Usted está aquí: jueves 28 de abril de 2005 Opinión Los precipitantes de guerra

John Saxe-Fernández

Los precipitantes de guerra

El entorno nacional e internacional se torna difícil y azaroso: hemos ingresado a una zona de "turbulencias" e incertidumbre policiaco-militar en estos dos niveles: en México el uso sesgado del aparato judicial amenaza gravemente la paz social. El Poder Ejecutivo, al tiempo que deslegitima los mecanismos político-electorales, perdió su condición arbitral en el torpe intento de inhabilitar políticamente a Andrés Manuel López Obrador, favorito en las elecciones de 2006: a su alrededor se aglutina una mayoría ciudadana que trasciende a los partidos políticos y que, contrario a lo esperado por sus exaltados e intransigentes acusadores, crece al calor del "proceso de desafuero" hacia una resistencia cívica y pacífica, orientada a una construcción social alternativa de cara al explosivo y antinacional esquema socioeconómico vigente.

En Ecuador, con una economía dolarizada, la población fue lanzada a las calles por políticos y hacendistas regresivos y corruptos. Al igual que en México es una oligarquía que da ánimo a virtualmente todos los precipitantes de guerra civil conocidos. El neoliberalismo, impulsado por EU y la plutocracia local, ha hecho añicos los instrumentos que fungían de "colchones" para proteger en cierta medida la estabilidad social frente a los efectos de desestabilizaciones naturales o inducidas. La concentración de la riqueza, su fuga hacia fuera, y la creciente diferenciación, acicatean las fisuras existentes en lo étnico, lo regional y lo económico, polarizando el conflicto de clase. El desafuero contra AMLO se da en momentos en que se eleva la frustración socioeconómica a niveles insostenibles, ya que el "modelo vigente" es un brutal "Estado de bienestar" volteado a favor de un grupúsculo incapaz de generar la transformación productiva exigida por la población. El intento de inhabilitación política ocurre en un medio caracterizado en el quinto Informe sobre desarrollo humano de la ONU, como el de un país "con problemas extremos de disparidad social": "México comparte esos riesgos con otros países... que tienen condiciones similares a las que llevaron a la insurrección armada en Chiapas".

A esto agréguese la "demencia precoz", de Los Pinos a la Casa Blanca, porque el medio ambiente internacional es igualmente volátil, ya que las relaciones de poder del orbe han sido lanzadas a la más peligrosa desestabilización geopolítica. La unilateralidad y belicismo del gobierno de Bush asestó brutales golpes a la vigencia del derecho internacional y a la credibilidad de la ONU, foro indispensable para dar curso a una salida no violenta a la crisis múltiple que enfrentamos en diversos continentes, pero de la manera más inmediata y aguda como resultado de la guerra y ocupación militar de Irak. El uso selectivo y engañoso que se hace de la ONU se puede comprobar, tanto con la desestabilización geopolítica de un área tan crucial para el funcionamiento económico del orbe, como es el Medio Oriente que contiene los principales abastecimientos petroleros, como también en torno a la defensa de los derechos humanos cuando bajo el impulso de EU y la Unión Europea se llega a juicios rigurosos y arbitrarios contra Cuba, mientras se comporta de manera tolerante e indulgente con Bush, al rechazar investigar las condiciones de los prisioneros que ilegalmente mantiene en la base naval de Guantánamo, territorio cubano, ocupado por EU. Los factores que agudizan los conflictos en lo nacional, e internacional, indican que vivimos en medio de una crisis con riesgos crecientes de militarización doméstica e intensificación bélica en el caso de Medio Oriente.

Existen al menos ocho componentes objetivos de la crisis que ameritan una reflexión seria: 1) las situaciones convergen y causan alto grado de complejidad, el cual mina fácilmente todo intento de hacer frente a la crisis en términos de manipulación ideológica y propagandística; 2) las presiones temporales se incrementan; 3) la adecuación de la información disponible decrece; 4) las incertidumbres se incrementan; 5) el control instrumental -o institucional- disminuye; 6) los que deben decidir se hallan bajo grandes presiones personales o, peor aún, son propensos a comportarse de manera precipitada e irracional; 7) las decisiones internas y las capacidades de negociación, así como el marco de referencia de ésta, mutan; 8) las decisiones a nivel de los sistemas de alianza, local, regional o internacional se modifican sustancialmente.

El recurso a la violencia, de la prepotencia judicial, policial y militar en la escena nacional e internacional pueden ser remontados por una ciudadanía consciente y democrática. Es necesaria la sensatez política y económica: "las bombas", decía Fidel Castro, "podrán matar a los hambrientos, pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia. Tampoco pueden matar la justa rebeldía de los pueblos, y en el holocausto morirán también los ricos, que son los que más tienen que perder en este mundo".

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