Jornada Semanal, domingo18 de mayo del 2003                núm. 428

LUIS TOVAR

EL OPTIMISMO
IRRESPONSABLE

La Secretaría de Gobernación organizó, el viernes 9 de mayo pasado, una cena de gala "para homenajear a los artistas mexicanos galardonados con el Ariel [...], así como a los postulados en la pasada entrega de los Oscares", de acuerdo con la agencia Notimex. Todos los medios que cubrieron el evento afirman que "se reunió a la comunidad cinematográfica". Asimismo, se da cuenta de la participación del secretario Santiago Creel, quien tuvo a bien mandarse hacer una alocución ad hoc, plena de referencias cinematográficas. Creel exhibió un optimismo perfectamente inexplicable en frases como "este buen momento que pasa el cine nacional", para luego recalar, a sabiendas o no, en el mismo discurso de siempre: "impulsar nuestro cine", "generar una industria fortalecida", "más empleos, más premios y mejor cine". Para rematar, anunció que su jefe inmediato le ha "girado instrucciones" (frase que parece encantarle lo mismo a funcionarios gubernamentales que a reporteros, y que es la más alta joya de la evanescencia burocrática y discursiva) para que se "abran los espacios".

Basta con quitar los eufemismos implícitos en toda generalización para que empiecen los resbalones, entre los que destacan los aquí enumerados:

1. La comunidad cinematográfica no se compone de los invitados especiales que asistieron a la cena, y tampoco se compone solamente de los cineastas –directores, actores, productores, etecé–, arieleados o nominados al Oscar.

2. El cine nacional no pasa por un buen momento. Como dijo Gustavo Montiel, "se produce menos que nunca, hay menos elementos estructurales para que se produzca y no tiene ninguna defensa en la distribución y exhibición". La visión de Creel no puede ser más simplista, y requiere la apropiación de criterios similares a los de cualquier revista farandulera o programa de televisión, de los muchos que se sintieron felices porque nunca antes tantos mexicanos estuvieron nominados a un premio cinematográfico que lo que menos premia es al cine.

3. El impulso para que nuestro cine "siga teniendo el éxito que merece" no debe consistir en el reconocimiento, vía cenas lujosas, a lo que ya se logró –aunque sea difícil hablar aquí de logros–, sino en el apoyo a lo que aún no se consigue. Y de nueva cuenta: ¿de verdad es un logro ser tomado en cuenta por la Academia hollywoodense?

4. Le robo a Nikito Nipongo la disección de la frase: "generar una industria fortalecida". Sólo es posible generar algo que todavía no existe, y si el sujeto aquí es una industria, no vale decir fortalecida pues tal adjetivación implica que la industria ya existe y se le quiere conferir una fuerza de la que carece. No es mero prurito lingüista: frases así son indicativo de un extravío conceptual mencionado aquí muchas veces. En México se hace cine aunque no haya industria cinematográfica, y es preocupante, por decir lo menos, que un funcionario de ese nivel incurra en falencias tan palmarias.

5. ¿Qué significará "más empleos, más premios y mejor cine", así enumerado? Nadie dirá que no desea lo mismo, pero una cosa no lleva necesariamente a la otra. La televisión, por ejemplo, no es mejor ni gana premios en tanto más empleos genere, ni el futbol, ni cualquier otra cosa que a usted se le ocurra. El factor cuantitativo no implica mejoras cualitativas. Podemos hacer mucho cine malo que nadie premie, como sucedió hace no demasiados años.

6. Las instrucciones giradas por Fox a Creel para que se abran los espacios no son, salvo pruebas concretas en contrario, más que otra probada de atole con el dedo. De nuevo coincido con Montiel cuando dice que "un acto de éstos no se justifica si no es para concretar una propuesta específica para el cine".

EL ESPÍRITU DE LOPE

Como en Las aceitunas, de Lope, el olivo todavía no es sembrado y los agricultores ya se pelean por el precio que tendrá la fanega. Parte importante de la comunidad cinematográfica fue convocada a un evento hecho para celebrar: a) lo que no merecía tanto la pena celebrar, y b) lo que todavía no existe. Lo primero como pretexto para lo segundo; Arieles y Oscares para anunciar algo que el gobierno quiere hacer –por instrucciones giradas–, y que no hacía ni ha hecho aún, sencillamente porque no ha querido, empezando con un apoyo económico sin pichicaterías y sin condicionamientos de ningún tipo, así como la construcción de un marco legal/fiscal/estructural que permita, entre otras cosas: a) que nadie dependa exclusivamente, para filmar, de la chichi estatal; b) que nadie precise del heroísmo para hacer una película; c) que deje de ser norma la pérdida de la inversión en un filme; d) que distribuidores y exhibidores sean despojados del poder desmedido del que siguen gozando; e) que un día podamos organizar una cena, aunque no sea de postín, para celebrar que el cine mexicano ha dejado de ser un moribundo de diez o quince cintas anuales, mesmerizado a fuerza de unos pocos premios y nominadas, buenas intenciones y optimismo irresponsable.