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México D.F. Lunes 29 de marzo de 2004

Iván Restrepo

Bajo el reinado de los ingenieros tuberos

Pensábamos que se habían ido para siempre, jubilados, que no tenían lugar en la ciudad de la esperanza, pues sus propuestas no son las adecuadas si en verdad se quiere el uso sustentable de los recursos naturales e invertir bien el dinero público. Que su herencia demostraba cómo no solucionar un grave problema que aqueja a la capital del país y al valle de México. Pero no, siguen haciendo de las suyas, prometiendo enderezar entuertos cuando en realidad alimentan a un monstruo de mil cabezas que todo destruye. Me refiero a los ingenieros tuberos, como los llama acertadamente Fernando Menéndez Garza, uno de los especialistas y críticos más autorizados en el tema ambiental.

Y es que el lunes pasado se publicó que las autoridades federales y las del estado de México y del Distrito Federal acordaron cambiar el Programa de Drenaje y Saneamiento del Valle de México -aprobado hace diez años- con el fin de ampliar el drenaje profundo por medio de un megatúnel de casi 50 kilómetros que se llamará Emisor Oriental y será gemelo del Emisor Central, eje del actual drenaje, que sufre un taponamiento que afecta la cuarta parte de su capacidad. Las autoridades anunciaron que con esa obra, cuyo costo es de 5 mil millones de pesos, se resolverá finalmente el problema que presenta ahora el canal del desagüe, el cual ya no tiene la capacidad suficiente para conducir las aguas negras que generan millones de habitantes, industrias y negocios. Debido al hundimiento que registra la cuenca, está en contrapendiente y por eso se regresan las aguas.

Comparto la crítica que contra este nuevo "emisor" hace Menéndez Garza, ya que se intenta paliar los efectos, no las causas del problema. Es como tratar de mejorar la salud de un paciente con múltiples fracturas a base de paños de agua tibia y miles de metros de gasa. Nadie quisiera que un día la más extensa mancha de asfalto del país amaneciera inundada con las aguas negras que generan millones de personas y miles de negocios, pero, como advierte el azote de los ingenieros tuberos, el maestro Menéndez Garza, si el hundimiento de la zona metropolitana y su compactamiento se deben a que extraemos del subsuelo 50 por ciento más agua de la que naturalmente se recarga; si esto hace que funcione mal la infraestructura hidráulica y se causen daños a otras, si a la vez desperdiciamos más de 30 por ciento del agua inyectada a la red de distribución, y si se trata menos de la quinta parte del agua residual para usarse en diversas actividades en la propia zona metropolitana, nos daremos cuenta de que el nuevo "emisor" no es el remedio para curar a un enfermo en estado crítico.

Hay que atacar, en cambio, el origen del problema: la desmedida sobrexplotación del acuífero, origen del hundimiento de la ciudad. Disminuir la pérdida del líquido en la red de distribución, evitar el desperdicio en hogares, industria y servicios, tratar las aguas negras y reutilizarlas. Y, por supuesto, aprovechar el agua de lluvia para recargar los acuíferos. No estamos descubriendo el hilo negro: las autoridades y los técnicos saben que no es con más tubos (para traer, para extraer, para distribuir y, finalmente, para sacar el agua de la cuenca) como se terminará con el problema y que se agravará.

Hace 25 años el entonces regente de la ciudad, Carlos Hank González, invitó a varios expertos de Israel para que hicieran un diagnóstico sobre el problema del agua en la capital. Luego de dos semanas de análisis le dijeron al próspero profesor que no había tal problema, que el agua sobraba y lo que faltaba eran obras para retener y utilizar racionalmente la que, como maná, caía del cielo. Que era un absurdo kafkiano gastar millones en traer agua de lejos afectando otras cuencas o extrayéndola en demasía del subsuelo, en vez de retener e inyectar la de lluvia a los acuíferos para evitar el hundimiento citadino. Igual hacer obras faraónicas para mandar las aguas negras fuera, al Golfo de México, contaminadas. Aunque eran tiempos de administrar la abundancia, recalcaron el dispendio en obras que no solucionaban los problemas.

Pero en la ciudad de la esperanza seguimos como hace 25 años: en el reinado de los ingenieros tuberos, derrochando como si fuéramos ricos y haciendo más frágil al valle de México.

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