Usted está aquí: jueves 26 de mayo de 2005 Opinión La ONU en apuros

Miguel Marín Bosch*

La ONU en apuros

En los pasillos de Naciones Unidas se platica mucho acerca del futuro de la organización. Está muy de moda el tema de la reforma de la ONU, especialmente en lo que atañe a la composición del Consejo de Seguridad. También se habla de la reunión cumbre de la Asamblea General este otoño para celebrar los 60 años de la organización. En esa ocasión se hará un corte de caja en cuanto a lo que se ha hecho para alcanzar las llamadas ocho metas del milenio, fijadas en 2000. Para algunos observadores, el futuro de la ONU dependerá de lo que pueda lograr en relación con esas metas. Y son muy ambiciosas: erradicar la pobreza extrema y el hambre; lograr la enseñanza primaria universal; promover la igualdad entre géneros y la autonomía de la mujer; reducir la mortalidad infantil; mejorar la salud materna; combatir el VIH/sida, el paludismo y otras enfermedades; garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, y fomentar una asociación mundial para el desarrollo. En su momento abordaremos la cuestión de esas metas.

Esa cumbre será la última que le tocará organizar (y orientar) a Kofi Annan. En un año y medio el secretario general de la ONU concluirá su segundo y último mandato quinquenal. Annan tuvo mucho que ver con el establecimiento de las metas del milenio y su legado estará ligado a lo que se haga en ese renglón. Pero la recta final del mandato de Annan ha entrado en una etapa de turbulencia política que amenaza con empañar ese legado.

La gestión de Annan al frente de la ONU está siendo cuestionada por distintas razones y motivaciones. Hay quienes sencillamente se divierten pegándole a la organización, cosa que se convirtió hace años en un pasatiempo favorito de algunos grupos conservadores de Estados Unidos. Pero ahora, en pláticas con funcionarios internacionales y diplomáticos que por lo general defienden a la ONU, se escuchan duras críticas a Kofi Annan.

En lo que va de este año se ha confirmado la validez de ciertas acusaciones y no pocas especulaciones acerca de la gestión de Annan al frente de la ONU. La más dañina es, sin duda, la de la corrupción en el programa de petróleo por alimentos que la ONU administró en Irak de 1996 a 2003. Ese programa permitía a Irak la venta de petróleo para comprar alimentos y medicinas con miras a atenuar los efectos de las sanciones económicas impuestas por el Consejo de Seguridad.

El pasado mes de febrero fue especialmente penoso para la ONU. En medio de las acusaciones de corrupción hubo otro incidente que sirvió para socavar aún más su imagen en la opinión pública mundial. El 21 de ese mes, Ruud Lubbers, el alto comisionado para los Refugiados (y ex primer ministro de los Países Bajos), le propinó otro golpe a la ONU, cuando se vio obligado a renunciar a su cargo al ser acusado de acoso sexual.

También hay a quienes les preocupa la manera en que Annan fue relegido en 2001. En junio de ese año, seis meses antes de que terminara su primer mandato, el presidente estadunidense George W. Bush decidió confirmar a Annan en su cargo. ¿Qué precio se pagó? Algunos especulan que, entre otras cosas, tuvo que pedirles la renuncia a varios funcionarios que no sintonizaban con la nueva administración en Washington. Pronto rodaría la cabeza de Mary Robinson, la encargada de los temas de derechos humanos, y luego fue el turno de Jayantha Dhanapala, quien se ocupaba de los asuntos de desarme. Hubo también otros gestos para complacer a quienes le aseguraron un segundo mandato.

Pero en poco tiempo Washington le perdió la confianza a Annan. En algunos medios de comunicación estadunidenses hubo una concertada embestida en contra de la ONU, en general, y de Annan, en particular. Los ataques se multiplicaron en la medida que se iban conociendo algunos de los detalles del escándalo de la corrupción en el programa de petróleo por alimentos. Funcionarios de varios gobiernos también se han visto salpicados por ese temblor, cuyo epicentro es la ONU. El secretario general se vio lento ante las acusaciones provenientes de varios periódicos y de la cadena de televisión Fox de Estados Unidos. El Congreso de ese país se apresuró a crear grupos para investigar esas acusaciones.

Finalmente Annan tuvo que ceder ante las presiones de algunos gobiernos y de los medios de comunicación, y estableció un panel investigador de la propia ONU, encabezado por Paul Volcker, quien fuera presidente de la Reserva Federal (banco central) de Estados Unidos de 1979 a 1987. Para entonces el Congreso de Estados Unidos ya había avanzado mucho en su propia investigación y la situación de Annan se había complicado.

A principios de febrero, Volcker presentó un informe preliminar sobre los malos manejos del programa petróleo por alimentos. En dicho informe se examinó el proceso de selección de los principales contratistas encargados de inspeccionar las exportaciones de petróleo de Irak, la importación de ayuda humanitaria y cómo se administraron y gastaron los fondos. Las cantidades que manejó el programa durante sus siete años de existencia rebasan los 64 mil millones de dólares (una suma que equivale a 50 veces el presupuesto ordinario anual de la ONU). La investigación de Volcker continúa.

En la ONU está lloviendo sobre mojado. Muy pronto Annan seguramente tendrá que lidiar con el nuevo representante de Estados Unidos ante el organismo internacional, John R. Bolton, sin duda uno de los más violentos críticos de la organización. Se le sigue complicando la vida al secretario general.

* Ex subsecretario de Relaciones Exteriores y presidente de Desarmex, AC

 
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