Usted está aquí: domingo 19 de junio de 2005 Opinión Batman inicia

Carlos Bonfil

Batman inicia

Ampliar la imagen El personaje m�oscuro de la cultura popular estadunidense

"Tu ira te da un gran poder; tu compasión es una debilidad". El archimillonario Bruce Wayne (Christian Bale) escucha estas palabras en el viaje de iniciación que emprende a Oriente para comprender el significado profundo de la violencia. En su infancia, el protagonista fue testigo del crimen que acabó con la vida de sus padres, y durante más de 20 años el heredero del imperio familiar ha cavilado sobre cómo ejercer su venganza contra las fuerzas del crimen que dominan a Ciudad Gótica.

En Oriente, en un territorio nevado, Wayne recibe de su maestro Henri Ducard (Liam Neeson) y de Ra's Al Jul (Ken Watanabe), jefe de la Liga de las Sombras -organización ninja que promueve el equilibrio del orden mundial mediante la violencia radical-, la enseñanza de un credo fascista que termina rechazando. Luego de su travesía filosófica, el joven regresa a su ciudad y decide combatir al hampa infundiendo el miedo que él mismo ha padecido desde su infancia, desde su traumático encuentro con murciélagos, y asumiendo por vías de un alter ego (Batman, el hombre murciélago), la personalidad, atuendo, parafernalia y habilidad de un héroe reparador de injusticias, de perfil casi fantástico. "No hay nada que temer, excepto el miedo", esa vieja proclama política de Roosevelt se convierte en credo del más oscuro personaje de la cultura popular estadunidense.

El director británico Christopher Nolan (Amnesia, Insomnia), emprende en Batman inicia (Batman begins) no una revisión exhaustiva del personaje mítico y villanos que lo acosan, sino un retorno a sus orígenes, a menudo soslayados por las producciones anteriores, interesadas primordialmente en imponer una visión paródica, a la postre fallida (Joel Schumacher y sus Batman eternamente (1995) y Batman y Robin (1997), o una delirante estética gótica con grotescos personajes roba pantalla, El Guasón (Jack Nicholson), El Pingüino (Danny de Vito), en Batman (1989) y Batman regresa (1992).

Nolan acude al personaje original que Bob Kane crea en 1939 y se inspira en las tiras cómicas de Frank Miller con el propósito de restituir el lado oscuro del personaje con una exploración cercana al sicoanálisis. El miedo infantil, reconocido y sublimado, y en última instancia recuperado para la tarea de saneamiento que acabará con los delincuentes que tiranizan a Ciudad Gótica, es uno de los aspectos que interesan al cineasta. Otro, la evocación, un tanto artificiosa, de las fuerzas del mal (mafia urbana y corrupción científica aliadas para aniquilar a la población con gases químicos) como variantes apenas disimuladas de los villanos internacionales creados y magnificados hoy por la ultraderecha política.

No es necesario ser un fan de la serie Batman -en cine, en televisión, en comics-, para apreciar las aportaciones de Christopher Nolan: privilegia la complejidad sicológica del hombre murciélago sobre aquellos personajes maléficos que antes favorecían la caricatura y el regodeo en lo espectacular y lo grotesco; reactiva la narración dramática mediante del thriller y el recurso a un humorismo fino, cuyo mejor exponente es el mayordomo Alfred (un Michael Caine realmente notable), y rediseña digitalmente la ciudad de Chicago y su arquitectura sofisticada, para enfatizar el aspecto futurista de una Ciudad Gótica, antes remedo tremendista del Bronx neoyorquino. El realizador de Amnesia está más cerca aquí de Metrópolis (Fritz Lang, 1926) que de La fortaleza del vicio (New Jack City, Van Peebles, 1991).

Habrá que lamentar, con todo, las concesiones al cine hollywoodense de mayor impacto en taquilla, esa retórica extraída de La guerra de las galaxias, en la que sólo falta ya un: "Que la fuerza te acompañe", en boca de Liam Neeson, o el recurso al mecanismo de una apoteosis visual, con persecuciones, deflagraciones y un encarnizamiento destructor que posiblemente busca seducir a un público juvenil adicto al videojuego. El sector interesado en aventuras románticas queda en cambio defraudado por un personaje tan desdibujado como el de Rachel Dawes (Katie Holmes), compañera de infancia de Wayne, pues la posible pareja romántica alcanza vuelos muy modestos al lado del combate interior de Batman con sus fantasmas de infancia y con el mal que se cierne sobre su Ciudad Gótica.

Estas limitaciones apenas importan en el conjunto de la propuesta del director británico, en su lectura muy personal e inteligente del hombre murciélago y sus fobias predilectas. Hay en Batman inicia dos atractivos más, la siempre sugerente fotografía de Wally Pfister y la música del alemán Hans Zimmer, a la altura de la pista sonora de Danny Elfman en el Batman de Tim Burton.

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