Usted está aquí: martes 7 de junio de 2005 Opinión La disyuntiva

Marco Rascón

La disyuntiva

Según las últimas encuestas publicadas la semana pasada, no sólo López Obrador le ganaría a Santiago Creel y Roberto Madrazo, sino también Cuauhtémoc Cárdenas.

Bajo esos datos de las encuestas, erigidas como el criterio supremo del futuro político, la disyuntiva central no es López Obrador-Madrazo-Creel, sino Cárdenas-López Obrador, representando dos alternativas de nación, frente a la debacle del viejo régimen, convertido en gran obstáculo nacional o la frustración de cambios en el país.

Las encuestas publicadas, salvo las de Mitofsky, de orientación camacho-salinista, o las que diseña el Doctor Simi, ponen en los extremos de Madrazo y Creel a López Obrador por arriba y Cárdenas por abajo, pero que juntos sumarían más de 50 por ciento, ganando no sólo la presidencial, sino integrando una nueva mayoría.

Por ello el problema central se encuentra en el debate sobre ambos proyectos para el futuro nacional y no en la fuerza del aparato priísta y las frivolidades del panismo.

La disyuntiva Cárdenas-López Obrador, siendo la central, tiene que ver con las formas de hacer política, las alianzas abiertas, la forma de integrar sectores y las formas en que enfrentarían el modelo neoliberal y el proceso de integración con América del Norte.

Tiene que ver con la visión sobre el mundo; con la realidad más cercana latinoamericana, hasta la que viene de lejos, pero que por nuestra ubicación geoeconómica y política tiene gran importancia, como la Unión Europea, la de Asia y en particular de China.

En ese sentido el bloque de extracción salinista-zedillista, con ribetes de actuación del viejo priísmo, que ahora por desmemoria se presenta como actuación "de izquierda" tras la figura de Andrés Manuel López Obrador, ha ido marcando el diseño de su oferta política, la cual no ha pasado por el cernidor del debate, sino por la imposición desde arriba en el contexto de la lucha civil en defensa del fuero de la clase política.

Para el lopezobradorismo fue fundamental tomar control absoluto del PRD, partido al que presidió y en el que estimuló no sólo la estructura de tribus, sino a las peores, y con las cuales compartió el ascenso a jefe de Gobierno del Distrito Federal. El control desde el gobierno le permitió subordinar por completo al partido en el esquema del viejo presidencialismo y por ello ahora elabora las listas de candidatos a todas las posiciones.

En lo ideológico este pragmatismo le hace minimizar el paso a definirse como hombre de izquierda, cuando se requiere el respaldo de esa corriente histórica, y luego definirse como personaje de "centro moderado" para atemperar sus posiciones y ofrecer a los centros de poder nacional y trasnacional que no se fijen en la forma del discurso en la plaza, sino en lo que se hace como gobierno y dónde se integra la política social y económica para beneficio de los más ricos con factura de izquierda. Por ello se ha levantado la bandera del "centro", como política de cambio "sin rupturas", consumado con el arreglo previo y posterior al 24 de abril.

Para el neocardenismo, con su raíz histórica, con la cual se estableció una alianza con los segmentos de la izquierda marxista, socialista y comunista, su fuerza está en lo conceptual e histórico, donde los supuestos defectos que han sido parte de la ofensiva palaciega contra Cárdenas se han convertido en la esencia de una política de largo plazo, no sólo para ganar la Presidencia, sino para construir una mayoría política que sustituya de fondo al viejo régimen. Por ello, en el balance público e histórico Cuauhtémoc aporta e integra de manera consistente y debe estar en las boletas de 2006.

Cuauhtémoc Cárdenas mantiene su propuesta como responsabilidad histórica frente a los objetivos que se propusieron su padre, él y las generaciones de luchadores no sólo por tomar y llegar al poder, sino por levantar y unificar al país en torno a un destino histórico, marcado por los deseos de independencia.

Errores en ese trayecto hay muchos, pero no traiciones ni usos ni abusos ni persecuciones, sino el reparto de las responsabilidades de cada actor y cada ciudadano, que al final es un llamado a todos a ser activos y parte de la historia de los hechos y las decisiones.

El PRD, para resolver esta disyuntiva, carece de autoridad política y ética, luego de las continuas violaciones y simulaciones a su legalidad interna y su vocación de fraude. La izquierda sólo puede elegir un candidato para 2006 mediante el debate, la unidad conceptual de la consecuencia y de los principios. El PRD no es espacio de solución, sino parte del problema y de los cuestionamientos sobre los desvíos. Con Fox, la derecha ha fracasado como fuerza conductora del país; la izquierda no debe incurrir en los mismos errores y quedarse como fuerza funcional y aval del orden económico y oligárquico que se nos ha impuesto.

La tarea no sólo es una campaña electoral, sino liberar la fuerza del pensamiento, los conceptos y la práctica política en defensa de los intereses de la mayoría de los mexicanos.

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