Usted está aquí: sábado 6 de agosto de 2005 Cultura La música de Nino ronda, danza, gira, rota

La música de Nino ronda, danza, gira, rota

La aparición del flamante disco titulado Nino Rota (Harmonia Mundi) que contiene música escrita para ser degustada en salas de concierto por un compositor que pasó a la historia como escritor de música para ser valorada en salas de cine, permite una revisión del trabajo de Nino Rota (1911-1979), como una de las aportaciones más significativas al arte musical durante el siglo XX.

Conocido como el autor de la música de los filmes de Fellini, Nino Rota sufrió en consecuencia el eclipsamiento del resto de su producción, tan valiosa e interesante como las obras maestras que entregó a don Federico.

Hijo de músicos, niño prodigio, Nino Rinaldi -su verdadero nombre- debutó a los ocho años de edad como pianista y a los 12 como compositor, cuando se estrenó en su natal Milán y en París su opus uno, el oratorio L'infanzia di San Giovanni Battista.

Antes de conocer a Fellini escribió numerosos ballets, algunos de ellos para otro genio: Maurice Béjart, y muchas óperas. Luego escribió música para obras maestras de Luchino Visconti, Franco Zefirelli y Mario Monicelli. El corpus de su obra integra cerca de dos centenares de partituras.

La novedad discográfica del momento reúne precisamente parte de esta música para salas de concierto. A iniciativa del director de orquesta Josep Pons, al frente de la Orquesta Ciudad de Granada, y del pianista Benedetto Lupo, tenemos en este disco estupendo tres de las obras más importantes de Nino Rota: su Suite sinfónica de ballet La strada, a partir de materiales que elaboró para ese filme; las Danzas sinfónicas de Il gattopardo y el fabuloso Concerto Soirée para piano y orquesta.

El buen humor, la expresión diáfana, el encabalgamiento de galopas formidables y la naturaleza dinámica y saltarina de la música de Nino Rota son elementos inconfundibles y entrañables.

Uno de los muchos clímax del genio rotiano se puede constatar en una de las obras maestras de Fellini: Ensayo de Orquesta (Prova d'Orchestra, 1978) en la que Rota hace girar con frenesí una galopa que llega al paroxismo. Una galopa como una paloma blanca que vuela hacia las alturas interiores de una cúpula romana para cantar a dúo y en cópula. En el ímpetu y la libertad que conlleva una galopa se puede sintetizar una cara del poliedro magnífico que cristaliza el arte de Rota, una estética invencible, un gozne lúbrico como una rótula de bailarina que gira, vuela, torna, tornea, se estira, se alarga, vuelve a rotar y nunca se rompe. Ni sube. No baja, Rota.

La música de Nino gira, trota, danza, alegre rota. Suena en los altavoces y el aire tiembla de alegría. Encabalgada en su rítmica de esferas y su límpido sentido del humor, la música de Nino ronda, rauda rima, roma, rasga, dribla y rota.

Pablo Espinosa

 
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