La Jornada Semanal,   domingo 17 de noviembre del 2002        núm. 402
De Zodiaco negro

Charles Wright

Meditación sobre la forma y la medida

La huella de la mano corrobora las estrellas, pero, ¿qué confirma la mano?
De cada dos de mis pensamientos, uno está dedicado a la muerte.
Nuestros días, una incertidumbre, un caos, sin sentido.
Lo que nuestra vida es
             se desdibuja como el paisaje en el agua.
Todas las estrellas son luces, no todas las luces son estrellas.

Julio 13, el petirrojo acicala su plumaje en la vara del tronco,
El azul de la noche comienza a hacerse oscuro,
En fondo blanco el engranaje de estrellas,
Una nube sobre Caribou como pintada con aspersor,
Pájara altiva bajo el cristal veneciano del puente peatonal.

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Claustros de abetos-abadía, árboles monacales, hábitos de sombras,
Guacos en los pliegues oscuros,
Rayos de un sol pálido atraviesan las gruesas ramas,
El guaco doblemente agraciado en un pavoneo sacrificial,
                             cola en abanico, lejos
De algo oculto y demasiado joven, se contonea sobre el tronco seco.

La luna, albino hoyo negro, atrae hacia sí la luz,
Luna creciente, cayendo dorada,
Oscurece el cielo a su alrededor y estalla en estrellas,
Estrellas de palabras, estrellas guerreras, palabras guerreras
                                   reuniendo
Acentos y destinos, la luna atrae hacia dentro la luz.

Tiempo y luz no son sino lo mismo en algún sitio a nuestra espalda.
Y la forma es medida.
            Sin medida no hay forma:
Forma y medida se vuelven una sola.
Tiempo y luz se hacen uno en algún lugar más allá de nuestro porvenir.
Padre oscuridad, madre noche,
                  uno más uno devienen uno, otra vez.

Ahora, en su escisión, sin embargo, sisean, canturrean,
Dulce música autodestructiva
Que acurruca nuestros cuerpos y los regresa
A una actitud cercana a la verdad
Donde la medida es verbal arquitectura
                       y la forma esplendor.

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Faltos de humildad nos comparamos con los muertos,
Ecos y espejos, trueno distante,
Esas constelaciones fabulosas
                   que observamos sin poderlas explicar.

Nuestras vidas reflejos de sombra, gritos
Ecos de ecos, entre fantasmas vivimos, mirando y midiendo,

En el aire giran, como halcón en círculo, los restos de la ceniza sobre la flama,
Grajo grisáceo non grato en el comedero,
Golondrinas revolando como aviones de guerra
                          salidos de la nublazón,
Incongruente La Traviata
Desde la cinta del casette, graznido y aria.

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La memoria es un cementerio
Que he visitado una o dos veces, blanca
                       ubicua, postergada

Ninguneada por todas partes,
El petirrojo de nuevo en lo curvo de la rama, la hembra echada
Sobre los huevos,
           profundas nubes lentas: trasatlánticos sobre la tierra.

Mi vida, al igual que otras vidas, ha transcurrido circunscrita a las estrellas.
O vaghe stelle dell’orsa,
                bellas estrellas de la Osa,
Lo tomé, alguna vez, de un libro.
Esta noche, lo retomo, que yo, como Leopardi, pueda
Algún día sumergirme en el frío brillo del Leteo.

Tumbas jesuitas

Canícula. Un nublado irlandés. Cielo color avena.
La fosa jesuita. Última misa
Para cientos cuyos nombres están grabados sobre el mármol,
Sobre la grava y tierra desnuda.
Sólo polvo y piedrecillas:
                             qué severo, qué evanescente.

Sin embargo, no apto para ti, Padre Ave del Paraíso,
Cuyo exótico plumaje posee rostro y forma,
Eso que deseaste alguna vez.
Cementerio de Glansnevin, Dublín, Julio 3, 1995.
Para quienes se han levantado a realizar su trabajo,
                                                         ese trabajo es andamiaje.

El sacrificio es la causa de la ruina.
La ausencia de sacrificio es la causa de la ruina.
Por lo tanto, la leyenda nos enseña,
Viento del norte atraviesa las planas hojas de los árboles guardianes,
Tres agitados montículos en el pequeño, cuadrado recinto,
                         almas devoradas por Dios y por el cielo protegidas.

P. Gerardus Hopkins, Julio 28,1844 – Junio 8, 1889, Edad: 44 años.
Luego, el siguiente nombre. Y luego el que sigue,
Soldados del infortunio, en marcha cerrada hacia el blanco disolverse de
                                       estrellas
Préstamos de la historia. ¿Pero tú, Padre Incandescente,
Tú, Padre Fuego?
                    Dicen que lo que se eleva se une. Eso dicen.

Zodiaco negro

Ensombrecidos por el tiempo, los maestros, como los recuerdos,  se mezclan
Y confunden,
                 y se apoltronan en los sillones de jardín, como un aire
Disperso, aire en la claridad de la nada.
¿Qué podríamos decirle a cada uno?
¿Cómo pueden ser tan claros y oscuros a la vez?
Nos sacan de quicio,
                             desaliñan las hojas de los árboles de agosto.
De pronto se detienen, abruptamente, como el viento.
Regresan las moscas y el calor:
                                        ¿qué podemos decirles?
Sólo el cielo es infinito.
Las moscas vuelven, y la tarde
Se estremece suavemente en sus verdes orillas
luego se asienta como peso muerto
Junto a nuestros recuerdos, y las gastadas bastillas de los maestros.

––––––

Los que buscan al Señor elevarán su plegaria en alabanza.
Quizá. Pero quizá no,
                                somos polvo y ceniza,
Algunos se alejarán sin aliento, algunos
Escucharán el camino de entrada con sus bocas
Donde los ponga el dolor, unos cuantos centímetros sobre el suelo.
Y algunos, por amor y profundo desdén
                                                lo injuriarán.
Como un eclipse las puertas de la misericordia nos ensombrecen
  por dentro.
Hileras de tumbas reafirman nuestros pasos,
                                                          la humedad de agosto

Resplandece como el aura de nuestro cuerpo.
Y algunos pronunciarán las palabras,
                                                hablando en miedo y lenguas,
Odiando sus vestiduras manchadas por la carne.
Esos son los afortunados, los ninguneados, los dos veces borrados.

–––––

Dante y Juan Crisóstomo
Pudieran esta tarde encontrar una carta estelar,
Una guía para el peregrino...
                                      Quizá tú también
Bajo el amarillento esbozo de la luna menguante,
Nubes cinglando cielo abajo como una narración para la incertidumbre,
Lo que no ha sucedido que está por suceder
Ocultándose todavía tras las estrellas,
                                                agosto 31, 1995...
La vida después de la vida de los insectos, graffiti del espacio,
  hoyos blancos
En el paisaje,
                  tales cosas, avenidas que conducen al polvo
Y cuidan de nuestro dolor.
Cielo azul, azul de infinito, azules
                                           aguas sobre la tierra:
¿Por qué las grandes historias ocurren siempre en el pasado?

––––––-

La vida sin examinar no es distinta a
                                                 una vida examinada.
Preguntas sin respuestas, comentarios sin importancia,
Teoremas por probar, argumentos ya sin interés,
Hay que escribirlo todo:
El paisaje, las marinas, lo que dure la luz sobre los siempreverdes,
La orilla oscura de la noche,
                               tienes que escribirlo.
El pañuelo de la memoria, el sueño de la muerte y el automóvil,

El sueño de Dios,
                        aún debes escribirlo,
Luna medio vacía, luna medio llena,
Noche sin estrellas y sin yo, noche negra de sangre y oscura plegaria,
Araña hilando entre los setos,
Última llamada del ave,
                            sapo en sitio húmedo, rana de árbol en lo seco...

––––––

Nos vamos a nuestras tumbas con sentimientos triviales,
Satisfacciones heredadas, con sólo la mitad del alma,
                                              cartas estelares ya sin atracción.
Nos vamos en nuestro mejor traje. Los pájaros vuelan. Las nubes pasan.
Seguros de nuestro frío e intocables,
                                              pero sin abrigar el mal.
Ningún apetito en armonía con el rencor de la escisión,
                                              vivimos fuera de aquí y somos dulce carne.
Calígrafos de lo incorpóreo, custodios de la palabra de Dios,
¿Qué letras iluminaremos?
Sobre nosotros, la atmósfera,
La nada que está en ninguna parte, sin discutir, espera una señal
          y llama.
Por encima de nosotros, las grandes constelaciones se recogen y ocultan,
Las letras resplandecen, se acercan,
Tu X y mi X.
                 Las letras resplandecen, se aproximan.

––––––-

Evasores de la memoria, sueño nocturno de invernadero,
Espíritu de deslices y silencios,
                                       Mano Invisible,
Da testimonio y avanza.
Señores de lo discontinuo, señores de los pequeños gestos,
Socórranme en mi esfuerzo y sálvenme...

Toda la tarde la lluvia lloviendo en mi mente,
Y en los jardines y la orquídea enana.
                                               Toda la tarde
El lexicón del verano tardío ha revisado sus páginas
Bajo la lluvia,
                 abstrayendo la palabra necesaria.
El otoño está sobre nosotros.
La lluvia llena nuestros angostos lechos.
La descripción es un elemento, como el aire o el agua.
                                                                    Eso es la palabra.

VERSIONES DE JEANNETTE L. CLARIOND