Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 25 de agosto de 2002
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Espectáculos
Llevan hasta su tumba una guitarra hecha de flores

Recuerdan en Santa Isabel de las Lajas el natalicio de Benny Moré

PRENSA LATINA

Santa Isabel de Las Lajas, Cuba, 24 de agosto. Como en cada aniversario, el pueblo de esta localidad de 20 mil habitantes recordó hoy a Benny Moré, una de las figuras más altas de la música popular cubana.

El artista, inscrito en el registro civil como Bartolo Maximiliano Moré, nació en esta villa el 24 de agosto de 1919 y murió en la capital cubana el 19 de febrero de 1963, en la cúspide de la fama y en plenitud artística.

En lo que constituye una tradición de casi cuatro décadas, sus coterráneos peregrinaron hoy hasta la tumba que guarda sus restos en el cementerio local, donde le ofrendaron una guitarra hecha de flores y un ramillete de sus antológicos boleros.

El poblado donde Benny vino al mundo, en el seno de una humilde familia, se levanta en medio de extensas plantaciones de caña de azúcar, características de las llanuras centrales.

Santa Isabel de las Lajas, 200 kilómetros al sudeste de La Habana, cuenta en su patrimonio cultural con el Casino de Congos, institución religiosa única de su tipo en el país, y en la que Benny Moré aprendió el toque de los tambores makuta.

El músico bebió desde la infancia en las fuentes de sus ancestros africanos, savias que incorporó a sus creaciones, desde que en la década de 1940 sumó su voz a la agrupación de Miguel Matamoros, otra de las leyendas de Cuba.

A finales de los años 40 y principios de 1950 triunfó en escenarios mexicanos al lado de otros cubanos, como Mariano Mercerón y Dámaso Pérez Prado, creador del mambo

De vuelta a su tierra, fundó en 1953 su Banda Gigante, cuya ejecutoria en la última fase de la vida del llamado Bárbaro del ritmo marcó un hito en la historia de la música popular bailable.

En la memoria colectiva de los cubanos permanece intacta su imagen de sombrero alón, pantalones anchísimos y bastón en mano, mientras punteaba los acordes de su banda.

Una voz de privilegio y un sentido del ritmo que nadie pudo igualar después, hicieron del artista lajero una leyenda de marcado arraigo en el acervo cultural de la nación cubana.

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