Usted está aquí: sábado 2 de julio de 2005 Opinión Don Quijote y la física moderna

José Cueli

Don Quijote y la física moderna

En el sentido filosófico y literario, María Zambrano define la novela de la siguiente manera: ''Si la tragedia es hija del conflicto entre los dioses y las leyes primeras, la novela es hija del conflicto entre la conciencia, el cuento ya puramente humano". Mas el hombre nunca se resignó a renunciar al paraíso. Por tanto, la novela sería el género que más se acerca a lo humano.

Si tras la expulsión del paraíso y permaneciendo en condición de humanos (que no de dioses), la novela, tan cercana a lo humano, lógicamente iba a desplegarse, a decir de Zambrano, en la fría claridad de la conciencia.

Y así El Quijote muestra huellas cartesianas. Sin embargo, no se resigna a su destino y se inventa, se escribe y se sueña a sí mismo. Por tanto, la máxima ambigüedad humana se encuentra recogida en la novela y oculta para la filosofía; la ambigua acción de inventarse a sí mismo. En ella el hombre se confunde con su sueño. Exquisitez cervantina para plasmar la ambigüedad. Traspaso del tiempo, permutación de espacios que recuerdan algunos postulados de la física moderna.

Con ello me refiero a las leyes con respecto a los agujeros negros que plantean que el espacio vacío está lleno de pares virtuales de partículas y antipartículas. Ellas se crean juntas, se separan, y cuando vuelven a juntarse se aniquilan. En presencia de un agujero negro, uno de los componentes de un par virtual puede caer en el agujero y convertirse en una partícula real. El otro puede escapar de las cercanías del agujero negro.

A su vez, los agujeros de gusano podrían ser capaces de proporcionar un atajo para saltar entre dos regiones distantes de un espacio-tiempo casi plano. Genialidades de Hawking comparables a la genialidad plasmada en Proyecto de una sicología para neurólogos y articulada con el Block maravilloso, donde describe el funcionamiento del aparato síquico.

En el abrirse-paso entre representaciones síquicas, Freud piensa al mismo tiempo la fuerza y el lugar. El pensamiento de la diferencia no puede prescindir de una tópica ni aceptar las representaciones corrientes del espaciamiento, que se dificulta cuando hay que expresar las diferencias puras por excelencia.

De esta audacia surge una dificultad inaudita. Una permeabilidad y un abrirse paso entre representaciones que no proceden de ninguna cantidad. ¿De dónde pues? He aquí la genialidad freudiana: del tiempo puro, de la temporalización pura en lo que la une al espaciamiento de la periodicidad. Sólo el recurso de una temporalidad discontinua o periódica permite resolver tal dificultad.

Así, en Cervantes, mientras en el mundo de la fábula y la fantasía el hombre interviene en un tiempo, asimismo actúa en un tiempo que traspasa cual viajero a través de uno de los agujeros de gusano de Hawking, Don Quijote juega a inventarse a sí mismo, a identificarse con su ensueño y se vislumbra como enajenado por querer ser él mismo, adueñarse de su propia ambigüedad.

Según Zambrano, su esperanza se resuelve en el delirio. Si el hombre consigue soñar e inventarse a sí mismo, ¿habrá conseguido entonces la conquista de su ambigüedad?

Nuestra filósofa piensa que si se logra este intento, la novela (y yo agregaría que la vida misma) no comportará una condenación sino que será el punto en que coincidan filosofía y poesía. Si las cosas son tales, ¿no podrá ser entonces el espacio sicoanalítico y la vida en general un espacio-tiempo delirante y poético?

 
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