Usted está aquí: jueves 26 de mayo de 2005 Opinión ¿De qué se queja, señor embajador?

John Saxe-Fernández

¿De qué se queja, señor embajador?

Fueron objeto de encendidas y justificadas críticas oficiales y no oficiales, las declaraciones de Tony Garza, el embajador de Estados Unidos, de que la economía mexicana está sostenida con alfileres: los ingresos petroleros y las remesas, indicando su precariedad y la ausencia de una estrategia que apuntale un desarrollo endógeno.

Algunas observaciones al respecto: primero, las quejas de Garza estuvieron fuera de los límites propios del protocolo que debe regir las relaciones bilaterales. Hubo quienes hicieron alusión al sesgo intervencionista del embajador, a lo que podría agregarse el calificativo de "proconsular".

Segundo, cabe preguntar si esa advertencia es una crítica al gobierno o es una autocrítica. El Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), fueron impulsores centrales de la desregulación financiera, la política monetaria, el servicio de una deuda usurera, el desmantelamiento de la banca mexicana y de la agricultura (con Carlos Salinas), así como de los ferrocarriles (con Ernesto Zedillo).

El BM es hoy la fuente principal del "diseño económico" censurado por Garza: el esquema foxista para el periodo 2002-2005 está ensamblado en el Country Assistance Strategy del Banco Mundial, como se demuestra en: Imperialismo Económico en México (Debate, 2005), un libro sobre las operaciones del BM, que realicé con GianCarlo Delgado. Nos referimos a la "consolidación" de la reforma fiscal; los preparativos para privatizar instituciones públicas como el Infonavit, Fovisste; el traspaso del sistema de pensiones de los trabajadores del Estado al sistema de pensiones privado (Afore); la "modernización" del sector energético mediante su apertura a la inversión privada extranjera; la reprivatización de las carreteras; el abierto apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) al Plan Puebla Panamá; la privatización de la banca pública que queda (Banobras, Nafin y Bancomext); la privatización del servicio de microfinanciamiento; la virtual desaparición de la micro y pequeña empresas, mediante el retiro de los programas de apoyo; la especialización agrícola en productos como azúcar y café; la modificación de los esquemas de enseñanza y su privatización en el mediano plazo; la privatización de servicios de agua y saneamiento, todo "impulsado" por medio de un paquete de préstamos de 5 mil millones de dólares de aquí a 2006.

Tercero: si la crítica la hubiera hecho un economista sin cargo diplomático, habría consenso entre analistas sobre la fragilidad que adolece la economía y el "fracaso" del programa neoliberal en curso, desde la perspectiva de la población afectada. "Beneficiarios" los hay: las empresas extranjeras y la plutocracia doméstica encabezada por los que aparecen en Forbes.

Tercero: conviene tomarle la palabra a Garza y realizar un "reality check" incluyendolo a él y sus asesores, así como al FMI-BM-BID, que inciden de manera directa y operativa en el diseño de la política económica y, desde luego a sus country managers: Fox y su gabinete, especialmente a los hacendistas locales.

El "reality check" empieza reconociendo la continuidad del "esquema desregulador, privatizador y entreguista" de tres sexenios priístas y el actual y de un hecho notable: la ausencia de una estrategia viable de crecimiento económico sostenido con equidad, capaz de generar los niveles de empleo que exigen las nuevas generaciones y que se refleje en aumentos adecuados en el producto interno bruto por habitante. Entre 1983 y 1999 ese índice tuvo un incremento acumulado de apenas 0.32 por ciento, creciendo a una tasa media de 0.02 por ciento mientras los salarios contractuales perdieron 63.9 por ciento de su poder adquisitivo. (José L. Calva México: más allá del neoliberalismo, Plaza y Janés, 2000). La política económica, incluyendo un vasto programa de "reformas estructurales" fue en realidad una despiadada guerra económica contra la población, el aparato productivo nacional, y el patrimonio nacional, hecho botín para consumar, privatizándolo, la mayor transferencia de riqueza jamás realizada en la historia a favor de firmas y bancos extranjeros y sus socios de adentro.

Más de 90 por ciento de las pequeñas y medianas empresas, principales fuentes de empleo, fueron arrolladas a causa de la apertura comercial unilateral, un esquema diseñado, paso a paso, por el BM e impulsado con inmensos préstamos y que culmina en la formalización del TLCAN, ese estatuto de subordinación a EU y sus empresas. El trauma mayor lo sufrió el campesinado. Las cifras que ofrece Calva son sobrecogedoras: "el ingreso real de los maiceros se redujo 52.7 por ciento; los salarios mínimos perdieron 70.2 por ciento de su poder de compra (situándose por debajo del poder adquisitivo que tenían en 1947); y "más de 20 millones de mexicanos pasaron a engrosar las huestes de la pobreza y la indigencia" (pp 7-8).

El sometimiento del gobierno al esquema y su descalabro no puede ser mayor. Posiblemente la queja de Garza se debe a que Fox, a pesar de un gran esfuerzo, no ha podido terminar de desmantelar y constitucionalizar la entrega total de Pemex, CFE y Luz y Fuerza del Centro a empresas de EU, objetivo central de la misión de Garza en México.

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