Usted está aquí: sábado 2 de julio de 2005 Opinión Los primos perversos de E.T.

Leonardo García Tsao

Los primos perversos de E.T.

En relación a mi artículo de la semana pasada, puede decirse que una tercera opción se ha añadido al acaparamiento de la cartelera por blockbusters hollywoodenses: Guerra de los mundos. Lo extraño es que tanto esta como Batman inicia, ofrecen un entretenimiento más sombrío que el común de los estrenos de verano.

Adaptada de la novela homónima de H.G: Wells, que a su vez inspiró la célebre radionovela de Orson Welles, causante de un fenómeno de histeria colectiva en 1938, y la colorida película de Byron Haskin de 1953, la versión moderna de Steven Spielberg confirma que el realizador es preferible cuando expresa estados de ansiedad y no buenos sentimientos bañados en cursilería.

La acción -como la adaptación de Welles- se sitúa en Nueva Jersey: el obrero Ray Ferrier (Tom Cruise, con su habitual intensidad dianética) se dispone a cuidar de mala gana a sus hijos, el resentido adolescente Robbie (Justin Chatwin) y la neurótica niña Rachel (la enana Dakota Fanning), cuando su ex esposa (Miranda Otto) se va de fin de semana con su nueva pareja. Una misteriosa tormenta eléctrica, que corta cualquier forma de energía, es el preludio a la catástrofe: enormes naves sostenidas en trípodes surgen de debajo de la tierra y proceden a desintegrar con sus rayos a cuanto ser humano se atraviesa en su camino. Ray logra echar a andar una camioneta, usándola para huir con su familia de la amenaza. Sin embargo, ese ataque extraterrestre ha ocurrido en otras partes del país y del mundo.

El argumento es tan trillado como el cha-cha-cha de los marcianos. Los años 50, con su paranoia de la Guerra Fría y el holocausto nuclear, dieron pie a un sinnúmero de cintas B sobre invasiones marcianas y platillos voladores hostiles. En fechas más recientes, churros como Día de la independencia, de Roland Emmerich, intentaron actualizar la fórmula con la nueva tecnología. Spielberg es más inteligente que Emmerich (bueno, cualquiera lo es) y se aparta de algunos lugares comunes del subgénero.

En Guerra de los mundos el ataque es visto desde la perspectiva ordinaria de Ray. No hay aquí escenas de cómo reaccionan las autoridades, o de destrucción de las grandes ciudades; asimismo las actividades militares y de los medios se reducen a un plan secundario porque a Spielberg le interesa enfocar la experiencia del hombre común, como lo hizo en Encuentros cercanos del tercer tipo, sólo que con un signo contrario. La llegada de estos extraterrestres no viene precedida de luces que cantan u otras manifestaciones juguetonas. Lo que el protagonista atestigua no es el encuentro pacífico de dos especies, sino el intento de exterminio de una contra la otra.

Desde luego, Guerra de los mundos responde a la nueva paranoia. "¿Son terroristas?" pregunta Rachel ante la primera ofensiva y es evidente que la película es, en parte, una reacción a los hechos del 11 de septiembre. Las imágenes tomadas de los noticieros -la gente en éxodo masivo, cubierta de polvo y cenizas, los avisos de búsqueda de familiares, los esfuerzos vanos de policías y bomberos- ya se han añadido a la iconografía cinematográfica del desastre.

Ayudado por la cámara en constante movimiento de Janusz Kaminski y sus colores deslavados, el cineasta opta por un enfoque de inmediato realismo, realzado por esos momentos inspirados -un tren en llamas que atraviesa una estación como un fantasma, el vuelo de las prendas usadas segundos antes por sus desintegrados propietarios- que recuerdan la inventiva visual del mejor Spielberg. Nunca antes su visión del futuro había alcanzado un tono apocalíptico. Y nunca antes se había alejado tanto del toque sensiblero (hasta la partitura de John Williams es de una rara sobriedad y mesura). Esa imagen de la especie humana escapando de los extraterrestres, como insectos ante un exterminador, es sin duda estremecedora.

Pero Spielberg sigue siendo Spielberg. De alguna manera, la película se desinfla en su parte final. Incapaz de sugerir una resonancia mayor, el realizador se conforma con repetir textualmente el final anticlimático de la novela de Wells y escenificar otra reunión familiar en la cual el otrora irresponsable Ray se habrá reivindicado ante sus hijos. Ciertamente, el concepto de una potencia que minimiza al enemigo y procede a aniquilarlo con su superioridad tecnológica sólo para ser vencida por un elemento imprevisto, hubiera servido para otra analogía actual, mucho más incisiva.

GUERRA DE LOS MUNDOS

(War of the Worlds)

D: Steven Spielberg/ G: Josh Friedman, David Koepp, basado en la novela de H.G. Wells/ F. en C: Janusz Kaminski/ M: John Williams/ Ed: Michael Kahn/ I: Tom Cruise, Dakota Fanning, Miranda Otto, Justin Chatwin, Tim Robbins/ P: Amblin Entertainment, Cruise-Wagner para DreamWorks. EU, 2005.

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