Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Sábado 11 de enero de 2003
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Editorial
REALMENTE EL CAMPO NO AGUANTA MAS

En tiempos del ex presidente Carlos Salinas de Gortari, que ahora parecen pertenecer a otra era glacial, la inmensa mayoría de las organizaciones campesinas y de los campesinos daba su consenso a un silogismo que resultó serles particularmente funesto.

Según el salinismo, México no tenía vocación agrícola y en vez de producir alimentos debía concentrarse en utilizar su "ventaja comparativa'' -el petróleo- para comprarlos con lo obtenido gracias a la exportación de crudo. El zedillismo y el gobierno de Fox mantuvieron esa política de destrucción de la capacidad productiva del campo mexicano y, por ende, del poder adquisitivo nacional, y fomentaron la importación de granos básicos y otros alimentos en cuotas muy superiores, incluso, a las estipuladas en el Tratado de Libre Comercio Norteamericano (TLCAN), aumentando terriblemente la dependencia alimentaria de las importaciones, sobre todo estadunidenses; la miseria en las zonas rurales y la emigración como única salida para los campesinos. Por si esa política oficial no bastase para condenar a los pequeños productores nacionales de productos básicos, Estados Unidos subvencionó fuertemente a sus agricultores por razones políticas internas (asegurar el triunfo electoral del partido del presidente George W. Bush, que se declara amigo de Vicente Fox).

Al clásico proteccionismo estadunidense contra importantes productos rurales mexicanos (aguacate y jitomate, por ejemplo), que impedía ya la competencia entre los productos mexicanos y los del país del norte, se sumaron de este modo los subsidios y hoy hay ramas agroganaderas enteras al borde de la quiebra. No se trata sólo de los campesinos marginales, de autoconsumo. También ha entrado en crisis la gran producción capitalista de rendimientos a veces superiores a los de Estados Unidos, como la producción de sorgo o de trigo en Sinaloa o Sonora, e industrias rurales (la avícola, la cría de porcinos, por ejemplo) están destrozadas a pesar de las diferencias en los costos salariales con los del país norteño.

El TLCAN puede ser modificado, según establece su artículo 2202 y, en particular, puede serlo de modo ulilateral si una situación de emergencia amenazase una industria nacional (artículo 801 del TLCAN). De modo que no se puede alegar que es imposible modificar lo que para México es un tratado pero para Estados Unidos es sólo un Acuerdo (agreement) o sea, algo mucho menos vinculante (lo cual, dicho sea de paso, explica la facilidad con que constantemente lo violan).

Tampoco se puede decir que la eventualidad de ganar algunas posiciones en los ramos cerealero y cárnico se vería más que compensada por la posibilidad de que represalias estadunidenses cerrasen el mercado del norte a otras exportaciones. No es así. La recesión en Estados Unidos hace necesaria para ese país la importación de frutas y hortalizas mexicanas baratas so pena de un aumento importante de la carestía de la vida; al fin y al cabo la dependencia es mutua y el amo necesita del esclavo para subsistir en el lujo.

Pero el argumento decisivo a favor de la renegociación del capítulo agroganadero del TLCAN es político-social, más que económico. Todas las organizaciones campesinas antes ligadas al Estado y confiadas en poder controlar el proceso productivo con el apoyo de éste hoy están unidas en una oposición activa y militante que crece de día en día.

Esa oposición social plantea un plan de acción que es un proyecto político opuesto al del foxismo y que une la defensa del mercado interno, la del ambiente, la de la mano de obra (migrantes y jornaleros), con la defensa de la producción nacional. Une sus reivindicaciones con la oposición a la liberticida nueva Ley Federal del Trabajo, estrecha lazos con la movilización indígena en el desconocimiento de la ley indígena aprobada por el Congreso, reivindican la reforma de la Ley de Radio y Televisión.

Y en ese frente opositor figuran los que creyeron en el salinismo, como el Congreso Agrario Permanente y la Organización de los Pequeños Productores Rurales. Con el importante auxilio que les prestan las torpezas y atentados de los señores Javier Usabiaga y Carlos Abascal y la ceguera clasista del PAN y del gobierno, indígenas, campesinos pobres y medios, ejidatarios, pequeños productores rurales, pequeño comercio y pequeña y mediana industria nacionales están estrechando así un frente de lucha que no será sólo electoral pero que, sin duda, no actuará a favor del PAN en las contiendas cívicas de este año. ¿No hay nadie en el gobierno que sea algo metereólogo y pueda prevenir cómo los vientos que se acumulan pueden dar origen a tempestades? 
 

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