Usted está aquí: lunes 14 de febrero de 2005 Opinión Las desastrosas cuencas hidrográficas de México

Iván Restrepo

Las desastrosas cuencas hidrográficas de México

Según diagnósticos oficiales, las cuencas hidrográficas de México son un desastre. Por ejemplo, la del Coatzacoalcos, el Lerma-Chapala-Santiago, el Blanco, el Balsas. Por décadas han sido basurero de pueblos y ciudades, la industria y la agricultura, y cada vez pierden más su capacidad de conducir el agua por el azolve que registran. Esto se debe a la deforestación de las partes altas de las cuencas, al sobrecultivo de millones de hectáreas agrícolas y a los desechos de la industria y las ciudades. Los estudios de reconocidos centros de investigación coinciden con el diagnóstico gubernamental, pero además ofrecen soluciones viables a los problemas que hoy aquejan a las que son parte fundamental del desarrollo nacional.

Otro elemento clave que está en crisis son las numerosas presas que funcionan aprovechando el agua de las cuencas. Estos embalses, algunos faraónicos y orgullo de la ingeniería nacional, sirven para generar energía eléctrica e irrigar millones de hectáreas. Sin embargo, 80 por ciento de las presas se encuentran en buena parte azolvadas por el aporte de sedimentos y basura que les llega a través de sus cuencas alimentadoras. Este descuido criminal es antiguo y la actual administración no ha sabido enfrentar el problema.

Una de las cuencas que requieren atención urgente es la del río Atoyac-Verde, en Oaxaca. Sus 600 kilómetros de extensión, desde la sierra norte, donde nace hasta su desembocadura en el océano Pacífico, son claves para más de millón y medio de habitantes asentados en los distritos de Etla, Valles Centrales, Zaachila, Ocotlán, Ejutla, Sola de Vega, Juquila y Jamiltepec. Igualmente para la ciudad de Oaxaca, con casi un millón de habitantes y declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad. Puede decirse que uno de cada tres residentes en el estado de Oaxaca está influenciado directamente por la cuenca del Atoyac-Verde. Pero el crecimiento acelerado de los asentamientos humanos ha creado un grave problema de oferta de agua, cada vez más escasa y de menor calidad por la contaminación proveniente de la industria, la agricultura y las poblaciones que, en su mayoría, carecen de drenaje y plantas de tratamiento de aguas negras. Por eso el río Atoyac-Verde es el más contaminado de la entidad, mientras una ciudad tan bella como su capital carece de sistema de monitoreo y control de la calidad del agua para consumo humano y de la residual, e ignora las normas legales vigentes para sus descargas. Si esto sucede con la joya del estado, podemos imaginar lo que pasa en los otros 168 municipios enclavados en la cuenca, sin recursos para disponer de agua limpia y drenaje. Se trata de un grave problema de salud pública y la mayor amenaza para la estabilidad de uno de los patrimonios naturales más importantes de México.

Con objeto de precisar los problemas ecológicos de la citada cuenca y ofrecer información útil a la población y las instituciones oficiales responsables del uso correcto del agua, reconocidos centros de investigación, junto con organismos de la sociedad civil de Oaxaca (como el patronato que dirige el pintor, mecenas y promotor Francisco Toledo y la Fundación Rodolfo Morales) solicitaron recursos para tal fin del Fondo Sectorial que manejan el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales. Los solicitantes planteaban además medir los cambios en los usos del suelo, los asentamientos humanos, las obras de infraestructura y las fuentes de contaminación para poder diseñar políticas de manejo correcto de la cuenca.

No tuvieron éxito en sus gestiones. Se desconocen los motivos para negarles apoyo financiero. Pudo ser que los responsables de dicho fondo no estiman prioritario plantear soluciones viables a los desajustes de toda índole que existen en la cuenca del río Atoyac-Verde. O que no hay recursos, algo relativo: según el presupuesto del gobierno federal, en la residencia oficial de Los Pinos se gastan sumas millonarias en alimentos. Si la familia presidencial disminuyera tantito ese gasto durante una semana, sobraría dinero para efectuar el estudio. Y otros más. O si se eliminara lo que se derrocha con los acarreos a favor del gobernante en turno de Oaxaca.

 
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