La Jornada Semanal,   domingo 18 de mayo del 2003        núm. 427
René Rebetez 
entrevista a Arreola

Taller de reparación de artefactos literarios

Transcripción fecunda de una grabación electrónica llevada a cabo a la hora del desayuno en el "Camino Real" publicada en La Vida Literaria, núm. 29, mayo-junio, 1978.

-Buenos días, mi querido Juan José Arreola. Quisiera aprovechar esta plática con el fin de hacer llegar al Mundo (literario) algo sobre las innovaciones cibernéticas que tu Taller se propone hacer, o efectúa ya, en los textos de nuestra época. ¿Qué hay de cierto en el asunto de los trasplantes literarios? La gente se hace preguntas, inquiere, corren muchos rumores al respecto. ¿Cuál es la verdad en este asunto?

–Mira, Rebetez, la verdad es que ya se han realizado con todo éxito injertos y trasplantes literarios, tanto en obras inéditas como también. (¡Es legítimo! ¿No?) en obras ya publicadas. Nosotros queremos acabar con las comillas y las referencias al pie de página. Si en un momento dado injertamos tantito Shakespeare, tantito Dostoievsky o tanto Marqués de Sade en determinado texto. Esto ya lo han hecho...

–...el doctor Barnard, ¿verdad?

–...por supuesto; nosotros tenemos que tener en cuenta todos los tipos de sistemas musculares, nervioso y circulatorio del órgano a suplantar. Me refiero, tú sabes, a la sintaxis, a adaptar al estilo del autor la pieza injertada.

–¿Cómo han resuelto el fenómeno del rechazo por parte del organismo literario?

–A veces no resulta. Cuando queremos injertar un trozo de Cervantes, por ejemplo a un autor narrativo, la pieza de "bota", digamos como que no embona. Pero es sólo cuestión de irse extendiendo más en torno al tejido injertado, creando unas zonas intermedias en forma de ir "descervantizando" a Cervantes hasta integrarlo al hombre común y corriente, autor del pasaje, quien requirió explícitamente: "Yo quiero que haya algo de Cervantes en mi obra".

–¿Entonces el rechazo ya no tiene lugar?

–Entonces sucede algo maravilloso: sientes algo así como una gema, o como un fruto climático que está a punto de surgir. Por medio de una adaptación del contador Geiger logramos medir entonces las densidades poéticas. La aguja entonces, mira, haz de cuenta, se mueve cuando se acerca uranio. No sabes qué experiencia tan bella. Por ejemplo, en un soneto de Quevedo, en el momento en que Quevedo es Quevedo, se vuelve loca. Pero de pronto cae...

–¡Vaya, vaya! Y ese aparato es importado...

–Nada de eso. Es pura técnica mexicana. Completamente. Incluso, personas que no tenían ni idea acerca del funcionamiento del contador Geiger llegaron a este resultado por intuición, porque nuestro pueblo es prodigiosamente intuitivo...

–¿Crees que este aparato pueda ser aplicado también a escritores foráneos, o se trata simplemente de un asunto local, que obra exclusivamente sobre una idiosincrasia determinada?

–Es absolutamente internacional, claro, a condición que se adapte a las diferentes lenguas. Por ejemplo, actúa igual sobre un texto colombiano que sobre uno mexicano. En el caso de otro idioma tiene que ser programada convenientemente. Ahora, hay que aclarar que todos los programas están hechos a base de grandes autores. La sintaxis es la expresividad poética porque es la ordenación de las palabras. Así, tú puedes introducir al aparato un texto medio mal organizado y éste lo estructurará en la mejor forma posible.

–¿Son notorios los injertos?

–En esto de injertos y trasplantes hemos ido muy lejos. Realmente más allá... Mira, por ejemplo, a grandes especialistas les hemos dado a leer algunos textos injertados y no han notado nada. Les hemos hecho la broma de leerles obras injertadas, de cosas suyas. Y no han percibido nada. Octavio leyó poemas que tenían injertos de libros suyos, un poco alejados en el tiempo, ¡y no sintió nada! Esto quiere decir que la tolerancia era perfecta.

–Lo que me estás diciendo tiene una importancia: incalculable: esto aportará un material hasta ahora ignorado por los críticos y los antólogos.

–Por supuesto. No sabes lo que es desimbricar a Lope, a Góngora y a Quevedo, por ejemplo. A los tres del pleito. No se sabe quién es quién. El otro día con Borges, en San Diego (¡dos, dizque, conocedores!) tuvimos que apostar a propósito de si un verso era de Lope o de Quevedo. Borges finalmente admitió: nadie honradamente puede distinguir un verso de Lope, de Quevedo o de Góngora.

–¿Y cómo se llama el Instituto o Taller de Trasplantes?

–Nada de eso. Se le denomina Taller de Reparación de Artefactos Literarios.

–¿Y qué garantías da el Taller? Por ejemplo, ¿se garantiza que las obras sean "best-sellers"?

–Para allá voy. Se garantiza la recuperación del costo. El Taller lleva dentro de sí, como un quiste maravilloso, una compañía de seguros. Además tenemos aparatos de predicción y sondeo, para saber de antemano cuántos ejemplares de un libro se van a vender y a qué precio. En los casos graves, casos sin remedio, perdidos, desahuciados, no prometemos que el autor recupere la inversión –los autores pagan una cuota al taller, claro estᖠpero el mero hecho de la publicación confiere tal alivio, tal satisfacción del ser, que esa inversión de todas maneras sale más económica que un tratamiento psicoanalítico.

–Veo que hay un paralelismo sensacional entre el Taller de Reparación de Artefactos Literarios y la psicocibernética. Tal vez el resultado final sería algo así como una ciberno-literatura... ¿Pero es ésta una empresa elitista?

–Nada de eso. También tenemos servicio social, para escritores carentes de medios de fortuna. Eso sí, un escritor dotado de talento y humilde, que triunfa, es un autor obligado a sostener el perfeccionamiento de otros autores a través del Taller.

–¿Cuáles son las metas definitivas del Taller?

–El ideal del Taller es llevar a su perfección cada objeto, cada artefacto literario. A su mayor perfección p-o-s-i-b-l-e. No queremos falsificaciones. Queremos un verdadero trabajo de equipo, en el tiempo y el espacio. Tenemos autores jóvenes que trabajan en equipo. A uno se le ocurre una cosa, al otro, otra, al de más allá, otra. Co-firman el resultado final. Para ello se crea un nuevo personaje, el autor. El autor que no podrían ser solitos, aislados cada uno. Como ves, nuestro trabajo es futurista, ya que todo tiende a convertirse en trabajo colectivo. Vamos a poner tan de moda el trabajo en equipo, la colectura, que hemos revivido dos personajes legendarios: Me Lees y Te Leo.

–Como sabes, ese es Lema de Oro de la Literatura Colombiana.

–Ahora lo hemos hecho nuestro. En realidad, son dos personajes griegos avecindados en Colombia. Yo conozco obras de Mes Lees y conozco obras de Te Leo, por supuesto que conozco mejor las del primero.

–Eso me recuerda muy de cerca a Peleas y Melisande...

–Por mí van. Pero ahora quiero abordar otro asunto que nos ocupa profundamente en el Taller: ya hemos logrado el cambio de sexos...

–¿El cambio de sexos hormonal o el cambio de sexo puramente literario?

–De todo a todo. Te narré el caso de una muchacha novelista, de pueblo, a quien su abuela le había colmado la cabeza de relatos de la revolución cristera. Y se puso a escribir una novela. Me recordaba a mí mucho a "Clemencia", de Altamirano. Era una novela rosa, un poco rosa sucio, pueblerina, lánguida, pero conteniendo un personaje notable, lo que podría llamarse el último macho de Jalisco. Tú sabes que ya no se puede hablar de machos, menos de machos de Jalisco, después de toda la campaña de destrucción de la especie que ha hecho el cine mexicano. Pero ahí, en esa novela estaba el último de ellos, un cristerazo a todo dar. Y había junto a él una muchacha, de la más paloma, de lo más tímida, de lo más casta, que ante el asombro de todo el pueblo estaba enamorada, primero idealmente y luego ya de una manera menos ideal...

A la historia, definitivamente, se la lleva el viento. Queda cercenada; postergada, o tal vez su hilo tenue y vivencial se recupere de nuevo en la conversación. Ya lo veremos RR.

–Lo importante es que ya casi todos los escritores, no sólo de México, sino de toda Latinoamérica, se encuentran suscritos al Taller, por amor a sus propias literaturas. Ahora no tendrán lugar desigualdades tales como que de pronto en Perú, o en Colombia, surja un escritor genial, así no más. Ahora todo tendrá que disolverse en la expresión del genio colectivo. Fíjate en lo que va a ser la descarga de la soberbia, de la vanidad, de la acumulación excesiva de riqueza en una persona. Ahora ni siquiera vas a recibir todos los honores, aunque lleve tu nombre la obra de que eres el autor original, porque sabes que detrás de ti hay todo un equipo, que siempre lo ha habido. Faltan de "meter en el aro" tres o cuatro, nada más.

–¿Qué otros servicios presta el Taller?

–Innumerables. Cabe mencionar frases célebres que todavía no han sido dichas, no sólo griegas y latinas. Cuartetas de tipo copla popular como "todo se ve del color del cristal con que se mira", tenemos miniaturistas especializados y en esto las mujeres están resultando sensacionales: tenemos chistes, situaciones humorísticas que darán al traste con el famoso "Humor Involuntario".

–¿Y cambios de género?

–El otro día transformamos una tragedia de tipo prehispánico (¡fíjate lo que es difícil de tratar!) en la cual se trataba de los indígenas asediados por un puñado de conquistadores españoles. El autor estaba totalmente traumatizado por su obra. Pero con nuestro asesoramiento psiquiátrico aquello se convirtió en una farsa muy agradable. Comprobamos que todo el drama de la Conquista, todo el derramamiento de sangre, puede convertirse en algo festivo, feliz, y viene a ser la pieza un modelo de cómo ha debido de ser la Conquista.

–Intuyo aquí una forma en la que la literatura puede incluso intervenir en las cadenas nucleicas, transformar el adn y reformar el programa genético de los pueblos. Todo esto rebasa el campo de la literatura y se adentra en la biología: siempre me he preguntado cómo los complejos de culpa (y otros) podrían ser borrados de los genes, ya que el bautismo y los psiquiatras no lo han logrado todavía...

–Lo que dices es muy justo. El trauma de Latinoamérica es el resentimiento de haber sido aplastado. Ser descendiente de un padre que aplastó a la madre o por lo menos, que la trató mal. Es el drama del mestizo. Yo soy mestizo. Y creo que hay una curación que sólo tomará dos generaciones en llevarse a cabo. Se va a liberar el resentimiento. Haz de cuenta de que todos vamos a ser Rubén Darío, que proclamó la independencia literaria de Latinoamérica.

–De manera que ahora lo que se pretende –a través del Taller– es efectuar a nivel colectivo lo que entonces hiciera una sola persona: Rubén Darío.

–Cierto, aunque a decir verdad, Darío nunca estuvo solo. Fíjate que Darío revivió toda la historia, no únicamente de la Literatura. No solamente clasificó todos los metros sino que creó nuevas modalidades estróficas. Entonces tocó el órgano de la lengua castellana como no lo había hecho nadie desde los Tiempos de Oro; y se puso a improvisar el Gran Canto Universal. Fíjate que Darío es tan poseedor del Mundo como Walt Whitman o como Paul Claudel: recurre a la prehistoria, está en Egipto, está en Mesopotamia, en todas partes. Luego se mete en Grecia; y saquea Roma. En la Edad Media hace maravillas, incluso villanelas y canciones que podrían ser de François Villon: Recuerdas aquello del caballero, garrido noble y garzón a quien clavaron un acero tan cerca del corazón. Y aquello de: "...yo fui un soldado que durmió en el lecho de Cleopatra la Reina...". Lo que es Darío realmente: un inspector general de a Creación. Esto es muy importante para el Taller. La frase es una deformación de Claudel.

–Volviendo al universalismo literario, producido en equipo, que propone el Taller de Artefactos... ¿No corremos el peligro de que en determinado momento no exista diferencia alguna entre, digamos, la literatura mexicana y la literatura sueca?

–Imposible: Por eso somos capaces y poseemos aparatos: para exaltar y no matar. Para percibir realmente los signos distintivos de cada escritor, de cada nacionalidad y de cada región...

–...el sello genético, por decirlo así...

–Exactamente. En Colombia, por ejemplo, no va a escribir igual una persona que exprese el genio de determinada región, por ejemplo, el Valle del Cauca, que otra que exprese la de una región extrema y tal vez contraria, como podría ser Bogotá. A propósito, tenemos que cuidar ese tono grandilocuente que a todos los colombianos parece maravillar. A propósito hay que respaldar la tesis de un miembro de la familia Restrepo [?] que explica la abundancia del talento en Bogotá por razones de orden físico y meteorológico, por la gran cantidad de ozono atmosférico que se encuentra en el cielo bogotano, gas que fortalece mucho el talento....

–...y el desempleo, por supuesto...

–Seguramente. Pero el caso es que hemos hecho pruebas aplicando ozono a los escritores a través de ventiladores o cascos de los que se usan en los salones de belleza. Escribir antes del ozono y después del ozono, marca una diferencia notable.

–Esto implica una gran lección para algunos escritores hechos y también para los que están por hacerse: y es que, según todo esto, también puede hacerse el ozo con zeta, según este proceso novísimo de la o-z-o-n-i-z-a-c-i-ó-n.

–Esto tiene que llegar indudablemente a plasmar la idea de participación. Tú sabes que estoy por la literatura anónima. Tenemos que volver al anonimato total, la meta es que nadie firme. Tenemos que defendernos. Hay países que, con el fin de mercadotecnizarnos y serializarnos, han promovido a algunos escritores latinoamericanos con el fin de consumirnos.

–Lo que propones es un retorno a lo primitivo, cuando el artista no se preocupaba de firmar y la obra, por ejemplo, en artes plásticas, era algo realmente funcional para la comunidad...

–Los autores bíblicos y evangélicos son series de autores. La Canción de Rolando, el Mío Cid, las más grandes epopeyas de la humanidad como el Ramayana. ¿Es de Vlamikiel Ramayana? ¡No! Como no es de Homero la Ilíada, ni la Eneida es de Virgilio. Son tradiciones y equipos.

–Algo así com Ellery Queen.

–Es el caso mismo de Cervantes. Aun cuando trabajó en la cárcel estaba asistido por el bibliotecón de todas las novelas de caballería que se traía en la cabeza . Sobre el Quijote nadie ha hecho el recuento de estampas caricaturales, el catálogo de temas para demostrar que a Cervantes, como a Shakespeare, no se le ocurrió nada. Lo que hizo fue ser el redactor heroico de una masa tradicional. Por eso queremos desmentir esa actitud europea y norteamericana de exaltar algunos autores exageradamente, no sólo para recuperar la inversión que han hecho al editarlos, sino enriquecerse creando un ejército de vendedores y compradores de libros. Lo que nosotros queremos hacer es crear ejércitos de coleccionistas de autógrafos para que la persona tenga la alegría de poner un pensamiento suyo en un álbum, por ejemplo. En realidad no queremos que los autores conceden autógrafos sino que escriban pensamientos. Cada uno puede tener su "stock". A todas las personas que acudan a nosotros podemos proporcionarles modelos de dedicatorias con variantes. Naturalmente, no todas son originales. Pero no le hacemos ningún daño a La Rochefoucauld, o a Emerson, o a Nietzsche, por ejemplo, haciéndolos circular bajo la forma de un autor modesto. Los autores consagrados sí es deseable que tengan sus pensamientos originales, que también se los podemos proporcionar nosotros.

–¿Son los que se denominarían pensamientos propios?

–El paso inicial de todo esto, lo dio la traducción en equipo. Dickman y su orquesta de traductores llevaron a su feliz término el Ulises de Joyce. En ese momento se nos abrió la puerta. Tú sabes que mis traducciones han pasado siempre por tres o cuatro manos. Y ahora, Octavio Paz les da el último toque.

–¿Qué otras proyecciones del Taller de Artefactos Literarios?

–Definitivamente estamos en contra de la pornografía. Queremos sustituirla por una literatura erótica, llena de salud. Porque veo la posibilidad de una peligrosa languidez, dado lo enfermizo de la producción actual. Los auténticos productores del género están enfermos y los que no son auténticos son muy buenos comerciantes. Queremos sanear el comercio literario y de paso, la literatura misma, para enriquecer la vida e-s-p-i-r-i-t-u-a-l. Desde luego que trabajamos toda clase de intrigas. Nada de lo humano nos es ajeno en el Taller. Pero lo que más deseamos es llevar a los lectores a una experiencia feliz, sobre todo en el terreno erótico. A pesar de que Sade haya sido un buen trampolín para los comerciantes, es profundamente sombrío. Nosotros lo queremos iluminar: el mismo Sade, pero con colores aurorales, primaverizado. Que todo el mundo erótico no tenga ese aroma a veces necrofílico, sino que sea frutal, y marino...

–Es decir, una literatura llena de frescor ¿Verdad?

–Sí, de frescor. Y que no se niegue a profundizar, siguiendo el ejemplo de los grandes, en los abismos de la conciencia y de la subconsciencia. Nuevamente vuelvo a Darío: donde no nos salva Neruda, ni Vallejo, ni Guillermo Valencia, ni Leopoldo Lugones, de pronto está otra vez Darío para decirnos: ¡Aquí!, y apuntalamos a base de Darío una serie de cosas que se nos están cayendo...

Risas mutuas en la grabación. La mesera se acerca y pregunta si queremos renovar las tazas de café. asentimos y lo hace. Arreola agrega, "en off".

Ya después, cuando pase por el Taller este texto estará listo para su publicación. Quiero agregar que tenemos en preparación unos folletos, que son folletos de "antes/después": Vea en qué estado estaba este soneto. Y después, pasa por el Taller y vea el resultado. Por ejemplo, un terceto aflora. Entonces nosotros cambiamos de lugar dos palabras, requintamos, sustituimos otras, corregimos la puntuación y.... ¡zúmbale!

–¿No existe ninguna sección destinada al epitafio?

–Naturalmente. El epitafio. Queremos no sólo extenderlo sino darle una gran circulación. Estamos desperdiciando un gran número de superficies que no tienen más que espacios vacíos entre las fechas de nacimiento y muerte. Queremos ocupar las lápidas par que quien visite los cementerios reciba una verdadera lección de literatura.

–Muy bien, muy bien. ¿Y qué hay de la literatura como estupefaciente?

–Nuestras computadoras están estableciendo con gran exactitud el margen de toxicidad, primero desde el punto de vista del lenguaje. Luego, desde el punto de la verdad histórica y psicológica... esto se trata como los alcoholes. Los buenos vinos tienen un índice de alcohol que no perjudica. Una persona necesitaría seriamente, tal vez ocasionarse un trastorno irreversible. Pero hay otros que pueden ser tolerados por organismos sanos. Yo tuve alguna vez que someterme a un tratamiento antinerudiano porque llegué a tal grado... Pero la mayor parte de las personas eliminan bien a Neruda, lo asimilan sin que les cause ningún daño, sencillamente porque no lo entienden. No me refiero por supuesto al Neruda del Canto General, sino al de Caballero Solo, a material que ha causado estragos entre las personas que sí tenían posibilidad especial a la "Nerudina". Tenemos que tenemos en cuenta las contraindicaciones. No le vamos a dar a una persona melancólica grandes dosis de Vallejo...

La entrevista se suspende. Ha quedado grabada y esta versión escrita es simplemente el trasunto de ese frescor que el Taller de Reparaciones de Artefactos Literarios tiene por meta y punto de partida al mismo tiempo. Si bien es cierto que este texto no ha pasado aún por el trapiche tierno y fecundado del equipo, espero que sea leída con ardor y ningún comedimiento por el propio JJA y por los miembros, suscritos o no, al estupendo Tallertantas veces mencionado.

Derechos a disposicióna