Jornada Semanal,  domingo 8 de agosto de 2004         núm. 492

JAVIER SICILIA

.Javier Sicilia

WILLIAM BLAKE, LA
NEGACIÓN DEL DUALISMO

William Blake ha sido siempre para mí un artista inquietante. Las correspondencias que hay entre su obra pictórica y su obra poética me asombran. ¿De qué hablan?

Aunque el universo de Blake es de orden mitológico, esa mitología tiene como sustento el mundo cristiano. Detrás de ella hay una mirada que sondea la revelación. ¿Tal afirmación podría definirlo como un místico? En un sentido muy amplio sí. Sin embargo, desde el momento en que su mundo es hijo del cristianismo, habría que apostrofarlo. Blake, a diferencia de los místicos de la tradición cristiana, no parte de una experiencia directa con Cristo; tampoco, podría decirse, de una experiencia con Dios. Sus mundos beben de la Biblia, del extraño y siempre asombroso Swedemborg, del heterodoxo cristianismo de Milton y de textos ocultistas. A partir de ellos, Blake se abrió a esa intuición poética que le permitió edificar esa obra tan vasta como asombrosa.

En este sentido, y a diferencia de un místico inequívoco como Juan de la Cruz, Blake no partió de la intuición profunda y verdaderamente primera de la unidad para encontrar el sentido de las cosas, sino de su propia experiencia en las cosas para encontrar en ellas significados religiosos y espirituales que, en su caso, cierta ortodoxia cristiana, contaminada del dualismo agustiniano, no veía.

En este sentido, Blake podría definirse mejor como un visionario, es decir, como un poeta que extrajo de su intuición sobre el resplandor ontológico de las cosas, realidades que se refieren al sentido del mundo en Dios. Así, desde sus Cantos de inocencia, hasta su Evangelio eterno, pasando por su libro más inquietante, El matrimonio del cielo y del infierno, una de las características de su luz poética es la negación de ese dualismo que tanto daño ha hecho a cierta tradición cristiana.

Blake supo ver que no existe una realidad espiritual, el alma, y una material, el cuerpo, cuyos impulsos ponen en riesgo la salvación del alma, sino una unidad, un todo móvil y vertiginoso en el que se debaten fuerzas inagotables. En su visión, lo espiritual jamás se disocia de lo concreto. Por ello, su elogio del mal y del infierno nada tiene que ver con realidades verdaderamente demoníacas, sino con el mundo, con la corporalidad, que ciertas tradiciones dualistas del cristianismo han demonizado. Lo que ellas miran como mal, para Blake son fuerzas necesarias y vitales en el proceso espiritual. De ahí que escriba: "Quien a sí encadena una alegría/ destruye la vida alada; mas quien la besa cuando ésta vuela/ vive en el amanecer de la eternidad." Para Blake, que mira al hombre en su proyección eterna, el verdadero mal, lo que llama "el espectro", es la presencia negativa que, desde la Caída, desintegró la armonía original y cuya más clara manifestación es la división: "La Negación –escribe en su poema sobre Milton– debe ser destruida para redimir los contrarios./ La Negación es el Espectro, el poder razonante en el Hombre [...]", la racionalización que penetra todo dividiendo, diseccionando, destruyendo el maravilloso flujo de la unidad, y que ha generado no sólo el dualismo, que sataniza una parte fundamental del mundo del espíritu, sino el industrialismo, cuyo surgimiento Blake contempló con horror, comparándolo con "molinos satánicos".

No sé si Blake, al mirar así, contemplaba el mundo redimido por Cristo y vuelto a reestablecer en su armonía y su dinámica original. Su poesía, llena de una mitología propia –en la que no soy experto– no permite afirmarlo. Sin embargo, sus grabados, en particular aquéllos en los que se puede contemplar al Cristo glorioso y la dinámica de la creación y de la historia que baja hasta los infiernos y vuelve a ascender hacia la majestad de Cristo, permiten suponerlo. En ellos, que cuando se ven los originales asombran por su pequeñez ("Si no se [les] conoce –escribe Enrique Caracciolo– es posible ignorar que aquellos grabados que sugieren espacios cósmicos o figuras que se debaten en la inmensidad miden unos pocos centímetros": ámbitos insondables en límites llevados hasta el más exquisito constreñimiento material), Blake logró traducir plásticamente lo que sus poemas nos revelan de manera mitológica. A través de su poesía, Blake abrió una puerta por donde podemos contemplar al hombre restaurado en su armonía divina.

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez y levantar las acusaciones a los miembros del Frente Cívico Pro Defensa del Casino de la Selva.