El
festejo de nuestra identidad
Por
Sandalo Gálvez
Cuando la lluvia comenzó a caer en el Zócalo no podía
dejar de pensar en las osadas que caminaban en minifalda o en los que,
de plano, iban desnudos. ¿Adónde habrán corrido? Como
cada marcha, disfrutamos del obligado desfile de tacones, la competencia
de maquillaje, el festival de torsos y disfraces, y el coro de gritos de
guerra y de fiesta. Una sensación liberadora que me recuerda mi
primera marcha, hace ya algunos años, vista desde la banqueta de
la calle de Madero. Porque primero la vi desde fuera. Hasta que me dejé convencer
por los gritos de “banquetera, únete”.
Este año, mientras caminábamos por Reforma me topé con
una pareja gay adolescente. Un chavito de 14 y el otro de 15 años,
los dos con uniforme de secundaria y ávidos de hacerse visibles,
de sentirse parte de un grupo (muy numeroso por cierto). A la menor provocación
se besaban, en honor de cuanta cámara los solicitó. Como
ellos, vi a decenas. No. Cientos o miles. Orgullosos de formar parte de
la fiesta. Y también a muchas “banqueteras”, que nos
miraban pasar con sorpresa, azoro o complicidad. Muchas y muchos solidarios,
felices de vernos en la calle otra vez (“no que no, sí que
sí, ya volvimos a salir”), además de los que comparten
la diferencia pero prefieren la discreción. Todas y todos bienvenidos.
La marcha también tiene su lado político, de demandas que
es necesario se cumplan, si es que queremos que nos reconozcan los derechos
que nos pertenecen. Indignación ante lo imperdonable: la violencia,
la muerte que sigue flotando como amenaza para el que se atreve a mostrar
una identidad sexual distinta. Al lado de la fiesta, de la música
y el baile, caminó la protesta convertida en pancartas y consignas. “Ya
basta de crímenes de odio”, “La homosexualidad no es
el problema, la homofobia sí”. Para muchos jóvenes
gays y lesbianas es la mejor manera de acercarse a la lucha por nuestros
derechos. Nada de solemnidad. El desmadre también es una manera
de exigir y de pelear.
En el grupo de Jóvenes Gays y Lesbianas de Letra S, la celebración
comenzó días antes, desde que planeamos qué pancartas
llevar, qué leyenda poner en las camisetas que portamos ese día.
En fin, todos los preparativos para formar nuestro contingente y mostrar
que el trabajo que realizamos, cada sábado, entre chavos y con
nuestros padres es la mejor manera de vencer la ignorancia, la violencia
y el miedo.
Cuentas con nosotros, cuenta conmigo.
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Jóvenes
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Cruz Atoyac. |