Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Martes 11 de febrero de 2003
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Mundo
Robert Fisk*

Dobles raseros en la guerra contra el terror

Creo que ya estoy viendo claro. Corea del Norte rompe todos sus acuerdos nucleares con Estados Unidos, expulsa a todos los inspectores de la ONU y se prepara para construir una bomba al año, y el presidente George W. Bush considera que se trata de "una crisis diplomática". Por otra parte, Irak entrega una declaración de 12 mil páginas sobre su producción de armas, permite que expertos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) recorran todo el país a su antojo y, aunque estos expertos no han encontrado ni un frasco de mermelada con químicos peligrosos en 230 inspecciones, Bush anuncia que Irak es una amenaza para Estados Unidos, no se ha desarmado y, por tanto, podría ser invadido. Así están las cosas.

En cartas por demás elocuentes, me preguntan constantemente: ¿cómo hace Bush para salirse con la suya? Y también, ¿cómo hace Tony Blair para salirse con la suya? No hace mucho nuestro querido primer ministro estaba anunciando, en el tono que suelen emplear los maestros con los alumnos menos atentos o más tontos, que las fábricas de destrucción masiva de Saddam "están instaladas... y funcionando... ahora mismo". Y Tony Blair está callado en este momento.

¿Por qué toleramos esto? ¿Y por qué lo toleran los estadunidenses? En los últimos días ha habido tan sólo muy pequeños indicios de que los medios estadunidenses -los mayores y más culpables promotores de la campaña de mentiras de la Casa Blanca- se han atrevido, con gran timidez, a hacer preguntas. Meses después de que The Independent empezó a llamar la atención de sus lectores hacia las amistosas visitas que Donald Rumsfeld hizo a Saddam en Bagdad en 1983, justo cuando Irak usaba gas venenoso contra Irán, el Washington Post decidió, al fin, decir a sus lectores un poco de lo que está ocurriendo. El reportero Michael Dobbs usó las fórmulas conocidas para evitar tomar posición o responsabilidad ("hay opiniones divergentes entre expertos sobre Medio Oriente, en cuanto a si Washington pudo haber hecho más para impedir que fluyera hacia Irak la tecnología para construir armas de destrucción masiva"), pero de cualquier forma el énfasis está en lo siguiente: nosotros creamos el monstruo y el señor Rumsfeld participó en dicha creación.

Pero ni un solo periódico estadunidense -o británico- se ha atrevido a investigar la actual relación, igualmente peligrosa, que se está forjando a nuestras espaldas con el régimen de Argelia, apoyado militarmente. Durante 10 años una de las guerras más sucias del mundo se ha librado en este país, supuestamente entre los "islamitas" y las "fuerzas de seguridad", y en ella han muerto casi 200 mil personas, en su mayoría civiles. Pero en los últimos cinco años han surgido evidencias de que elementos de esas fuerzas de seguridad estuvieron involucrados en algunas de las más sangrientas masacres, en las que hubo, por ejemplo, bebés degollados.

The Independent ha publicado los más detallados reportes sobre las torturas y las ejecuciones extrajudiciales infligidas por la policía a hombres y mujeres. No obstante, Estados Unidos ha tenido un cálido acercamiento con el régimen de Argelia; en el marco de su obscena "guerra contra el terror" está ayudando a rearmar el ejército argelino y le ha prometido ayuda. William Burns, secretario de Estado estadunidense adjunto para asuntos de Medio Oriente, afirmó que Washington "tiene mucho que aprender de Argelia en cuanto a formas de combatir el terrorismo".

Y por supuesto que tiene razón. Las fuerzas de seguridad de Argelia pueden instruir a los estadunidenses en cómo hacer para que un prisionero o prisionera crean que están a punto de asfixiarse, y el personal estadunidense puede encontrar a los expertos en esta práctica en los sótanos de la comisaría central argelina de Chateau Neuf. El método consiste en tapar con un trapo la boca de la víctima amarrada y después empapando la mordaza con líquido de limpieza. El prisionero se asfixia lentamente. También existe, desde luego, el usual arrancamiento de uñas, los acostumbrados cables atados a penes y vaginas. Siempre recordaré el testimonio de alguien que presenció la violación de una anciana en la estación de policía. La mujer salió de la comisaría bañada en sangre y exhortando a los demás prisioneros a resistir.

Algunos testigos de estas aberraciones son agentes de la policía argelina que han buscado refugio en Londres. Pero Burns tiene razón: Estados Unidos tiene mucho que aprender de los argelinos. Esto es obvio desde el momento en que ni siquiera se pregunta uno por qué jamás se informó de estas atrocidades en los periódicos. Por el contrario, el jefe del estado mayor argelino ha tenido una calurosa bienvenida en la comandancia del sur de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en Nápoles.pilgrims_way_a43

Y vaya que los estadunidenses están aprendiendo. Un funcionario de seguridad vinculado con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) admitió el mes pasado que cuando de prisioneros se trata "puede ser que nuestros muchachos los pateen un poco, cuando tienen alta la adrenalina después de un ataque (sic)". Otro funcionario estadunidense de "seguridad nacional" anunció que "el control del dolor en prisioneros heridos es algo muy subjetivo". Pero seamos justos: puede ser que los estadunidenses hayan aprendido perversidad de los argelinos, pero bien pudieron aprenderla del talibán.

Mientras tanto, en Estados Unidos se avanza en la detección de musulmanes. El 17 de noviembre pasado, miles de iraníes, iraquíes, sirios, libios, afganos, bahreníes, eritreos, libaneses, marroquíes, omaníes, qataríes, somalíes, tunecinos, yemenitas y súbditos de los Emiratos fueron a las oficinas federales para que se les tomaran huellas digitales. El New York Times -el más cobarde de todos los periódicos estadunidenses en su cobertura posterior al 11 de septiembre- reveló (hasta el quinto párrafo de su nota, desde luego) que "la semana pasada funcionarios de agencias de seguridad han esposado y detenido a cientos de hombres que llegaron ante las autoridades para que se les tomaran las huellas. En algunos casos los hombres tenían visas vencidas de estudiante o de trabajo; en otros casos, no pudieron proporcionar la documentación adecuada para su estatus migratorio".

En Los Angeles a los policías se les terminaron las esposas de plástico cuando se encontraban a la mitad de la labor de arrear a cientos de hombres a la cárcel. De los mil arrestados sin juicio y sin cargos después del 11 de septiembre, muchos eran nacidos en Estados Unidos.

De hecho, muchos estadunidenses ni siquiera saben lo que significa el espeluznante nombre de la ley Patriot. Patriot no es una referencia al patriotismo, sino las siglas en inglés de "la unificación y el fortalecimiento de Estados Unidos por medio de Proveer Herramientas Adecuadas Requeridas para Interceptar y Obstruir al Terrorismo (Provinding Appropriate Tools Required to Intercept and Obstruct Terrorism)".

Asimismo, el programa Total Awareness, con un costo de 200 millones de dólares, permitirá al gobierno estadunidense monitorear las actividades por correo electrónico e Internet de sus ciudadanos y crear bases de datos con informes sobre los movimientos de todos los estadunidenses. Y aunque nuestros periodistas no nos han informado de esto, la administración estadunidense ya atosiga a los gobiernos europeos para que les cedan archivos sobre sus ciudadanos. La más reciente -y absurda- petición en este sentido ocurrió cuando Estados Unidos exigió que se le diera acceso a los archivos computarizados de la aerolínea nacional francesa Air France porque quería tener el "perfil" de sus miles de pasajeros. Todo esto sobrepasa por mucho los más delirantes sueños de Saddam y del querido líder norcoreano Kim.

Estas nuevas reglas han logrado incluso arrastrarse hasta el ambiente académico. Tomemos como ejemplo la pequeña y amistosa universidad de Purdue, en Indiana, donde di una plática hace unos meses. Con financiamiento de fondos federales, la universidad está creando un instituto de seguridad interna con la participación de 18 "expertos", entre los que figuran ejecutivos de Boeing y Hewlett Packard, así como funcionarios del Departamento de Defensa y el Departamento de Estado, quienes organizarán "programas de investigación" en torno a "áreas críticas de misión".

Me pregunto cuáles serán esas áreas. Seguramente ninguna tiene que ver con la injusticia en Medio Oriente, con el conflicto árabe-israelí o con la presencia de miles de soldados estadunidenses en tierras árabes. Después de todo, fue Richard Perle, el más siniestro de los asesores pro israelíes de George W. Bush, quien el año pasado aseguró que "el terrorismo debe descontextualizarse".

Mientras tanto, y con esa misma base, estamos avanzando hacia una guerra en Irak, donde hay petróleo, pero evitando, al mismo tiempo una guerra en Corea del Norte, donde no hay petróleo. Nuestros líderes se están saliendo con la suya, y en el proceso estamos amenazando a inocentes, torturando a nuestros prisioneros y "aprendiendo" de hombres que deberían ser juzgados por crímenes de guerra. Este es, por tanto, nuestro verdadero homenaje a los hombres y mujeres que fueron tan cruelmente asesinados en los crímenes contra la humanidad del 11 de septiembre de 2001.

* Periodista irlandés especialista en Medio Oriente, corresponsal de The Independent
© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca

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