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México D.F. Sábado 3 de mayo de 2003

Durante cinco horas padre e hijo hicieron sentir a las mujeres "el motor del universo"

Vicente y Alejandro Fernández hicieron vibrar a 52 mil personas

Felicita a Marta Sahagún por "haber tenido los calzones" de oponerse a la guerra contra Irak

MARIANA NORANDI ESPECIAL

Cinco horas de concierto ofrecieron este jueves Vicente y Alejandro Fernández en el Foro Sol ante 52 mil personas. Sus más fieles seguidores calificaron este espectáculo como "histórico", tanto por lo especial del encuentro entre padre e hijo, como por la larga duración del espectáculo. Y es que la magia de la noche primaveral produjo un encantamiento sobre los cantantes, músicos y público, provocando que nadie quisiese abandonar el lugar.

Cabe destacar la presencia de la esposa del presidente Vicente Fox, Marta Sahagún, a quien Vicente Fernández saludó y felicitó "por haber tenido los calzones de decir no a la guerra", mientras que Alejandro gritaba "el que no se levante no es mexicano".

Pasadas las 20.30 horas, ante un Foro Sol repleto, una banda de mariachis y de músicos de orquesta salieron al escenario a interpretar un popurrí de música folclórica mexicana. Mientras sonaban temas como México lindo y querido o La Negra, la gente iba acomodándose en sus lugares y vendedores transitaban entre las gradas ofreciendo hamburguesas, pizzas, tacos, donas, refrescos, cervezas y un sinfín de golosinas para pasar la larga noche que se anunciaba.

Alejandro, contento por alternar con "una leyenda"

El primero en aparecer en el escenario fue Alejandro, quien, vestido con un elegante traje de charro negro con hebillas plateadas, interpretó el tema Loco. Desde un principio se mostró contento y muy comunicativo con el público, a quien agradeció su presencia y trasmitió su emoción por poder cantar junto a "una leyenda" de la música mexicana como es su padre. Presentó canciones de su más reciente álbum, titulado Niña amada mía, en donde el cantante regresa a sus orígenes más rancheros y románticos, pero sin dejar de lado sus clásicos que todos quieren escuchar, como Nube viajera, Ingrato amor o A pesar de todo.

Tras unas cuantas canciones, llegó el turno de Vicente Fernández, quien salió al escenario para demostrar que la experiencia se impone y que, aunque su hijo es un gran alumno, el maestro es él. Vestido con un traje de charro color naranja ornamentado en tonos dorados -pistola incluida-, fue recibido con una cerrada ovación proveniente de un público totalmente heterogéneo.

Vicente agradeció a los presentes el apoyo que le han brindado durante estos 35 años de carrera y afirmó que quería que este concierto tuviera "precios populares, para que no representara un artículo de lujo para nadie" (los boletos costaron entre 30 y 500 pesos). Canciones como Lástima que seas ajena, Nos estorbó la ropa o Qué de raro tiene fueron coreadas por el público que iba haciendo del concierto una fiesta mexicana. Demostrando el buen estado de su voz y el dominio que tiene del escenario, el cantante se dirigió al público diciéndole: "Mientras ustedes no dejen de aplaudir, nosotros no dejaremos de cantar, aunque nos vengan a sacar". Lo que no imaginábamos es que el reto entre aplausos y gargantas se iba a prolongar hasta la una y media de la madrugada. El desafío de Vicente no era simple cortesía, iba en serio.

Así se fueron sucediendo los bloques de canciones entre padre e hijo, con algunos temas a dúo, como A bordo los dos o Volver. Vicente cantó, entre muchas, Mujeres divinas, Por tu maldito amor o De qué manera te olvido; Alejandro interpretó Que seas muy feliz, Abrázame, Como quien pierde una estrella y todos los temas de su más reciente disco. Vicente puso de pie a todo el Foro Sol al cantar sin micrófono, Alejandro le dedicó Mi viejo a su padre, quien, emocionado, lo escuchó fumándose un cigarro. Hubo besos, abrazos y una evidente demostración de admiración del uno por el otro. Ambos cantaron al amor más charro, al de las cantinas, tequilas, corazones desgarrados, llantos y venganzas, y nos hicieron sentir a todas las mujeres -por una noche- el motor del universo.

A la medianoche, el dúo hizo un encore de hora y media, en donde entre tequila, mariachi y aplausos, se retaron padre e hijo a ver quién aguantaba más. El resultado fue un digno y merecido empate porque, todo hay que decirlo, cada uno en su propio estilo, es capaz de vencer a la garganta más poderosa. 

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