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México D.F. Viernes 22 de agosto de 2003

En 1983 se hicieron cargo directamente de la gestión de sus 18 mil hectáreas de bosques

Ejidatarios de Noh Bec, QR, aplican modelo exitoso de explotación forestal

Atienden la conservación ecológica de la zona y exportan a Estados Unidos y Suiza

ANGELLICA ENCISO L. ENVIADA

Chetumal, QR. Sobrevivientes del desmonte impulsado por el gobierno hace tres décadas y de los taladores clandestinos, las selvas del sur del estado tienen todavía algunas maderas preciosas como la caoba, porque otras como el cedro prácticamente han desaparecido. Esos árboles que tardan 50 años en crecer, los ejidatarios los cuidan como tesoros, porque son una de sus principales fuentes de ingresos.

Estos bosques forman parte del 50 por ciento que subsistió a la gran deforestación del último medio siglo y que llevó a la desaparición del otro 50 por ciento de zonas forestales de todo el país.

En Noh Bec los ejidatarios han logrado la conservación y a la vez explotación de áreas boscosas por medio de un programa de manejo en el cual los campesinos cuidan las caobas semilleras, cortan los árboles maduros sólo cuando tienen más de 50 centímetros de diámetro y reforestan permanentemente la selva, aunque únicamente llega a crecer una cuarta parte de las plantas.

Además, con vigilancia permanente de las 216 familias de la comunidad, cuidan de los taladores clandestinos las 18 mil hectáreas de bosques. Esta superficie les fue dotada en 1935, luego de haber llegado de Veracruz para asentarse en esta localidad, explica el presidente del comisariado ejidal, Julio Reyes.

De ser comunidad chiclera pasó a ser un ejido forestal que se empleó en sus propias tierras por la empresa MiQro, que operó en la región desde 1953 hasta 1983, y que fabricaba triplay con la madera de estas selvas. De acuerdo con el especialista Hugo Galletti, los comuneros no participaban ni obtenían ningún beneficio del aprovechamiento maderero de sus montes, porque la empresa tenía acceso directo a ellos y pagaba a los ejidatarios una cuota, como derecho de monte, fijada por el gobierno.

Puntualiza que durante las décadas de los 60 y los 70 la política agraria del Estado subsidió el desmonte, con lo que gran parte de la superficie de la entidad se perdió. Sin embargo, para 1983 "el grado de destrucción alarmó al gobierno" y la concesión de MiQro terminó ese año y se estableció el Plan Piloto Forestal (PPF), con el cual los ejidatarios empezaron a aprovechar su bosque por medio de la explotación guiada por un plan de manejo que establece que una zona aprovechada puede volver a ser tocada 25 años después y se definen condiciones para el corte de un árbol, como el hecho de que caobas menores a 53 centímetros no puedan ser taladas.

Con el PPF también se impulsó que los ejidos dejaran una área forestal permanente, que administraran el negocio, que tuvieran aserraderos y se organizaran para la comercialización de la madera, agrega Galletti.

Y como resultado de ello el primer aserradero campesino se estableció en Noh Bec, donde desde hace dos años los ejidatarios crearon la empresa Productos de Bosques Tropicales Certificados Noh Bec, ya que como ejido no podían obtener financiamiento y como empresa era más fácil lograrlo, explica el ejidatario Francisco Montalvo.

Desde la entrada a Noh Bec, lo primero que se observa es el aserradero, en torno al cual giran las actividades de la comunidad. El ejido designa a los administradores de la empresa, mientras los funcionarios de éste son los que se hacen cargo del aspecto social de la comunidad, en lo que se incluyen desde los servicios de salud hasta la administración del bar La Palapa.

Reyes asegura que este es el primer ejido en todo el país que tiene una empresa, y al tiempo que muestra las caobas, los chicozapotes y los árboles de chicle, comenta que "aquí no nos olvidamos de los ancianos. Les damos pensión, y en caso de que algún ejidatario padezca una enfermedad grave, nos hacemos cargo de su atención médica", relata.

Aquí aún hay jaguares

A través de los caminos que se abren paso a paso para explotar la zona que este año les corresponde cortar, dice que a veces se escuchan los jaguares que existen en esta selva, que también son una especie protegida por la ley ambiental, debido a que en varias regiones de donde eran originarios ya desaparecieron.

A unos kilómetros de la reserva de la biosfera Sian Ka'an, los bosques de Noh Bec lucen intactos y se ostentan como un modelo de aprovechamiento forestal. "Los ingresos que obtenemos de las maderas preciosas, los destinamos al pago de las utilidades. A pesar de que hay una gran variedad de especies maderables, las que se comercian son apenas 10", detalla.

Exportan caoba a Estados Unidos, a pesar de la competencia que representa la madera ilegal de Brasil, que se corta clandestinamente, y a Suiza mandan variedades como el chicozapote, que es una de las maderas duras decorativas. De las ventas totales del ejido, que al año son 6 mil metros cúbicos, 65 por ciento corresponde a maderas duras tropicales y el resto a maderas preciosas. Los ingresos anuales de la empresa son 12 millones de pesos, y de ellos 2 millones se van en impuestos, mientras que 600 mil pesos son para previsión social, además de que en promedio cada socio obtiene utilidades anuales de 21 mil pesos.

David Bray, especialista en el tema, destaca la innovadora organización que hay en este ejido; "hay inversión en capital social, lo que hace posible tener una mejor explotación del bosque". En este sentido México es un modelo por la gran cantidad de zonas forestales manejadas por comunidades y por empresas comunitarias ejidales, asevera.

Recuerda que la primera agrupación de productores campesinos fue la Sociedad de Productores Ejidales Forestales de Quintana Roo, la cual agrupaba a 24 comunidades en la zona maya y Noh Bec salió de ella en 1998, para trabajar como ejido independiente.

Aunque las tasas de deforestación van de 4.3 a 12.4 por ciento entre 1970 y 1990 en el sureste mexicano, en la zona sur del estado la pérdida de bosque ha sido de 0.4 por ciento en promedio. Precisa que 61 ejidos tienen permisos forestales, pero sólo cinco tienen volúmenes importantes de maderas preciosas.

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