Usted está aquí: miércoles 9 de febrero de 2005 Opinión Arco y Apeles

Javier Aranda Luna

Arco y Apeles

Madrid, 8 de febrero. El arte es efímero, pero sólo lo fugitivo permanece. Poco sabemos del pintor más famoso de la antigüedad clásica. Se llamó, se llama, Apeles pero no se conserva ninguna de sus obras. Fue el maestro de la luz, el pintor favorito de Alejandro Magno. ''El artista que pintaba lo que no se puede pintar" según el juicio de uno de sus contemporáneos, el dueño del resplandor, de la incandescencia.

Su afrodita Anadiomene, Venus surgiendo del mar, fue motivo de poetas e historiadores por el agua traslúcida y centellante que escurría de su cabello. Plinio rescató, en su Historia natural, una anécdota que lo retrata de cuerpo entero:

En el siglo IV aC, Apeles viajó a la isla de Rodas. Quería conocer a Protógenes, un maestro plenamente reconocido en el arte pictórico. Por desgracia, o por fortuna, no lo encontró en su taller pero allí vio una tabla preparada para pintar. Tomó un pincel y sólo trazó una línea asombrosamente fina. Muéstrale esto a tu señor, le dijo a una anciana que cuidaba la casa de Protógenes. Cuando este último regresó entendió el mensaje. Con otro color pintó una línea aún más fina sobre la pintada por Apeles. Le pidió a su ama de llaves que, si volvía el visitante, le enseñara el cuadro. Así ocurrió. Apeles se vio superado. No se conformó. Trazó, con un tercer color, una línea que dividió, a lo largo, la pintada por Protógenes.

Esa tabla de líneas fugitivas estuvo expuesta en el palacio de los Césares por mucho tiempo. De hecho nunca salió de allí, pues la consumió un incendio. Tampoco sobrevivió a la incuria del tiempo un retrato que Apeles hizo de Alejandro Magno. Allí el guerrero sostenía un rayo de tal suerte que la mano y el haz de luz parecían emerger del cuadro.

Recuerdo a Apeles hoy que se inaugura, en Madrid, Arco, una de las ferias internacionales de arte contemporáneo más importantes del mundo. El país invitado en esta versión 24 es México. Así Arco será, sin duda, una ventana para mirar lo que se produce en otros países en materia de arte contemporáneo y para mostrar parte de lo nuestro principalmente en naciones europeas.

Ya han señalado algunos críticos que no están todos los artistas mexicanos que deberían estar en estos días por Madrid. ¿Pero alguna vez han estado todos los artistas que deben estar en alguna exposición o feria internacional? Y si ocurriera ¿quién lo certificaría? ¿Un crítico de arte? No, por supuesto. ¿Dos, tres? Probablemente no se pondrían de acuerdo. No puedo olvidar a los críticos de arte que desterraron durante muchos años al ''desnacionalizado" Rufino Tamayo. Tampoco olvido que, esos mismos críticos que lo denostaron, después lo aplaudieron cuando el mundo aclamó al pintor oaxaqueño. No sólo eso, hasta se pusieron a escribir su biografía.

Por fortuna Arco será, sin duda, algo más que una feria. Por lo pronto ya se han montado una veintena de exposiciones en todo Madrid con obra de artistas mexicanos y, según la prensa y la televisión españolas, Arco será, ya es, una apuesta conceptual que trae al centro lo que generalmente encontramos al margen: el tema de las fronteras y las migraciones, uno de los asuntos capitales sobre los que ya deberíamos estar reflexionando con seriedad.

Los muros, las fronteras son el tema principal de esta feria. Imposible no ver la mayor instalación que rodea las más de mil obras de artistas de unos 40 países que se dieron cita en Madrid. Se trata de un muro de dos kilómetros que es réplica del que montó Estados Unidos en la frontera de Tijuana. Como se sabe, el muro tijuanense está hecho con las pistas prefabricadas de acero que sirvieron para desplazar tanques y pertrechos en la guerra del Golfo. Por eso no me extraña que esta réplica de aquel muro esté cubierta con obra de artistas plásticos y que su leyenda central sea sencillamente: ''Arte contra los muros".

No es improbable que lo muros, que los diques, no detengan nada. O por lo menos no durante mucho tiempo. Nuestra frontera con Estados Unidos, sin duda una de las más vigiladas del mundo, no ha detenido, pese a los muertos, a los cientos de miles que van y vienen de manera ilegal. ¿Y no ocurre lo mismo en España con los ecuatorianos, en Alemania con los turcos, en Canadá con los filipinos, en Rusia con los africanos, y en nuestra frontera sur con los centroamericanos?

Siempre es bueno recordar, en esta época en la que ''descubrimos" la globalización, que el arte siempre ha saltado los muros. Las grandes obras artísticas son, por definición, transfronterizas y los artistas los eternos frontiersmen. Nada detiene al arte, al agua o a la vida.

Por Apeles sabemos que el arte es efímero pero, también, que sólo lo fugitivo permanece. Probablemente en los cientos de obras aquí reunidas o en alguna zona saturada por la luz del muro instalado en Madrid encontraremos el eco de esa tradición de la que no quedó obra alguna sino algunas noticias, un puñado de anécdotas y el nombre del pintor que supo concentrar, quizá, la luz del sol en un rayo.

 
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