Usted está aquí: martes 7 de junio de 2005 Sociedad y Justicia Defiende el gobierno proyecto de Chevron Texaco en islas Coronado

Una empresa que arriesga millones no puede tener errores, justifica funcionario

Defiende el gobierno proyecto de Chevron Texaco en islas Coronado

ANGELICA ENCISO L.

Ampliar la imagen El director general de Impacto Ambiental asegura que la empresa evitar�fectar a las islas Coronado FOTO Fabrizio Le�

En las islas Coronado, Baja California, donde hay al menos 12 especies de fauna amenazadas o en riesgo de extinción, se autorizó el estudio de impacto ambiental general para la construcción de la plataforma de gas natural de Chevron Texaco, pese a que los análisis para mitigar eventuales daños no han concluido.

Los beneficios socioeconómicos prometidos por el proyecto son inciertos y "sería un grave riesgo para la soberanía nacional, al entregarse una parte del territorio nacional a una compañía extranjera en una zona fronteriza y cerca de una base estadunidense con embarcaciones y armas nucleares; sería una infraestructura estratégica para Estados Unidos", señalan grupos ambientalistas.

Las organizaciones Grupo de Ecología y Conservación de Islas, Greenpeace y el Comité Estatal de Baja California argumentan que el proyecto, entre otros, afectará a las aves, como el mérgulo de Xantus, incluida en la norma 059 en la categoría de riesgo de extinción y que además forma parte de la Lista roja de especies amenazadas de la Unión Mundial de Conservación.

El proyecto, que contará con una inversión de 650 millones de dólares, está considerado entre las islas Coronado y la tierra continental -a 13 kilómetros de la costa de Tijuana, en la frontera con Estados Unidos, y a 600 metros de la isla del sur-; se establecerá la plataforma de regasificación, con extensión de 300 metros y altura de 50 metros, 30 de los cuales estarán dentro del mar, y habrá 115 empleos permanentes, explica un estudio sobre los efectos de la terminal en la islas Coronado realizado por los especialistas Alfonso Aguirre y Keitt Bradford.

Indican que las repercusiones a la ecología no sólo serán en la operación del proyecto, sino también en su construcción, ya que se ocasionarán disturbios ambientales, habrá descargas de petróleo y cuando la planta trabaje se verterán más de 700 mil litros de agua clorada al día.

Las organizaciones recurrieron a la Comisión de Cooperación Ambiental de América del Norte para documentar que en este caso el gobierno mexicano incumplió con la aplicación de la legislación ambiental y hay irregularidades en la autorización de la manifestación de impacto ambiental (MIA).

En su petición sostienen que en un análisis de la resolución de la MIA, en la que la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental autorizó el proyecto denominado terminal gas natural licuado mar adentro de Baja California, se encontraron graves inconsistencias de la autoridad.

En el documento las organizaciones señalan que en la MIA no se consideró lo relacionado "con el principio precautorio y la no justificación de la ubicación del proyecto"; no analiza el riesgo de un incendio con enormes proporciones a partir de una fuga de gas natural; la evaluación se centra en la isla Coronado sur sin considerar que el riesgo es para todo el archipiélago; tampoco se tomó en cuenta que el Congreso de la Unión publicó el 23 de julio de 2003 un exhorto al Ejecutivo federal para proteger las islas; no se evaluaron las consecuencias de la construcción y operación de la planta por su cercanía con las islas.

Aguirre y Brandford estiman que las luces que se utilicen en la planta podrían afectar las colonias de aves, ya que les pueden distraer y afectar sus actividades normales, además de que las hace más sensibles a los depredadores.

Frente a todos estos cuestionamientos, el director general de Impacto Ambiental, Ricardo Juárez Palacios, coincide en entrevista en que existen especies de alto valor ambiental, pero "sólo están representadas en las islas del norte y en la de enmedio, pero no en la del sur, porque ésta sirvió como albergue de un gran casino que operaba gente de Estados Unidos; se introdujeron aves, gatos, perros y otros animales, los cuales se han ido sacando, y se busca restablecer la flora y fauna original".

Con la autorización de la MIA, la Secretaría de Medio Ambiente impuso medidas a la empresa. Le pidió la creación de un programa de compensación entre Chevron y la Comisión Nacional de Areas Naturales Protegidas (Conanp) para que islas Coronado sea un área natural protegida; la empresa se comprometió a financiar durante la vida útil del proyecto la restauración ambiental y la recuperación de las poblaciones.

Juárez Palacios precisa que se prevé que en 2008 concluya la construcción del proyecto, y mientras ello ocurre la empresa deberá cubrir los compromisos que ha asumido tras la autorización general de la MIA. Explica que también debe impulsar los programas de calidad -el cual considera los mecanismos para evitar que el proyecto afecte el comportamiento de las aves- y de respuesta ambientales.

Juárez Palacios sostiene que para dar seguimiento a estas medidas se pidió a Chevron Texaco la contratación de una institución de alto nivel académico que cuente con la autoridad moral para verificar las acciones.

Indica que se evaluará el tipo de luz y color que se utilizará en las instalaciones para evitar molestias a las aves: "los biólogos sabemos que no todas las luces causan disturbios en ellas, al menos no en la misma intensidad". En relación con el ruido, asevera que el sonido del mar alcanza hasta 55 decibeles y la operación de la planta generará sonidos de 60 decibeles; en la fase de construcción habrá ruidos que serán altos, pero será algo momentáneo.

Indica que la empresa no ha comenzado la construcción porque debe resolver aún aspectos ambientales, pero la Secretaría de Comunicaciones y Transportes ya dio la autorización de uso de suelo marino y para el movimiento de las embarcaciones. "Hay aspectos pendientes de cumplir, como el trabajo con la Conanp, y antes de empezar a construir se debe cumplir con todo", agrega.

Resalta que otra preocupación de las organizaciones es una explosión de la plataforma, a lo cual argumenta que "una explosión de gas natural en un medio abierto como el mar es casi imposible que se dé, porque el gas es más ligero que el aire, cuando escapa sube a las partes altas de la atmósfera".

Considera que una "empresa que viene a arriesgar millones de dólares no puede tener errores conceptuales en su proyecto". En cuanto al uso de agua clorada que se vertería al mar, refiere que "el agua de mar es la sustancia amortiguadora por excelencia, y donde se dieran las descargas no quedarían rastros".

 
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