Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Sábado 4 de enero de 2003
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Editorial
LULA: GUERRA CONTRA EL HAMBRE, NO COMO MERCENARIOS

La primera medida del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, fue nada menos que postergar la compra de aviones militares de caza para destinar los 760 millones de dólares así ahorrados a su programa social de choque. La importancia de esta decisión es aún más evidente porque durante casi un siglo la política militar brasileña, argentina y chilena (la del famoso ABC, Argentina, Brasil y Chile) consistió en buscar un equilibrio entre la fuerza y la modernidad de las marinas y las fuerzas aéreas respectivas, en la eventualidad de un conflicto bélico entre esos países vecinos.

Las potencias mundiales dominantes (el Reino Unido primero y Estados Unidos después) buscaron siempre desarrollar esa nacionalismo agresivo para provocar guerras y rivalidades entre las potencias del Cono Sur (está fresco todavía el recuerdo de los informes a Londres del gobierno de Pinochet sobre los movimientos de la fuerza aérea argentina durante la guerra de las Malvinas). Además, Estados Unidos utilizó a brasileños como carne de cañón en Italia, en la Segunda Guerra Mundial y, con el gobierno de Menem, a argentinos como mercenarios en la guerra del Golfo o en la de Bosnia, y estimuló así la desconfianza entre las fuerzas armadas sudamericanas y la sumisión de todas ellas al Pentágono.

Por eso es importante este gesto del nuevo gobierno de Brasilia, que rompe con esa tradición infame, deja en claro que el enemigo no es el hermano de al lado (ahora, además, unido con los brasileños en el Mercosur) y hace evidente que la prioridad es la guerra contra el hambre y no contra el vecino, y que las fuerzas armadas deben mantener la independencia del país frente a la real amenaza -la imperial- y frente al Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que hace peligrar la existencia misma del Mercosur.

El presidente elegido con el mayor porcentaje y el mayor número de votos (52 millones) jamás registrado en América ha querido dar señales tempranas, símbolos evidentes de la línea política que espera seguir y que, para poder aplicarla, necesita del apoyo activo de las mayorías populares. Como la política es símbolo, ha demostrado a todos que se pueden redistribuir los recursos, estableciendo prioridades sociales y no represivas. Y ha evidenciado su decisión de defender el Mercosur realizando su primera visita a Buenos Aires y reforzando lazos con Cuba y Venezuela (que también tienen la misma aspiración), además de favorecer el fracaso de las medidas golpistas contra Hugo Chávez encarando un acuerdo entre la empresa petrolera brasileña, Petrobras, y la venezolana, PDVSA, que incluye, de hecho, el envío de petróleo y de técnicos petroleros brasileños para romper lo que el gobierno de Caracas califica de "golpe disfrazado de huelga".

En esta primera medida antiarmamentista se refleja, por otra parte, la oposición de los mandos militares brasileños al ALCA y la posición de la cancillería del Itamaratí contra ese proyecto que hiere el nacionalismo brasileño al cual recurre Lula, quien también rompe el fatalismo según el cual no habría recursos para responder a las exigencias del Fondo Monetario Internacional y, al mismo tiempo, tener una política nacional. Ha mostrado que los fondos pueden cambiar de destino y, en vez de servir a la política militar de Washington, reforzar la estabilidad social del país. O, en vez de destinarse indefinidamente al pago de los servicios de la deuda externa, que sigue aumentando indefinidamente, podrían ser invertidos en el desarrollo del mercado interno y, sobre todo, del campo, que exige una reforma agraria, ya que dos mil latifundios ocupan 56 millones de hectáreas mientras 16 millones de campesinos, que desean producir, carecen totalmente de tierra.

Brasil se está transformando, pues, en un laboratorio social y político, y sería cuerdo que los gobiernos del continente siguieran de cerca ese proceso y ayudarán al gobierno brasileño a vencer las dificultades que deberá sin duda enfrentar. 
 

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