Usted está aquí: lunes 23 de mayo de 2005 Opinión César Rincón y El Cid

José Cueli

César Rincón y El Cid

Las corridas de toros en Madrid, durante la feria de San Isidro -la más importante en el planeta taurino-, regresan la emoción, factor central del toreo. Aire de fiesta y muerte que trasciende la vida de los madrileños. Aire que año con año se singulariza y encuentra su eco por la presencia del toro. Esta semana después de varias corridas mansas, pero con peligro, aparecieron los toros bravos, de encastada nobleza que quitaron el "tipo" a las figuritas de oropel. Se destacaron los de Fuente Ymbro, Alcurrucen, El Pilar.

Con los toros de Alcurrucen volvió por sus fueros César Rincón, el torero colombiano que salió a hombros por la puerta grande y fue paseado en triunfo por la calle de Alcalá. En la madurez, César enseñó a los jóvenes toreros el arte de parar, templar y mandar sin posturitas ni teatralidades.

Esa misma tarde le salió a disputarle las palmas. El Cid, triunfador de la pasada feria madrileña, y este año de la feria sevillana. ¡Y cómo toreó! Con capote y muleta; verónicas espléndidas y remates chipen. La faena al quinto hizo vibrar los rendidos de la monumental de Las Ventas. Sobresalieron una tanda de pases naturales ligados, cargando la suerte y rematados a pitón contrario. Falló con la espada El Cid y dio dos vueltas al ruedo apoteósicas.

Mas ya se le había ido por delante César Rincón -cortando una oreja a cada uno de sus bureles. Lo dicho: las orejas se cortan con la espada. Y le dan a la fiesta esa magia sin precedente que tiene la más sutil emoción que encierra la esencia de la vida muerte.

A la que se enfrentará esta tarde nuestro Zotoluco, en el cartel estelar de la feria alternando con Enrique Ponce y El Juli...

 
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