Usted está aquí: martes 19 de julio de 2005 Opinión Francisco Gutiérrez (1906-1945)

Teresa del Conde

Francisco Gutiérrez (1906-1945)

La obra de este pintor y grabador nacido en Oaxaca y fallecido en la ciudad de México, desde hace unos cuatro lustros, ha intrigado y provocado la admiración de varias personas vinculadas al campo artístico, lo que no quiere decir que todos los especialistas actuales en arte mexicano del siglo XX la conocieran con anterioridad, tampoco quienes nos antecedieron.

Hasta ahora no ha estado al alcance de la generalidad del público artístico, debido en buena medida a que la muerte temprana del autor fue precedida por periodos de reclusión por la enfermedad que padecía, probable secuela de una meningitis y de un trauma físico que lo dejó medio sordo desde la infancia.

Se habla también de que desarrolló un tumor cerebral unos 16 meses antes de su muerte, según una nota publicada en el periódico El Universal el 9 de febrero de 1944. El cabeceo reza: ''Exposición para ayudar a un gran artista mexicano. Pintores de diversa nacionalidad donaron obras cuyo valor, al ser vendidas, será entregado al pintor y grabador Francisco Gutiérrez".

Los extranjeros donantes no fueron muchos, pero entre ellos se encontraban Arturo Souto, Antonio Rodríguez Luna, Carlos Mérida, Enrique Climent, Pablo O'Higgins, Andrés Salgó y Ruano Yopis, el pintor taurino. Los mexicanos eran, o lo fueron al poco tiempo, crema y nata del ambiente artístico de entonces, además de que ''tirios y troyanos" conjuntamente donaron piezas para paliar la situación de su colega en desgracia, como puede entenderse citando a José Clemente Orozco, Rufino Tamayo, Juan O'Gorman, Jorge González Camarena, Raul Anguiano, Angelina Beloff (ya era mexicana entonces), María Izquierdo (con quien Gutiérrez comparte ciertas afinidades), Germán Cueto, Alfonso Michel, Juan Soriano y Rosario Cabrera, entre otros. Diego y Frida no donaron, cosa que llama la atención.

Durante la ceremonia, especifica la nota, ''se hizo patente la estimación y admiración que sienten todos los pintores y poetas por Francisco Gutiérrez y el alto valor en que estiman su contribución al arte de México".

Se reunieron entonces más de 100 obras que se exhibieron en la galería Decoración, ubicada en la calle Venustiano Carranza. Ese recinto había auspiciado antes exposiciones de Gutiérrez, era muy visitada por el público conocedor y su dueño, Eduardo Méndez, ejercía funciones de mecenazgo. En la nota no se especifica la enfermedad del oaxaqueño, pero en otro artículo breve de Margarita Nelken, aparecido con motivo de una exposición póstuma que tuvo lugar en marzo de 1960, se habla de un tumor cerebral.

Ahora el Museo Nacional de Arte (Munal) ofrece una muestra casi exhaustiva de Francisco Gutiérrez, que fue antecedida por una selección algo más reducida presentada en el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, de donde partió la iniciativa de organizarla.

Esta moción se inició hace algo más de cinco años y contó con un arduo trabajo de investigación de, entre otras personas, María Estela Duarte. La sobrina ahijada del artista, Abigail, gracias a quien se conservaron buena parte de las colecciones, que después han ido pasando a otras manos, además de cartas de Gutiérrez, siempre se ha mostrado dispuesta a colaborar con los que nos hemos dado a la tarea de investigarlo. Ella ha hecho donaciones importantes a acervos de Oaxaca, de obras de su tío.

Su obra debe verse en el contexto nacional del que surgió y el Munal ofrece magnífica oportunidad de hacerlo, pues el recorrido de sus salas permanentes permite contrastar la vigencia arquetípica de la Escuela Mexicana, con las modalidades de Gutiérrez que es un artista sincrético, parecería un griego cruzado con Tehuantepec y dotado de remanentes cubistas y poscubistas. A veces es medio fauve, pero un fauve delicado si es que eso puede decirse sin incurrir en grave contradicción. No lo es tanto si pensamos, por ejemplo, en Matisse.

La colaboración de los numerosos coleccionistas que a partir de los años 80 han atesorado sus obras, ha sido indispensable, pues no es mucho lo que existe de Gutiérrez en colecciones públicas, sean del Estado que de los museos privados.

 
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