Usted está aquí: domingo 19 de junio de 2005 Opinión Alegría y pena

Angeles González Gamio

Alegría y pena

Ya hemos manifestado nuestra admiración y deleite al recorrer el renovado Paseo de la Reforma, con su flamante pavimento dorado, floreadas jardineras y pequeñas bancas modernas, además de las de siempre de piedra, que originalmente estuvieron en el Zócalo. Uno de los aspectos que hemos destacado son las flores multicolores que adornan el tramo que va de la fuente de Petróleos a la Torre Mayor, y recientemente la Secretaría de Cultura del DF inauguró, en las rejas de Chapultepec -convertida desde hace varios años en la galería más grande de México- la exposición Odisea marina, que muestra enormes y coloridas fotografías del mundo submarino de los mares de México y el mundo. Las imágenes son de Manuel Lazcano y los textos de Los Amigos de Sian Ka'an, especialistas de nuestro país en biología marina.

Resulta impactante la belleza de las figuras y colores de la flora y fauna marinas, la diversidad de formas de vida y el amplio espectro, que va de lo microscópico a lo gigantesco. Resulta admirable el ojo del fotógrafo, que increíblemente convierte a distintas clases de tiburones en imágenes de enorme belleza y plasticidad.

Hay una fotografía de una ballena jorobada, animal que se imagina feo y terrible, en la que el cetáceo parece estar volando en el agua con infinita gracia, en una impresionante gama de azules. Lo mismo puede decirse de la que muestra de tiburones martillo en una especie de ballet; todo esto provoca alegría. La pena viene cuando se continúa avanzando por Paseo de la Reforma hacia el Centro Histórico y se advierte que los ya de por sí discutibles prismas que colocaron en el camellón central, llevan meses con las jardineras en total incuria, demeritando la costosa remodelación que se hizo apenas hace dos años.

¿Qué nos pasa que hacemos obras magníficas y las abandonamos? Sin mantenimiento, es ocioso invertir en obra pública. De las labores mas económicas y fáciles es la conservación de jardineras y áreas verdes, particularmente en esta ciudad, donde tenemos un clima privilegiado todo el año, que sólo pide un poco de agua y algo de cuidado.

Recordemos algunos datos del imponente paseo que construyó el emperador Maximiliano para llegar con rapidez al castillo de Chapultepec, donde estableció su residencia. La ruta, de 12 kilómetros, se iniciaba en la glorieta de El Caballito; el breve periodo que gobernó el austriaco sólo le permitió terminar una austera calzada. Durante el gobierno del presidente Lerdo de Tejada la avenida se amplió, añadiéndole a los lados generosos espacios que se cubrieron de árboles y jardines. Esto dio a la avenida un aspecto majestuoso, que llevó a las familias más pudientes a edificar grandes mansiones. Aquí cabe mencionar que a los dueños de esos predios se les condonaron varios años de impuesto predial, a condición de que cedieran parte del frente para realizar los amplios camellones jardinados.

Este desarrollo alcanzó su plenitud a lo largo del porfiriato, cuando se construyeron el monumento a Cristóbal Colón, el de Cuauhtémoc y la columna de la Independencia, ahora conocida como El Angel. A fines del siglo XIX se colocaron dos estatuas por cada estado de la República, de sus hombres más ilustres. Muy polémica fue la instalación, al inicio del paseo, de las dos colosales esculturas de bronce conocidas popularmente como los Indios Verdes.

En la década de los cuarenta del siglo XX se realizó la fuente de la Diana Cazadora, que ha sido cambiada de lugar en dos ocasiones, al igual que el monumento a Cuauhtémoc, que realizó Miguel Noreña y fue colocado en 1887. Sesenta años más tarde se movió unos metros y el año pasado, tras una buena restaurada que le devolvió el lustre y los colores, fue devuelto a su lugar original.

Ya que estamos recorriendo la majestuosa avenida hay que aprovechar para comer en La Lanterna, ubicado en el número 458, encantador rincón de Piemonte, Italia, que fundó la familia Petterino hace 39 años y que sigue ofreciendo deliciosa comida de la región, ahora con los hijos, que han continuado con el buen servicio y las recetas tradicionales, como la ensalada de alcachofas crudas, que es extraordinaria. También han introducido especialidades piemontesas, como el tallarín a la mantequilla y salvia, y el filete príncipe, bañado con salsa napolitana y gratinado con queso.

Hoy olvídese de la dieta, pues de postre hay que probar la cassata, que es un helado de sabores con una capa de crema chantilly y frutas cristalizadas. Lo ideal es acompañar las viandas con el vino de la casa, que traen de su pueblo, Giattinara, famoso por sus viñedos.

[email protected]

 
Compartir la nota:

Puede compartir la nota con otros lectores usando los servicios de del.icio.us, Fresqui y menéame, o puede conocer si existe algún blog que esté haciendo referencia a la misma a través de Technorati.