Usted está aquí: sábado 21 de mayo de 2005 Política Pese al acoso militar, las bases zapatistas construyen clínicas, escuelas y talleres

Los indígenas podemos hacer el trabajo de los políticos, afirman juntas de buen gobierno

Pese al acoso militar, las bases zapatistas construyen clínicas, escuelas y talleres

HERMANN BELLINGHAUSEN ENVIADO

La Garrucha, chis. 20 de mayo. "Nosotros los indígenas podemos hacer el trabajo de los políticos", suelta a bocajarro la junta de buen gobierno (JBG) para iniciar una brevísima conversación con este enviado.

Es de noche, pero la JBG El camino del futuro sigue trabajando. A la luz de unas velas, pues hace dos días que no hay energía eléctrica en la comunidad (lo cual es frecuente), los representantes en la junta de los demás municipios autónomos de la selva tzeltal, asienten, como subrayando las palabras de su compañero.

"Esto es lo principal que tenemos que decir. Por eso estamos trabajando", agrega el gobernante indígena. Luego se abre un silencio de medio minuto, en el que los indígenas intercambian miradas y sonríen, de buen humor, no obstante que enseguida otro de ellos denuncia con una ronquera de fastidio:

"Los soldados están haciendo muchos movimientos todos los días. Los militares pasan cinco o seis carros cada vuelta. Suben y bajan frente al caracol dos o tres veces al día."

Así concluye la epigramática conversación. Queda agregar que, en efecto, los patrullajes por el caracol Resistencia hacia un nuevo amanecer cubren la ruta Patihuitz (o San Quintín)-Ocosingo con una constancia inusual, aun para los usos de la pax foxiana que aprieta, por sobre todas las partes, en Chenalhó, y en las cañadas de Ocosingo, donde se extienden los cuatro municipios rebeldes de este caracol: Francisco Gómez, San Manuel, Francisco Villa y Ricardo Flores Magón.

Rebelde al apagón decretado por la Comisión Federal de Electricidad, la nueva y sólida casa del Colectivo de Mujeres Indígenas Zapatistas en Resistencia tiene todas las luces encendidas, gracias a un pequeño motor, lo cual permite funcionar a las dos máquinas de coser y una computadora. Esta "casa de cultura", como también la llaman, fue inaugurada el pasado 25 de marzo, con la participación en el trabajo colectivo de dos caravanas nacionales, una punk, y otra de trabajo voluntario. Los muros interiores son blancos, decorados con grecas de pequeños caracoles azul celeste y perfiles de mujeres de trenzas y paliacate en el rostro.

Un e-mail para contactar

Aquí se confeccionan huipiles de manta tradicionales, y también adaptaciones contemporáneas, como los que llevan en torno del cuello, en vez de listones o bordados, las franjas floridas que rodean los paliacates. Los colectivos de mujeres de los municipios se organizan ya, reciben talleres y empiezan a buscar la comercialización. Una mujer, que traza el patrón de una blusa sobre una ancha mesa de costura, me entrega una pequeña etiqueta que reproduce el logo del colectivo, el cual luce pintado al fondo del taller, en el muro. Consiste en una estella roja y cuatros rostros femeninos cubiertos con pasamontañas o paliacate.

"Con la compra de esta artesanía apoya usted directamente la resistencia de nuestros pueblos en lucha", se lee al reverso. La mujer insiste en que mire bien la etiqueta, para que vea que también está escrito el correo electrónico de las artesanas ([email protected]). Por si alguien quiere contactarlas.

A la mañana siguiente es posible recorrer la clínica de maternidad en construcción, que se agregará a la clínica general ya existente en el caracol. A la distancia se alcanza a ver, ya casi concluido, el edificio de la inminente secundaria autónoma de la zona, la cual se sumará al centro de formación de promotores Compañero Manuel, que ya opera en La Culebra, para de allí extender el sistema escolar de los rebeldes y mejorar las primarias existentes en San Manuel y Francisco Villa. Adicionalmente, este 6 de mayo se inauguró una primaria autónoma en Arroyo Granizo, comunidad del municipio Ricardo Flores Magón.

Por acá el rezago educativo es grande todavía. Las nuevas construcciones son sólo la parte material, tangible, de una autonomía rebelde que las comunidades toman en sus manos de una manera cada día más prominente.

 
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