Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Jueves 6 de marzo de 2003
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Política

VIENTOS DE GUERRA

Partieron a Irak; el sábado llegarán a Bagdad

La injusticia ''nos colmó el vaso'', dicen escudos

MARIA RIVERA /I

Anoche partió rumbo a Irak un grupo de ocho mexicanos para incorporarse a los contingentes internacionales de escudos humanos. Su primera escala es Amsterdam, luego llegarán a Amman, Jordania, donde se pondrán en contacto con el resto de los voluntarios y el 8 pisarán las calles de Bagdad.

En apariencia estas personas son como cualquier ciudadano de hoy en día, con un horizonte estrecho, que ha perdido poder de opinar, decidir, actuar.

Sin embargo, al acercarse a cada uno de ellos, y escucharlos, empiezan a surgir las diferencias y las razones que los han hecho asumir como propia la suerte de la población del país asiático. Para empezar, son memoriosos. Han ido acumulando recuerdos, hechos, fragmentos de la historia hasta quedar copados. Se les "colmó el vaso", en palabras de Mercedes Perelló, y ya no les cabe una injusticia más. Pero lo más importante es su optimismo: no se reconocen como vencidos. Tienen la certeza de que pueden parar la guerra o por lo menos proteger a los civiles de la masacre.

Provienen de profesiones distintas y profesan religiones diferentes, pero hay un hilo conductor en la mayoría: Chiapas. A algunos, como Marco Arturo Calderas, María de la Luz Rodríguez o Tiosha Bojórquez, el levantamiento zapatista los encontró formados políticamente. Otros, como Oscar Martínez y Oscar Torres, estaban terminando la secundaria, despertando al mundo. Sin embargo, todos reconocen que después del 94 ya no fueron los mismos.

Un tranvía llamado desesperanza

El movimiento indígena los hizo reflexionar sobre su sentido de dignidad. Se bajaron del tranvía llamado desesperanza y empezaron a participar en marchas, caravanas, mítines. El movimiento guerrillero les mostró, paradójicamente, que se puede hacer mucho sin recurrir a las armas. Por eso para este grupo resulta algo natural embarcarse en esta nave de locos -como lo califica Oscar Martínez- para detener una guerra.

Miedo tienen, y ganas de vivir, también. Pero como señala Tiosha Bojórquez en una carta: ''Voy a Irak porque, si no voy, si no me levanto, marcho y grito con fuerza šparen esta locura, ya suficiente dolor se ha vivido!, entonces, callado, seguiré gritando toda la vida. Y amo demasiado el silencio y la risa. No quiero que mi vida sea un grito continuo".

La historia de este grupo tiene un principio. Mercedes Perelló, trabajadora editorial de 55 años, había pasado el fin de año inquieta, molesta de ver por la televisión los preparativos para el ataque a Irak. En los noticieros no se hablaba de otra cosa que no fuera traslados de soldados y armamento, de cómo se iba preparando el escenario para la invasión sin que nadie hiciera algo para detenerlo.

Hija de un anarquista catalán que se refugió en México tras la derrota de las fuerzas republicanas, en los 30, Mercedes creció entre historias de las brigadas internacionales que apoyaron el bando de su padre, y aprendió que la suerte de los oprimidos en cualquier parte del mundo le concernía. En su juventud se involucró, al igual que su hermano Marcelino -dirigente histórico del Consejo Nacional de Huelga- en el movimiento del 68. Tras la masacre de Tlatelolco la familia entera tuvo que vivir la persecución y el desarraigo. Incluso su madre fue obligada a exiliarse en República Dominicana.

En los 70, Mercedes se acercó al movimiento maoísta, se convirtió en obrera durante casi una década para trabajar en la organización sindical de varias empresas. Cuenta que hubo de todo en esa época, triunfos y derrotas. Y cuatro hijos. Llegó el desencanto de la militancia, el divorcio deescudos mexicanos_1 su compañero de toda la vida y, aparentemente, esta atractiva mujer de cabellera flamígera y mirada transparente empezó a sentar cabeza. Regresó al trabajo intelectual en la UNAM y a punto estuvo de convertirse en "una señora burguesa de la Narvarte". Hasta que llegó 2003.

A principios de febrero leyó en un periódico una notita perdida donde se informaba que un grupo de personas que se iba de escudos humanos a Irak acababa de salir de Londres, atravesando Europa. En el camino recogerían medicinas, alimentos y más voluntarios. Pocos días después la llamó un amigo de Barcelona para decirle que muchos jóvenes españoles se estaban alistando en misiones humanitarias. Ahí tuvo que preguntarse si iba a contemplar ''en vivo y en directo'' cómo destruían la antigua Mesopotamia, la cuna de la civilización.

"šAh caray!, pensé, cuando vi a tanta gente involucrada con los escudos, esto va en serio. Entré a su página de Internet y me puse en contacto con ellos. Sólo que el trabajo de la organización en Londres estaba muy avanzado, tenían contratados dos aviones para viajar el 17 y el 21 de febrero y nos pedían que nos uniéramos a ellos en esos días. Yo sabía que era muy apresurado, pero creí que tal vez podríamos alcanzarlos para el 21.

''Mandé una carta a La Jornada, que salió publicada el 8 de febrero en El Correo Ilustrado, donde convocaba a los interesados. Ese mismo día recibí 17 llamadas de personas dispuestas a viajar. Los cité y nos vimos. Unos desertaron desde la primera vez y otros participaron en varias reuniones, Tiosha es el único que quedó de aquel primer grupo.

''Envié una segunda carta y para la marcha por la paz del 15 de febrero participamos con una manta. Eso hizo que mucha gente se acercara a nosotros. Ahora apenas nos damos abasto para atender la cantidad de cartas y llamadas que recibimos. Sin embargo, conseguir el dinero para el viaje se volvió un poco más complicado. Empezamos a botear, vender camisetas y solicitar donaciones. No todas las puertas se abrieron, pedimos la colaboración a muchas organizaciones, sindicatos y personalidades, pero la inmensa mayoría nos cerró las puertas, salvo el sindicato de la Universidad Autónoma de Guerrero. Ahora nos da mucho gusto que ninguna organización nos haya querido ayudar, porque vamos a ir como verdaderos representantes de la sociedad civil."

Tiosha Bojórquez, de 29 años, fue el segundo pasajero que se embarcó en la nave de los locos. Su genealogía es digna de ser contada. Su abuelo, Gonzalo Chapela, desde niño tuvo participación política. Junto a su madre trabajaban como correos del movimiento cristero, y en su juventud fue fundador del PAN. "šQue no era lo que es ahora!'', acota de inmediato la abuela de Tiosha, doña María de la Luz Mendoza. Fue elegido diputado para la 41 Legislatura, cuando los panistas sólo tenían tres curules. Procreó once hijos -una de ellas la madre del pacifista- que heredaron la idea de que el cambio no es producto del azar sino del esfuerzo colectivo.

Tiosha recuerda que desde niño su madre, simpatizante de PSUM, PMS y PRD, lo llevaba a cuanto mitin se le cruzaba enfrente. Cuando el estallido de Chiapas tenía 20 años y estaba inmerso en una serie de búsquedas. Sin dudarlo se incorporó a las brigadas de apoyo al Ejército Zapatista.

"A veces pensamos que como individuos no tenemos ningún poder -explica este egresado de la carrera de lingüística de la ENAH, que actualmente estudia Letras Inglesas-, que no tenemos ninguna capacidad de influir en los procesos históricos. Quizá sea ingenuo de mi parte, pero yo sí creo que nuestra labor puede ayudar, por eso pienso que ahora sí ayudaremos a la población de Irak".

Una de las personas más activas del grupo es María de la Luz Rodríguez, religiosa pequeñita, de 45 años, que forma parte de la congregación de San Vicente de Paul. Nació en San Luis Potosí y desde muy joven, durante su estancia en el Valle del Mezquital, en una comunidad otomí, descubrió la marginación y el hambre y decidió que su vida estaría ligada a los pobres.

Hasta hace un mes, María de la Luz estuvo inserta en una comunidad rarámuri, en la sierra Tarahumara. A lo largo de su vida ha tenido que enfrentar lo mismo a caciques que a narcotraficantes y eso, asegura, la ha ido preparando para acciones como la que ahora emprende.

Se reconoce profundamente influida por las ideas de Mahatma Gandhi y considera que la postura de los escudos humanos, el estar desarmados ante el agresor, evidenciando aún más la violencia de este, está muy relacionada con las propuestas de los ejércitos de paz gandhianos.

''Mi compromiso no es con un ideal sino con el género humano'', indica Yaser Martínez, poblano de 23 años, que estudia filosofía en la UNAM. ''Es un hecho que en esta ocasión Estados Unidos ha decido jugarse el todo por el todo, irse apoderando del mundo, por eso los gobiernos de muchos países y gente de todas partes creen que deben hacer algo. No podemos quedarnos con los brazos cruzados.''

Cuando ocurrió la invasión de Afganistán, recuerda este joven que conserva rasgos de niño, le dolió. "Fue el más cruel reality show que he visto en mi vida". Observar a tanta gente muriendo indefensa lo enfureció. Tuvo deseos de hacer muchas cosas, pero no encontró eco entre sus compañeros. Hasta que se presentó esta nueva guerra y decidió que ya no iba a permanecer al margen.

"Para muchos es un suicidio lo que estamos haciendo, pero en realidad estamos luchando por la vida. Nosotros estamos completamente seguros que podemos detener la guerra y que regresaremos a casa. En esta ocasión tenemos una oportunidad que no tuvo el mundo en los 30: parar la guerra. Filósofos como Walter Benjamin hicieron análisis profundos y serios sobre lo que significa el fascismo y las consecuencias de su llegada al poder. Nadie los escuchó entonces. Ahora no puede volver a ocurrir esto''.

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