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P O L I T I C A
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México D.F. Domingo 24 de octubre de 2004

Rolando Cordera Campos

ƑEn el borde?

En vez de la república del video, el país del videojuego. En lugar de la judicialización de la política, tan poco satisfactoria ella misma, la politización grotesca del proceso judicial. Todo en aras, suponemos, de la transparencia en la lucha por el poder que no es, todavía al menos, por uno u otro proyecto, ni siquiera partido, sino personas que queriéndolo o no se presentan como salvadoras de la patria o de la embarazosa situación a la que ésta ha llegado en sus primeros años de democracia.

La impertinencia jurídica del procurador Bátiz, hay que decirlo de entrada, es, en todo caso, parte de una cadena envenenada que no inició el gobierno perredista de la capital, aunque sus arranques y bravatas lleven a muchos a pensar lo contrario. La especulación con el proceso de procuración de justicia, con las investigaciones y sus posteriores revelaciones por fuera de lo que dicho proceso manda tienen otro origen que por desgracia involucra hasta a la Secretaría de Hacienda, pasa por la PGR y ha llegado a tocar a ministros de la Suprema Corte. Si hemos de exigir un alto a esta corrosiva práctica, hagámoslo, pero sin olvidar la historia, porque en ella sigue anidando el huevo de la serpiente que puede llevarnos al borde del abismo, así, sin más, y a pesar de códigos perfectos y demócratas químicamente puros.

No es que el país no se mueva, sino que lo hace sin centro y al final de cada ronda no marca sino una dirección sin número. Demasiada libertad y poco orden democrático, solía decir con su inolvidable y fina ironía nuestro querido Arturo Warman. Pero el hecho crudo y rudo es que el desgobierno avanza.

No es atribuible todo lo que ocurre en la esfera de la gobernación a quienes hoy ocupan los cuartos de mando del Estado, pero la responsabilidad no puede diluirse entre los empujones que se dan los partidos, los legisladores y el gobierno federal. Y proyectan sin medida los medios de masas.

Deslindar responsabilidades es una tarea política esencial, pero respetar el foro democrático y no salirse de él, con el pretexto de una u otra emergencia, es vital hoy, cuando en coro frenético muchos piden de nuevo rey y cuanto antes.

Los videos siguen con nosotros carcomiendo lo que nos queda de vida cívica y hollando sin cesar lo que se pudo construir de imperio de la ley y estado de derecho en el pasado. Sin superar esta circunstancia, que muchos llaman ya la judicialización de la política, esta última se impondrá violentamente sobre el sistema judicial y arrinconará a jueces y ministros. De aquí que el juego peligroso e inaceptable que han empezado a jugar los juzgadores no hace sino abrir todos sus flancos ante una política que se ha convertido en un salvaje carnaval de disputa descarnada por el poder, y nada más.

Darle a la política su cariz constructivo y encauzador del conflicto social es urgente, porque este conflicto ha empezado a marcar ya el ritmo de los acontecimientos de la vida cotidiana y puede, sin aviso, inundar los territorios del intercambio democrático. De acontecer tal cosa, frente a la cual no hay blindaje probado, los actores económicos se retraerán todavía más de lo que lo han hecho obnubilados por la reformitis del gobierno, y el país abandonará por mucho tiempo la senda de progreso que la democracia y las aperturas económicas prometían pero no han podido concretar en un auténtico mejoramiento material para las mayorías.

La esperanza sigue y muchos empiezan a hacer cálculos para el futuro, pero lo real es que es este futuro el que se ha puesto en entredicho. No se trata de apelar a un voluntarismo sin sustento, pero es preciso empezar a recorrer los senderos desconocidos del crecimiento económico para arriesgarse a hacer camino al andar. La estabilidad económica se ha malentendido y confundido con la falta de movimiento, pero la hora llegó en que tenga que admitirse que lo que viene es en realidad una inestabilidad social desquiciada que por sí sola puede dar al traste con tanto, aunque discutible, logro en el frente del control económico y financiero.

México no puede darse el lujo de esperar a tener todas las piezas del tablero económico para empezar a moverse rumbo a mayor actividad económica y empleo para la gente. Así lo ha reconocido nada menos que el gobernador del Banco de México, quien dejó a un lado el discurso de la reforma totalista y llamó a hacer cuanto antes unas cuantas mutaciones, como la fiscal, que nos permitan echar a andar.

El país tiene que arriesgarse a hacerlo con lo que tiene y pueda conseguir gracias a la cooperación de sus actores económicos y sociales, y desde esta plataforma convocar a sus principales socios en la globalización a una nueva ronda de colaboración y apoyo para crecer pronto y rápido. Ambas cosas redundarían no sólo en beneficio nuestro sino de muchos intereses alojados en el norte y cuyos lucros dependen en gran medida de lo que aquí se produzca.

Sin un discurso por el crecimiento como necesidad nacional urgente, la lucha por el poder se volverá estridencia social y será inevitablemente destructiva. No queda ya mucho tiempo, y esperar el milagro sólo significará más deterioro.

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