Usted está aquí: lunes 13 de junio de 2005 Opinión Los mitos de las remesas

Jorge Santibáñez Romellón*

Los mitos de las remesas

Hace unos días, el Banco de México anunció el incremento en el monto de las remesas de los mexicanos desde Estados Unidos. Durante 2004 se recibieron, según esa fuente, más de 16 mil millones de dólares. Estas astronómicas cantidades nos han llevado a cometer varios errores, entre ellos asignar a las remesas un papel que no pueden jugar, presentándolas incluso como indicadores de éxito, cuando en realidad demuestran una dependencia creciente de recursos que vienen del exterior, enviados por mexicanos que en su mayoría no encontraron las condiciones para quedarse en México con los suyos.

La comparación de estas cifras con los ingresos por petróleo o por turismo, por ejemplo, es totalmente improcedente, toda vez que éstos se insertan en las finanzas públicas o en el sistema productivo, mientras las remesas son esencialmente el salario de un hogar que está en un espacio ubicado en México y el trabajo de donde se deriva el ingreso salarial se encuentra en Estados Unidos. La cifra misma es cuestionable, ya que lo que el Banco de México reporta como remesas familiares son todas transacciones de particular a particular, de un país al otro, y las empresas que se encargan de transferir esos recursos sólo están obligadas a reportar el monto total y el número de transacciones, así como su distribución estatal.

Por tanto, decir que todas esas transacciones son remesas que van a los hogares es inexacto y genera confusiones; dentro de ese dinero se encuentra una cantidad importante que corresponde a recursos asociados al desarrollo de micronegocios binacionales o bien se considera que puede tener procedencia ilícita. De hecho, las encuestas del INEGI en hogares y otras fuentes estiman que la cantidad recibida realmente en los hogares es poco más de la mitad de la reportada por el Banco de México. No quiere decirse que el Banco de México mienta, simple y sencillamente que se ampara en conceptos construidos en torno a la balanza de pagos, y no al proceso migratorio.

A pesar de lo anterior, no podemos ignorar o menospreciar su importancia. Las remesas son fundamentales para el sostenimiento de poco más de un millón de hogares en México; ése es su destino más importante, hacer frente a los gastos del hogar, de la educación y atención médica de los familiares que se quedan en México; comprar o mejorar la vivienda que habitan. Un pequeño porcentaje, de alrededor de 5 por ciento se destina al ahorro o a la inversión en pequeños negocios. Es este pequeño porcentaje el que acaso podría aprovecharse mejor y las vías para hacerlo son esencialmente dos.

Por un lado, podría utilizarse para desarrollar las capacidades productivas, individuales o colectivas, de los hogares que reciben esas remesas, ya que el hecho de contar con algunos recursos no los hace automáticamente empresarios. Para ello es necesario capacitarlos y crear programas que den acceso a créditos, permitan desarrollar los eventuales negocios o bien transformar esa capacidad de ahorro en inversión productiva. Por otra parte se encuentran las llamadas remesas colectivas que las organizaciones de emigrantes mexicanos juntan y envían a México, por lo general para obras de carácter social en sus lugares de origen.

Estas últimas remesas han encontrado en el programa Tres por Uno un espacio importante de apoyo que transforma cada dólar que el emigrante envía en tres dólares más que aportan respectivamente la Federación, el estado y los municipios. Por el momento, la cantidad captada por el programa es relativamente modesta, casi 15 millones de dólares, y sería bueno analizar hasta dónde pueden crecer, ya que resulta evidente que si realmente llegan a México los 16 mil millones de dólares que el Banco de México declara que recibimos, y si desarrollamos estrategias para capitalizar el 5 por ciento que estas remesas tienen de capacidad de ahorro, estaríamos hablando de que el programa podría captar cerca de mil millones de dólares. ¿Cree usted que Federación, estados y municipios pueden aportar los otros 3 mil millones de dólares?, ¿los clubes y las asociaciones de emigrantes tienen la capacidad para manejar de manera transparente esa cantidad de recursos?

Por supuesto que las remesas son importantes; es igualmente cierto que contribuyen al desarrollo y sin duda tienen un potencial de inversión y obra social. Pero no es responsable pensar que ése es el caso de los 16 mil millones de dólares que dice el Banco de México que recibimos por ese concepto. Es importante apoyar y garantizar la continuidad de programas que aprovechen ese porcentaje de ahorro e inversión, como es el Tres por Uno, pero hay que hacerlo desde una perspectiva realista y no con cuentas alegres.

*Presidente de El Colegio de la Frontera Norte

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