Usted está aquí: martes 27 de septiembre de 2005 Opinión Tiempo reproductivo

Javier Flores

Tiempo reproductivo

Había una edad para la reproducción. En las mujeres el conocimiento médico tradicional marcaba como los límites de la función reproductiva el periodo entre la aparición de la primera menstruación y la menopausia; es el lapso en el que maduran los óvulos y se liberan. En los hombres, la producción de espermatozoides maduros en la pubertad y el cese de su capacidad sexual eran los extremos. Hoy toda esta imagen se ha transformado.

El tiempo reproductivo ha cambiado. El avance en el conocimiento de los procesos involucrados en reproducción humana, y el desarrollo de nuevas tecnologías en este campo, han hecho posible esta transformación. Hoy la capacidad reproductiva en nuestra especie puede expresarse: antes de nacer o después de la muerte. Los límites temporales ya no existen.

La separación de los cuerpos, que se inicia en la tercera década del siglo XX con los procesos artificiales de inseminación, es quizá el elemento más importante en la modificación del tiempo reproductivo. En la actualidad, una mujer o un hombre pueden donar sus células sexuales, que son almacenadas en medios especialmente diseñados y a bajas temperaturas por periodos largos. Los donantes pueden continuar con sus actividades cotidianas por meses y olvidarse de su aportación. Inclusive pueden haber muerto por diferentes causas y participar en el surgimiento de una nueva vida.

Además, el avance de las tecnologías de reproducción asistida (TRA) permite inducir la maduración de las células sexuales en condiciones de laboratorio. Inclusive puede lograrse el nacimiento de niños sanos utilizando células primordiales, como en el caso del empleo de espermatozoides inmaduros, reportado por Antinori y su grupo en 1997 y Ogura y sus colaboradores en 2001. En consecuencia, es técnicamente factible la participación de individuos en las etapas previas a la pubertad en el proceso reproductivo.

El desarrollo de las TRA está guiado por el propósito de enfrentar la esterilidad. A esta condición se le considera, como ocurre con las patologías en otros campos médicos, un mal que hay que vencer. En algunas personas es un motivo de gran infelicidad. Desde luego están involucrados aspectos síquicos y socioculturales y, en mi opinión, de manera sobresaliente, nuestras concepciones sobre lo normal y lo patológico, pues, por ejemplo, hay personas que siendo completamente sanas pueden decidir no tener hijos. Como quiera que sea, como ocurre en todas las áreas de la ciencia y la tecnología, los conocimientos generados tienen efectos que van más allá de las metas que originalmente se persiguen. En este caso la modificación del tiempo.

Si uno de los extremos de la edad reproductiva era la menopausia, ahora una mujer puede ser madre mucho más allá de este límite. Es suficiente poner en juego diversas herramientas endocrinológicas (que implican el empleo de hormonas) en combinación con procedimientos generados por las TRA, como la donación de óvulos o la fertilización in vitro, entre otros. También, aunque en un terreno completamente farmacológico, la vida sexual de los hombres y, por tanto, su capacidad reproductiva, puede prolongarse con el empleo de drogas como el sildenafil (Viagra), tadalafil (Cialis) o vardenafil (Levitra).

La ampliación del tiempo reproductivo resulta sorprendente cuando se examinan los extremos. La utilización del citoplasma de cigotos, es decir, de prembriones o embriones (sin entrar por ahora en esta discusión más que terminológica) en una de las más recientes tecnologías, denominada transferencia de citoplasma, revela que la capacidad reproductiva puede expresarse desde los niveles más primitivos en el desarrollo embrionario, como se desprende de trabajos como el de Huang y colaboradores en 1999 (Fertil. Esteril. 72 (4): 702-706). En el otro extremo, la reproducción posmortem, es decir, la obtención de células sexuales de personas recientemente fallecidas, generalmente a solicitud de sus parejas vivas, muestra desde otro ángulo el desplazamiento del tiempo reproductivo escapando a las barreras de la muerte.

Por supuesto, todo esto se encuentra envuelto en conflictos y debates de carácter ético. Así ha sido toda la historia de las TRA, desde la inseminación artificial hasta las técnicas actuales de transferencia de componentes celulares. A pesar de esto, queda claro que nuestra especie ha creado los medios para modificar el tiempo reproductivo, lo que representa un reto que nos obliga a reflexionar sobre sus posibles significados.

 
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