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México D.F. Domingo 3 de agosto de 2003

ENTREVISTA / PAUL GARNER, HISTORIADOR

Porfirio Díaz, autoritario que surgió de la tradición liberal

SE MANTUVO ENTRE LA MANO DURA Y LA COMPONENDA POLITICA, DICE

Tras 10 años de investigación, el autor descubre una notoria continuidad entre liberalismo y porfirismo

LOURDES HERRASTI M. ESPECIAL PARA LA JORNADA

En México se nos enseña que el porfiriato fue una ruptura de los ideales liberales de Juárez y su generación y que, a pesar del desarrollo de la infraestructura, el progreso económico sólo benefició a unos cuantos aristócratas y extranjeros, mientras el pueblo muerto de hambre era mantenido a raya por la mano de hierro del general Porfirio Díaz. Nos dicen que fue necesaria una revolución para terminar con este sistema y crear uno nuevo, completamente distinto al anterior.

Paul Garner, en su nuevo libro, Porfirio Díaz, de héroe a dictador, contradice esa visión y después de 10 años de investigación descubre una notoria continuidad, no sólo entre liberalismo y porfirismo, sino también entre este último y los años de la posrevolución. Describe a un Díaz enérgico, pero sobre todo a un negociador, a un hombre con profundas habilidades políticas, inteligente, lleno de sutilezas, enigmático, como a un cínico pragmático que logró mezclar dos culturas antagónicas: la tradición caudillista y patriarcal y los principios del liberalismo.

Un equilibrista

Garner, habla, en fin, de un "equilibrista" que se mantuvo entre la autoridad central y la autonomía estatal, entre la mano dura y la componenda política, entre diplomacia y defensa de la soberanía. Desde el punto de vista de este autor, el conocido como vendepatrias era un defensor de la soberanía, además de haber encabezado un gobierno honesto, tan poco frecuente en nuestros días.

En este país juarista y antiporfirista, Garner se plantea que Juárez, de haber sobrevivido, se hubiera comportado como Díaz, y Díaz... como Madero.

-ƑHay algunos autores con quienes especialmente comparta su visión sobre el porfiriato?

-Creo que una nueva versión sobre ese momento de la historia requiere de los libros de Daniel Cosío Villegas. El empieza a dar una visión que no es tan maniquea e inclusive dice que Díaz no fue ni ángel ni demonio. Pero sus libros tienen todavía un matiz antiporfirista, pues plantea que básicamente el régimen de Díaz era una distorsión del proyecto liberal, y en eso no estoy tan de acuerdo.

''Ya en esos años está el libro de Enrique Krauze, sin mucho análisis documental, pero también presenta una nueva visión. Para mí, Krauze tenía un proyecto político y quería no sólo desmitificar a Díaz, sino también desmitificar y enterrar tanto al porfirismo como al priísmo. Yo no tengo esos intereses políticos, soy extranjero, no vivo en México y soy un historiador profesional.

''Hay sin duda otros muchos autores serios, y una corriente particular para el estudio del porfiriato, pero lo importante es que esta nueva visión no ha llegado a la conciencia popular ni a la de los políticos. Por ejemplo, el gobernador de Veracruz dijo hace poco que aún no se podía pensar en inaugurar una estatua de Díaz, porque había sido un tirano.

-Además de la habilidad para mantener un equilibrio entre el liberalismo y el caudillismo, y de utilizar lo qué más le convenía de cada uno, Ƒcuál sería uno de los principales aportes del porfiriato?

-Los aportes al liberalismo tuvieron que ver fundamentalmente con el positivismo. La ideología del positivismo era un viraje hacia otro tipo de gobierno y ofrecía una justificación para un autoritarismo más abierto, pero aún seguía siendo un producto liberal.

Sistema con legitimidad

-Pero Díaz más que creer en los principios liberales los utilizaba en su favor, para mantener y aumentar su poder, para conservar equilibrios, Ƒno considera que eso significaba una traición al liberalismo?

-No fue una traición sino una transición. Con las mismas raíces, pero con un viraje modernizante en cuanto a cuestiones de progreso material. Se pensaba que había que estudiar científicamente cómo conseguir el progreso material y ponerlo en práctica. Viene del positivismo de Francia y llega a México por España.

-Pero si bien existía cierta legalidad, Ƒqué pasaba con la legitimidad?

-El sistema tenía legitimidad. Las dos culturas políticas que lo sostuvieron, y que aún están vigentes, tenían su legitimidad. La del sistema político liberal del XIX que nace con el país a principios de siglo, la del sistema constitucional consistía en las elecciones y ese era el proyecto, Díaz se presentaba a las elecciones, aunque con mucha habilidad se cuidó de expresar su intención personal de mantenerse en el poder y lo hizo, en todas las ocasiones, reconociendo que cumplía con una obligación que tenía para con la patria, como una respuesta a una demanda de la nación. Y no siempre fue mediante una gran trampa.''Por otro lado, México nace con la cultura del autoritarismomo. Es una cultura que va mucho más allá del siglo XIX, que está presente en la Colonia y en el México prehispánico y sigue vigente hoy día. Así, además de la legitimidad liberal que se encuentra en la Constitución, el caudillismo también tenía legitimidad. La de un sistema caudillista en el poder, el caudillo que se encuentra en la cima de la pirámide, es el caudillo de caudillos. Dos legitimidades de dos culturas diferentes, culturas políticas contradictorias.

''Díaz maneja ambas culturas. Yo no diría que las reconcilia. Quizá la reconciliación existe en el hecho de que duró 30 años en el poder, en un país de contradicciones tan fuertes, y lo hizo sin mayores revueltas, sin intervención militar; un país que era y que sigue siendo muy difícil de gobernar. La versión satánica, antiporfirista, dice que lo hizo con mano de hierro. Pero obviamente eso no es cierto, no tenía los recursos para hacerlo."

-ƑPero la legitimidad social?, la que debía darle el pueblo, no el grupo positivista o los militares. El pueblo hambriento y reprimido.

-El pueblo era obviamente parte de su sustento. Como decía Francisco Bulnes, el pueblo busca pan y no democracia. Por otro lado, la represión y la mano dura no fueron características sobresalientes del sistema, sino más bien una táctica torpe que se presentó a partir de 1906.

Cultura de pirámide

-Pero no había pan.

-Eso no fue así. Había pobreza, desigualdades de ingreso, igual que ahora o quizá más ahora y en algunos estados más que en otros. Pero la legitimidad le venía como parte de esa cultura de pirámide, era el padrino, el patriarca. Díaz tiene conciencia de ello y lo manipula. Igual que todos los presidentes de México, tenía el problema de convertir al pueblo de súbditos a ciudadanos, pero no podía atenderlo todo... ni en 30 años. Formar ciudadanos requiere un proceso muy largo, que aún no termina. Si uno le hubiera preguntado cuál era el proyecto, ése era. El proyecto liberal es crear infraestructura económica, secularizar una sociedad y crear instituciones representativas.

-Y en cuanto a la Iglesia, sabemos que Díaz se hizo de la vista gorda para mucho de lo que los curas hacían. ƑConsidera que hubo avances en la secularización?

-Sí. Cuando Díaz llega al poder el programa anticlerical era un proceso que aún no concluía, había una gran resistencia cultural y política, y cada estado había logrado diversos avances. Díaz, como masón, compartía una antipatía hacia el poder de la Iglesia, y antes de llegar a gobernar había sido de los liberales radicales en este sentido, pero no quería repetir los problemas del anticlericalismo. Así que hubo un truco en su reconciliación con la Iglesia por medio de acercarse a los representantes de la jerarquía católica e inclusive con su matrimonio con Carmelita Romero Rubio, y también la habilidad de señalar que una cosa eran sus creencias privadas y otra su responsabilidad pública, aunque siempre dando la posibilidad de que la Iglesia mantuviera un lugar. Con ello atraía a los conservadores católicos y tranquilizaba a los liberales anticlericales.

''Como todos los actores políticos y sociales de ese momento, como el ejército y la prensa, lo importante era que la Iglesia se sujetara a su poder de presidente, y a cambio de ello podía tener algunas facilidades. Pero lo más importante es señalar que el equilibrio con la Iglesia se logró en gran medida porque ésta, en todo el mundo, estaba en un momento de renovación y buscando orientarse más a los problemas sociales, y finalmente Díaz relajó la aplicación de la ley, pero sin conceder en cuanto a lo que exigían los principios liberales y sin hacer enmiendas a la Constitución.

-También plantea que, más que una ruptura hubo una continuidad entre el porfiriato y los años de la posrevolución, continuidad en la política económica, en el trato con la Iglesia, en la forma de hacer política y de negociar. ƑCuál sería entonces el aporte de la Revolución?

-Veo muchas continuidades, cambios de dirección en lo relativo a un impulso para una mayor participación del Estado, por ejemplo en la economía. Es un capitalismo con una fuerte intervención del Estado, y también la formación de instituciones, pero lo que veo son sobre todo continuidades políticas. Un equilibrio de esas dos culturas del siglo XIX: el liberalismo y el caudillismo, con las que todavía el gobierno de México del siglo XX y del siglo XXI, tienen que luchar.

Culto a la personalidad

-ƑA qué se debe la velocidad con la que se desplomó el sistema?

-El mismo sistema que Díaz crea tiene contradicciones muy fuertes, como el hecho de que él no cree en la relección, pero se sigue religiendo. Y a partir de la enmienda constitucional que dice que la relección puede ser permanente, el régimen se vio obligado a crear el culto a la personalidad y presentar a Díaz como el único capaz de gobernar a México. Pero esto mismo llega al momento en que no puede resolver el problema de la sucesión.

''En la entrevista con Creelman, dice que ya no va a gobernar, pero su error fue cambiar de opinión. Y lo hizo, como siempre, señalando que era obligado por la responsabilidad, para cumplir con un deber que se le demandaba. Esto desata debates que no se habían visto desde 1883. El cinismo abierto y el problema de la sucesión fueron sus debilidades.''

-Además, México era otro país y Díaz no modificó sus métodos. ƑNo cree que es lo mismo que le pasó al PRI?

-Sí. El sistema seguía siendo personalista, caudillista, aunque con principios constitucionales. Hoy el PRI tiene que luchar también con la presencia de estas dos culturas políticas. En distintas circunstancias y por supuesto con distintas armas, pero el sistema tiene las mismas contradicciones y las mismas dos culturas antagónicas, los mismos problemas.

''México no ha cambiado gran cosa y, en nuevas circunstancias y con nuevas herramientas, sigue debatiéndose entre estas dos culturas decimonónicas: el caudillismo y el liberalismo.''

-Supongo que llegará el día en que tengamos que desmitificar a los gobernantes de los pasados 30 años.

-Hay muchos mitos. A los políticos les encanta crear mitos, porque simplifican mucho las cosas. Son los historiadores los que deben desmitificar. Yo no soy porfirista o neoporfirista, no lo podría ser, soy un profesional de la historia. Lo que a mí me da la medida del sistema, de las personas, es la cantidad de mitos que hay y, en el caso de Díaz, son enormes y hay que luchar contra ellos.

''Hay personajes que se vuelven intocables, pero para los historiadores no puede haber intocables. La historia es un proceso constante, hay que estar revisando, no hay verdades ni obras definitivas, es un trabajo de aproximaciones sucesivas. Por eso sigo profundizando en el tema, ahora investigando sobre Pearson, el británico que, entre otras cosas, contribuyó con Díaz a la modernización del país."

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