarez Icaza se ganó atronadores aplausos cuando fustigó la tradicional homofobia y la discriminación de la mujer en la Iglesia, y cuando pidió que con los pederastas se dé ejemplo de justicia.

Se expusieron también diversas experiencias en que los cristianos han participado en esfuerzos varios de lucha y de construcción de alternativas justas y democráticas a la sociedad actual: iniciativas de economía social; trabajo con grupos de jóvenes; formación de organizaciones populares y campesinas. En todas ellas la clave ha sido que los grupos de iglesia "se convierten a lo público", es decir, emprenden acciones colectivas para incidir en políticas públicas que hagan cumplir sus derechos económicos, sociales, culturales y ambientales.

Todo parte de un amplio, muy completo y muy crítico análisis de la realidad nacional. Y culmina con una programación de acciones por diócesis en torno a la participación ciudadana en tres campos: equidad y justicia social, sistema auténticamente democrático representativo y participativo, y cultura de la información crítica y ética. Estas acciones deberán tocar y priorizar uno o varios de los siguientes ejes: fe y política, economía solidaria, VIH-sida, emergencias, campo y agua, trabajo, equidad y género, derechos humanos, procesos de paz y reconciliación.

Como puede verse, casi ninguna de las áreas de preocupación nacional es ajena a este sector de la Iglesia. Podría decirse que hay olvido de los pueblos indios... si no fuera por la presencia de la persona y del discurso de don Samuel Ruiz, obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, quien recibió un emotivo homenaje y reconocimiento de parte de la comisión, presidida por el arzobispo de Jalapa, monseñor Sergio Obeso.

En muchos sentidos la transición a la democracia en este país fue convertida en una transición a la partidocracia. La transición no se desatorará si la democracia no se hace radical, participativa, mucho más amplia que lo meramente electoral. Para lograr esto se necesita construir una ciudadanía muy crítica, activa, comprometida, plural, capaz de articularse con muy diversos actores. Esto es lo que con sus encuentros y con sus talleres está buscando este sector, a veces muy atacado de la Iglesia, que es la CEPS. Habrá que agradecerles su pedagogía, mejor dicho, su pastoral de ciudadanía.

 
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