Usted está aquí: viernes 11 de marzo de 2005 Opinión Kirchner marca un camino

Editorial

Kirchner marca un camino

El presidente argentino, Néstor Kirchner, dio ayer un ejemplo tan constructivo como contundente de cómo controlar, en forma legal, pacífica e institucional, a lo que los neoliberales denominan las "fuerzas del mercado" trasnacional, y que no son más que los intereses especulativos de un puñado de empresas que tienen en su activos a la mayor parte del planeta y que constituyen los factores reales de desestabilización económica en naciones como México y Argentina. Ante la decisión abusiva e injustificada de la empresa petrolera angloholandesa Shell de incrementar los precios de sus productos entre 2.6 y 4.2 por ciento, y habida cuenta del impacto inflacionario que esa medida podría generar en la frágil y convaleciente economía argentina, el mandatario propuso a sus gobernados que emprendan un boicot nacional contra la trasnacional y no le compren "ni una lata de aceite". "No hay mejor acción que ese boicot que le puede hacer el pueblo a quienes están abusando", señaló el mandatario, y acusó del rebrote inflacionario que experimenta su país a "sectores que no quieren cambiar el esquema de distribución del ingreso".

Ante los alegatos de Shell de que el incremento de sus precios es "un reflejo parcial de la sostenida alza que está experimentando el costo del petróleo", Kirchner atribuyó la actitud de la trasnacional a su afán de lograr "una rentabilidad desmedida", apreciación cuya veracidad puede comprobarse con el hecho de que otras dos petroleras que operan en el país austral, la brasileña Petrobras y la española Repsol YFP, decidieron congelar sus precios y contribuir, así, a la lucha contra la inflación, que en los momentos actuales resulta prioritaria tanto para el gobierno como para la sociedad.

El libertinaje de precios y la desregulación generalizada impuestos por el llamado Consenso de Washington en el nuevo desorden económico mundial han atado de manos a los gobiernos nacionales para impedir que determinaciones de los intereses trasnacionales traigan consecuencias negativas y desestabilizadoras. El control de la economía por el Estado, los controles de precios, las estrategias de redistribución del ingreso y de justicia social son considerados blasfemias inadmisibles y populistas por el integrismo neoliberal que aún impera en diversos países de América Latina ­México entre ellos­, el cual ha conseguido hacer política y económicamente inviables los recursos gubernamentales tradicionales para hacer frente a la intemperie en que se encuentran, hoy más que nunca, los grupos mayoritarios de la población.

En ese contexto, la propuesta de Kirchner constituye un precedente esclarecedor de nuevas formas de enfrentar al capital especulador trasnacional en su propio terreno ­el del mercado­, sin recurrir a medidas clásicas, como la expropiación, que provocarían una confrontación inmediata con los organismos financieros internacionales y con los gobiernos de las naciones ricas, y una escalada, por parte de ellos, de agresiones económicas, diplomáticas y hasta militares.

El de Néstor Kirchner ha demostrado ser un gobierno comprometido con los intereses de la población y atento a sus necesidades, y ha sabido articularse en forma novedosa y esperanzadora con estrategias de resistencia características de la sociedad, como el boicot de consumidores. Con ello no viola ley nacional alguna, no contraviene ningún instrumento internacional y ni siquiera actúa en forma contraria a las reglas impuestas por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el gobierno de Washington. Cabe saludar, por ello, el señalamiento de la Casa Rosada, y esperar que el ejemplo fructifique y sea retomado por otros gobernantes con orientación popular de la región, como los de Venezuela, Brasil y Uruguay.

 
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