Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Viernes 13 de diciembre de 2002
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Política

Jaime Martínez Veloz

Ya nadie para el linchamiento al Congreso

Las condenas al bárbaro asalto perpetrado a la Cámara de Diputados expresan la indignación y rechazo que ese irresponsable acto ha despertado entre quienes creemos que la política es lo único que puede garantizar una convivencia razonable entre intereses encontrados. En ese sentido poco importan los seudoargumentos que atenúan la gravedad de los hechos aduciendo las razones de los vándalos, ya que el método descalifica por completo toda explicación. El recurso de la política institucional, del diálogo y el acuerdo, tiene hoy importancia capital para salvaguardar la paz interna y cerrar el paso al aventurerismo.

Sin embargo, la simple condena es insuficiente para resolver lo importante: cancelar del todo, antes de que sea tarde, la posibilidad de que estos métodos rebasen a la sociedad y a las instituciones. Diversos sectores han alertado sobre la preocupante frecuencia con que se introducen en el debate y la confrontación política el recurso de la fuerza bruta, el chantaje y la amenaza.

Ausencia de proyecto nacional, improvisación, impericia, ineptitud y perversidad gubernamentales o una mezcla de todo se han encargado de hartar a sectores como el agropecuario, que advierten la inminencia de su ruina total; ése es el fondo de la desesperación y desborde de las pasiones.

El Congreso de la Unión también ha carecido de sensibilidad y ha caído en extenuantes procesos de procesamiento de sus determinaciones, no obstante la celeridad requerida para frenar oportunamente el agravamiento de conflictos. Aun así, debemos impedir el secuestro y sometimiento de la legitimidad y dignidad del Legislativo, salvaguardando su integridad a la par que su funcionamiento se perfecciona.

Porque además de la agresión de provocadores embozados en movimientos sociales, los legisladores hemos debido sufrir la brutal ofensiva propagandística del Ejecutivo, más peligrosa aún, que apuesta a minar la fortaleza de un poder necesario para equilibrar el omnímodo presidencialismo, hoy en manos de camarillas retardatarias, retrógradas y autoritarias.

Los vándalos provocadores que cometieron delitos en la Cámara de Diputados deben ser investigados y castigados. Ya sabemos que la impunidad es el mejor aliciente de la criminalidad, por ello debe romperse este círculo vicioso. La agresión sufrida no puede quedar sin castigo. Pero aun dentro de la seriedad del momento, se deben situar los hechos en su justa dimensión, conservar la tranquilidad y el buen juicio. Ello porque la provocación frustrada en el recinto del Congreso dio una oportunidad magnífica para que aflorara el verdadero rostro del homo politicus panista: el de la intolerancia, la impotencia y el recurso fariseo de la invocación gratuita al principio de autoridad como recurso absurdo ante la ausencia del mínimo sentido de sensibilidad y pericia política.

Desórdenes como el acontecido tienen entre sus causas la incapacidad intrínseca de los "gobernantes" del dizque cambio para anticipar y desactivar conflictos. En un país que si en algo se caracteriza es por las injusticias centenarias, las desigualdades abismales y la impunidad rampante, invocar a la violencia del Estado como primera y única medida de "solución" es arrojar gasolina al fuego.

Las autoridades del Ejecutivo, en vez de fortalecer a las instituciones, las sabotean y debilitan. Sea ignorancia, soberbia o ineptitud, el caso es que el cargo les ha quedado grande. Y si de algo carecen es de operadores políticos, de gente con sensibilidad para entender a quien plantea cualquier solicitud, a cualquier nivel, sobre todo, para evitar caer en provocaciones.

La gente exige respuestas, pero ni las demandas ni las soluciones pueden acompañarse de la fuerza bruta, como claman algunos panistas. Histéricos y desgarrándose las vestiduras llegaron al extremo cursi de afirmar que el recinto legislativo lo defendieron "con sus vidas" contra los pelafustanes que rompieron las puertas, cerradas precisamente por los panistas. En su mesianismo intentan hacer pasar por acto heroico lo que fue una irresponsabilidad.

Si el instinto les gana para acabar violentamente con la violencia, es superflua la presencia de la Policía Federal Preventiva, porque basta con que cambien las curules por un tolete, un casco y un escudo, seguramente lo harían mejor estos nuevos niños héroes azules. Entre lágrimas de cocodrilo inducen a la conmiseración, pero resultan patéticos.

 

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