Los libros, esos desconocidos en las escuelas1 MARTA ACEVEDO Al narrar la saga que va de los Libros
del Rincón al suplemento UnDosTres por mí... la autora
desmenuza una cruda realidad: en muchas escuelas públicas mexicanas,
los directores guardan los libros bajo llave para que no se gasten y los
maestros le huyen a libros que no sean de texto porque "no traen la esencia".
Marinés Medero y yo, el equipo inicial, nos percatamos pronto de que los alumnos entendían la lectura como una actividad destinada a ser evaluada. Nos dimos cuenta también de que para una parte importante de esa población el término "libro" era sinónimo de "libro de texto" todos de un mismo tamaño, misma tipografía y parecido diseño. En opinión de los maestros, toda lectura debía calificarse y podía servir para evaluar el desempeño de los alumnos. "¿Qué te enseñó ese libro?", preguntaban. "De lo que leíste, ¿qué sirve para mejorar tu vida?" "Hagan un resumen de lo que leyeron"...
Además, asumimos que parte de nuestra tarea era hacer libros de formato, género y diseño muy diversos, que pudieran atraer la atención de niños de distintas regiones del país, y que debíamos hacerles saber que había otros libros además de los de texto. Se trataba de una apuesta orientada a favorecer el acceso a la cultura escrita de los niños de las escuelas públicas, y a hacer de la población "inculta" un público válido de la Subsecretaría de Cultura. Las condiciones
En 1988, cuando teníamos 112 títulos publicados y cerca de 32,000 mil escuelas con Rincones de Lectura, se produjeron los primeros resultados de una investigación realizada con alumnos de 4º y 6º grados en una muestra de esas escuelas. Esa investigación, coordinada por Mabel Piccini2, no pretendía evaluar los efectos de los libros, sino identificar las condiciones de posibilidad de la lectura a partir de la experiencia del programa. " se trabajó sobre el sentido de una experiencia cultural, sobre un acto que es imposible de situar: la apropiación del texto ( ) las experiencias subjetivas e intersubjetivas que remiten a tramas simbólicas, a referencias de grupos y clases, así como a los estilos y costumbres de una comunidad Estos aspectos complejos ( ) podían sustentarse si antes se reconocían los rasgos más generales de los alumnos de escuelas públicas. Estudiar, antes que la lectura, las condiciones de posibilidad de la lectura: ¿Qué leen los niños mexicanos? ¿Qué capital cultural heredan de sus ámbitos familiares? ¿Cuál es su relación con las culturas audiovisuales? ¿Qué opinan acerca de Rincones de Lectura? ¿Cómo se inserta este proyecto en el dispositivo escolar? ¿De qué modo la escuela condiciona el acercamiento a los libros y a la escritura?" La investigación puso en evidencia que lograr que los libros fuesen leídos no era sólo cuestión de disponibilidad; era necesario también contar con instrumentos para su apropiación. En otras palabras, no bastaba con hacer libros significativos, buenos y baratos para quienes no leen ni escriben, ni distribuirlos y plantear reglas para su circulación. El problema implicaba una manera de ver y vivir "la cultura". La investigación concluyó que:
Así como un libro es un objeto exótico para muchos niños, los dispositivos electrónicos forman parte indisociable de su vida cotidiana. Se produce un salto, casi sin transiciones, del analfabetismo en cualquiera de sus rangos a las modernas culturas de la imagen. La televisión y la radio no sólo prolongan las tradiciones orales, sino que sustituyen con ventaja al libro. Al desplazar las culturas escritas, los medios audiovisuales contribuyen a profundizar el analfabetismo funcional y las distancias entre los estratos sociales y culturales de la sociedad. Se produce así un desplazamiento de los sistemas formales de aprendizaje, pues el desconocimiento de los códigos de la escritura deja de constituir un impedimento para acceder a la cultura.
Entendernos y entender a los demás ¿Qué debíamos hacer entonces para promover nuevas formas de intimidad con los libros? ¿De qué modo podía promoverse la lectura? ¿Era posible que los herederos de culturas orales llegaran a leer gratuitamente, desde el placer y sus valores estéticos? ¿Podía promoverse "el deseo" de la lectura y que ésta se incorporara a la vida cotidiana?
Hubo que hacer cambios para facilitar la apropiación del Rincón de Lectura. Produjimos libros y otros materiales impresos para niños, pero también para los adultos de la comunidad escolar: maestros y padres de familia. Eran libros y materiales para leer y hacer cosas en conjunto: Donde no hay doctor, Donde no hay abogado Incorporamos un casete de Eraclio Zepeda sobre el tema de la lectura y los campesinos, dos juegos de barajas Nombrando al mundo y Las pinturas de Mariana para que los pueblos discutieran el problema de la lectura y la escritura en sus propias lenguas; añadimos una decena de libros sobre temas de producción agrícola y comercialización Para los maestros editamos los Cuadernos de aula, textos relacionados con su práctica pedagógica. Se trataba de un acervo diseñado para comunidades rurales e indígenas de modo que, a través de la lectura, pudieran encontrar respuesta a inquietudes sobre el cuerpo, la vivienda, el trabajo, los derechos humanos, el derecho civil, agrario y penal, nuestra historia y tradiciones, cuentos, relatos, ciencia todo un universo en 100 objetos impresos para que descubrieran la lectura como fuente de aprendizaje y placer, como una actividad que nos ayuda a entendernos y a entender a los demás. Al año siguiente, una vez distribuidos los acervos rurales e indígenas, comenzamos a recibir informes sobre escuelas que no habían abierto el paquete o lo tenían muy bien resguardado en casa del director o bajo llave en la dirección. Simultáneamente, empezaron a llegar cartas de algunos comités de lectura informando, por ejemplo, que Donde no hay doctor era el libro más solicitado, que habían reconocido a la sobrina de Pancho en la antología de México desconocido o cómo habían entendido la lógica del paquete. Cuando llegó una carta de ese tipo de un maestro de los Altos de Chiapas, me tranquilicé: si en Chiapas, uno de los estados con mayor rezago educativo se habían entendido las propuestas del acervo, podíamos esperar buenas nuevas del resto del país. Un año después nos daríamos cuenta de que esa información provenía de una zona zapatista. Se aprende a leer en los libros
Recuerdo el registro de un diálogo entre un investigador y un maestro de 4° grado de primaria: Estamos viendo mayas y aztecas, dijo el maestro.
Sí, ya lo vi dijo el maestro. ¿Y no cree usted que le puede servir? No dijo el maestro. Ese libro no trae la esencia. ¿Y cuál es la esencia? preguntó nuestro investigador. La esencia la esencia dijo el maestro ¡pues son las fechas, qué comían, cómo se vestían ! La esencia. Ahí parecía haber una clave. Esta investigación nos ayudó a precisar que una de las grandes dificultades para el uso de materiales que no fuesen libros de texto reside en la imagen de un contenido preciso, diríase "canónico", que los maestros deben transmitir puntualmente a sus alumnos. Lo que no coincida exactamente con ese contenido es algo de lo que puede prescindirse. Por mucho que los maestros estén en carrera magisterial y hayan leído a Jean Piaget, la idea del aprendizaje como un proceso de construcción de conocimiento no puede serles más ajena. Lo que predomina es la imagen de los niños como recipientes vacíos, y la del maestro como la del responsable de llenar con contenidos determinados esos recipientes. Así las cosas, desde luego, lo que los maestros deben "vaciar" en las cabecitas huecas de sus alumnos es "lo que marca la SEP", sin pretender propiciar entre ellos procesos autónomos de aprendizaje.
Era preciso hacer, pues, todo un trabajo, no sólo en relación con el cuidado y uso de los libros, sino también con la idea misma de la tarea del maestro frente a la lectura. Como consecuencia de esta investigación, y ante el hecho de que los maestros enfrentaban dificultades para emplear libros muy diversos, decidimos modificar de nuevo nuestras estrategias, buscando que pudiera aprovecharse, al menos, una porción de los títulos enviados. En 1994 la producción de Libros del Rincón consistió en la colección Cinco por uno. Editamos 10 títulos diferentes por cada nivel educativo, e íbamos a enviar cinco ejemplares de cada título por grupo, a fin de que los maestros se sintieran en posibilidades de usar los libros en el aula organizando equipos de trabajo y de que empezaran a perder el temor a los libros. Cuando empezábamos a acertar con la lectura en la escuela, cuando había editado cerca de 500 títulos de libros pensados para una población que no es lectora, fui relevada sin mayor explicación. Tuvo más peso el capricho del subsecretario Olac Fuentes que la experiencia editorial y la investigación realizada. Un DosTres por mí y por todos mis compañeros
Acabamos de iniciar el séptimo año de una publicación que acerca a los niños a realidades que no suelen ser tratadas en la producción editorial destinada a ellos. Encuentro que el periódico ofrece muchas ventajas: es un objeto familiar para muchos tipos de personas; no impresiona tanto como un libro y, por tanto, facilita una lectura más libre, menos formal; al aparecer semanalmente puede incorporar temas de actualidad que se multiplican con sólo seguir las huellas a la realidad. El periódico es un bien más accesible que los libros: se consigue en puestos de la calle y pasa de una a otra mano con facilidad. A nadie preocupa que se pierda; es más, una vez leído, se tira lo cual, por supuesto, también implica ciertas desventajas. De todas estas experiencias parte mi idea de la multiculturalidad. A partir de ellas, creo, es posible proponer algunos elementos para la reflexión.
En septiembre de 1998 publiqué en Un DosTres... un texto titulado Cómo trabaja la gente en el espárrago. Este fue el inicio de una experiencia muy especial. El texto, una descripción casi etnográfica escrita por Jaime Hipólito, niño mixe trilingüe de nueve años de edad, refiere las condiciones de vida de quienes cultivan y empacan espárrago en Bacon Island, California. Estos hombres y mujeres mixes han aprendido a trabajar la tierra de maneras muy diferentes de las de Oaxaca. Son personas que visten jeans y tenis. Aunque tienen una dieta diferente de la que tenían, conservan la tortilla y el chile. Hablan mixe en su casa y en el pueblo, mixenglish en California y, cuando cruzan a México, español. Jaime Hipólito va a la escuela local, le gusta la música, dibuja, lee, escribe, toma fotos, usa internet y quiere ser científico cuando sea grande. ¿Puede hablarse en casos como éste de identidades culturales fijas y definidas? Me parece que ya no. Las fronteras culturales se han desdibujado, las identidades han dejado de ser unitarias, de modo que una persona puede ser, simultáneamente, mixe y mexicana, mexicana y estadunidense, hablante de una lengua indígena y, al mismo tiempo del inglés, indígena y fotógrafa, científica, católica ¡y hasta vegetariana! Se trata de identidades que, como señala Michael Kearney, no se construyen ya por exclusión sino por acumulación, de manera que hoy es posible compartir identidades parciales con otros, convivir íntimamente con personas provenientes de diferentes países, con rasgos, costumbres y visiones que se mezclan merced a los procesos desatados por las migraciones masivas y la globalización de la información. De manera paralela, hoy resulta poco menos que imposible entender las situaciones locales sin hacer referencia a la complejidad global en la que se inscriben. Publicar el texto de un niño con estas características en un periódico mexicano que compra una clase media informada tenía la pretensión de acercar esas realidades a niños urbanitas de ocho a 12 años. Hoy en día, aprender a interactuar con el distinto a mí, esforzarme por entender al otro, respetarlo, es un elemento educativo fundamental. No subestimo las ganas de saber que caracterizan a mis lectores potenciales, reales e imaginarios. Tampoco subestimo su inteligencia. Me los figuro pasando el periódico a otros (niños o adultos), hablando con otros sobre lo que han leído, interesándose por temas que no han encontrado en otro lado.
Hoy me planteo el asunto de la lectura como un problema de enriquecimiento, de construcción de identidades complejas, y no como un asunto relacionado con la intención de responder a los desafíos de la "multiculturalidad" tal y como la entendía hace décadas. Si en un principio busqué deliberadamente reforzar el orgullo de la propia identidad a partir de mi trabajo editorial, hoy quisiera que los niños y las niñas se viesen como sujetos de derechos, que vieran esos derechos encarnados en sus situaciones cotidianas, y que tuvieran capacidad plena para respetar a los otros en su compleja diversidad. Pretendo en particular que muchos niños y niñas logren reconocerse y leerse a sí mismos en el suplemento de un periódico. NOTAS 1. La primera versión de este texto fue presentada durante el primer Congreso Nacional de Lectura y Escritura, organizado por la Secretaría de Educación Pública, Durango, mayo de 2004. 2. Mabel Piccini, "Lectura y escuela: entre las memorias tradicionales y las memorias electrónicas", en El consumo cultural en México, Néstor García Canclini (Coord). Colección. Pensar la Cultura, CNA, México, 1993. 3. Michael Kearney, "The Local and the Global: The Anthropology of Globalization and Transnationalism", Annu. Rev. Anthropol, 1995 24: 547-65. Ilustraciones: Catálogo
1993. Libros del Rincón
|