Usted está aquí: viernes 5 de agosto de 2005 Opinión CIUDAD PERDIDA

CIUDAD PERDIDA

Miguel Angel Velázquez

PRD-DF, vanidades y ambiciones desatadas

El peso de las encuestas

Errores y derecho a gobernar

HACE ALGUN tiempo, cuando en este espacio adelantábamos que la lucha política en el PRD no estaría ligada a la candidatura presidencial, sino a la del Distrito Federal, teníamos en cuenta que en el partido más representativo de la izquierda en el país al final nadie se atrevería a poner en riesgo la amplia posibilidad de triunfo que, cuando menos hoy, parecería un hecho, a juzgar por las encuestas.

La pregunta entonces era ¿qué tanto mal podría hacer la guerra sin cuartel que se desataría por la candidatura a la jefatura de Gobierno de la capital del país al proyecto nacional?

Los velos de esa incógnita han ido cayendo uno tras otro, para dar paso a una realidad en la que las vanidades y las ambiciones amenazan con destruir otro de los mitos que envuelven al PRD: la democracia.

Según la última encuesta de Mitofsky, cualquiera de los cuatro que buscan la candidatura perredista ganaría la contienda electoral a cualquiera de sus oponentes, de PRI o PAN, con margen indiscutible, aunque para ser más claros, Marcelo Ebrard podría alcanzar hasta 51 por ciento de la votación, es decir, entre 10 y 15 por ciento más que sus compañeros de partido.

Más allá de su ya muy criticada participación en el gobierno de Carlos Salinas, desde todos los flancos se ataca a Ebrard porque las mediciones de opinión lo ponen por encima de sus contrincantes, sean de su partido o de otros, según dicen sus correligionarios.

Y ese parece ser el motivo que ha llevado también al PAN a tomar la decisión de interponer una denuncia en contra del secretario de Desarrollo Social del Distrito Federal el lunes próximo, y será ese mismo día cuando militantes del PRD de la capital soliciten también su expulsión del sol azteca.

Pero si los encuestados han olvidado o perdonado el paso de Ebrard por las filas del salinismo, panistas y perredistas no desean hacerlo y menos aún su acercamiento a la CID y a Bortolini, error monumental con costos demasiado altos para el funcionario.

Entre los militantes que pretenden la candidatura existen razones de peso para impedir que Ebrard se inscriba en el proceso que lleve al sol azteca a definir a su candidato, sin lugar a dudas, pero también es cierto que lo mejor sería derrotarlo en las urnas, o en las encuestas, y no descalificarlo con métodos que debieron usarse para impedirle la entrada al partido.

Es casi seguro que el PRD triunfe en las elecciones de jefe de Gobierno esta vez, pero la pregunta que resulta urgente responder es si alguno de los que pretenden el poder puede asegurar, hasta donde sea posible y a partir de su trabajo, que ese organismo político seguirá gobernando en la ciudad después de su mandato.

Se sabe, cuando menos entre la gente del PRD, quién es quién en este episodio. De ahí que Pablo Gómez, Jesús Ortega y Armando Quintero, como hombres que crecieron en la lucha por la democracia desde la izquierda se sienten con el derecho de gobernar la ciudad.

De cualquier manera, a lo que ninguno tendría derecho es a destruir un proyecto que parece ir a favor de lo que ellos mismos defienden: la izquierda.

[email protected] * [email protected]

 
Compartir la nota:

Puede compartir la nota con otros lectores usando los servicios de del.icio.us, Fresqui y menéame, o puede conocer si existe algún blog que esté haciendo referencia a la misma a través de Technorati.