Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Jueves 1 de agosto de 2002
  Primera y Contraportada
  Editorial
  Opinión
  Correo Ilustrado
  Política
  Economía
  Cultura
  Espectáculos
  CineGuía
  Estados
  Capital
  Mundo
  Sociedad y Justicia
  Deportes
  Lunes en la Ciencia
  Suplementos
  Perfiles
  Fotografía
  Cartones
  Fotos del Día
  Librería   
  La Jornada de Oriente
  La Jornada Morelos
  Correo Electrónico
  Búsquedas
  >

Política

El político sólo permaneció unos minutos en la Basílica

Fugaz encuentro entre Juan Pablo II y López Obrador

Un desperfecto obligó a cambiar los asientos del papamóvil

ELIA BALTAZAR

Entre tanta devoción, un gesto de laicidad. Andrés Manuel López Obrador, jefe de Gobierno del Distrito Federal, fue ayer, quizá, el único funcionario mexicano que evadió la bendición papal. Su encuentro con Juan Pablo II, a las puertas de la Basílica de Guadalupe, se limitó a un muy breve saludo que no dejó tiempo para que el Papa elevara su mano derecha frente a él.

López Obrador quiso ser discreto, pero su actitud no pasó inadvertida, en medio de las salutaciones que ofrecieron al Papa sus tres hijos, su esposa, el subsecretario de Gobierno del DF, Alejandro Encinas; el titular de la policía capitalina, Marcelo Ebrard; el jefe delegacional en Gustavo A. Madero, Joel Ortega, y Rosa Icela Rodríguez, enlace del gobierno con la base de la Basílica.

El jefe de Gobierno sólo pasó delante del Papa cuando una mano lo tomó del brazo para adelantarlo hacia el Pontífice, pero más en movimiento de tránsito que de permanencia.

La comitiva del gobierno capitalino arribó al atrio apenas 20 minutos antes que el Papa. Y frente a la puerta principal intercambiaron saludos, abrazos y sonrisas con algunos representantes de la Iglesia católica, entre ellos, y al parecer el más cercano a las autoridades del DF, Diego Monroy, rector de la Basílica de Guadalupe; Piero Marini, maestro del ceremonial pontificio, y Luis Morales y Abelardo Alvarado, presidente y secretario, respectivamente, del Centro del Episcopado Mexicano.

Al llegar el Papa y cumplido el acto de cortesía, los funcionarios del DF permanecieron con él apenas 10 minutos, luego de que el menor de los hijos de López Obrador entregara como regalo una capa de lana de Topilejo, la que permanecería en el misterio, envuelta como estaba en un papel café.

Después volvieron sobre sus pasos hacia la salida norte de la Basílica, para retirarse casi desapercibidos gracias a una multitud que hizo a Juan Diego dios antes que santo y a Dios lo convirtió en indio. obrador_familia

Nada empañó ayer la jornada de canonización de Juan Diego en el templo mariano. Si acaso 25 minutos de nerviosismo en el cuerpo de seguridad de Juan Pablo, a causa de un desperfecto en el asiento principal del papamóvil. Poco lograron los 22 hombres de negro de la comitiva de seguridad del Papa, que envaselinados y sudorosos intentaron solucionar el problema sin conseguirlo.

Al final, y luego de escuchar cinco veces seguidas la canción Amigo, Juan Pablo salió de la Basílica a bordo de su vehículo, pero hundido en un asiento improvisado que fue cubierto con una bandera mexicana tomada de una de las vallas.

En la multitud compuesta por 14 mil fieles que se ubicaron en el atrio de la Basílica hubo un incidentes más: el desplome de las escaleras del templete en el que se encontraban los reporteros, algunos de los cuales resultaron con lesiones leves.

Poco se supo en el momento de aquellos incidentes, en una celebración que elevó al nivel del cielo la identidad indígena: "Viva toda nuestra religión cristiana y autóctona sintetizada en una sola". Y se oían los sonidos de caracoles, cascabeles y miles de guajes, que seguían el golpe del teponaztli y las danzas de los concheros, los mismos que en 2000 participaron en el jubileo indígena, allí, en el templo mariano. Porque Guadalupe lleva en su nombre el origen y la pertenencia: la señora de Tecuatlazope, le llamaban los indios, que en náhuatl significa Río de Lobos.

Antes de entrar a la Basílica, Juan Diego cumplió el rito. El olor del copal en la urna acompañó la elevación de su imagen hacia los cuatro puntos cardinales. "Porque Juan Diego es dios y es indio". "Porque Dios es indio", se escuchaban las voces y se miraba el rostro del sincretismo, a punto de comenzar la misa de canonización en el recinto de María-Guadalupe-Tonantzin, donde se alistaba un santo más de origen mexicano.

Otra vez los llantos, otra vez el júbilo y el encogimiento. Juan Diego se imponía. Y allí la Iglesia que una vez impuso su fe, se puso toda de rodillas ante el indio evangelizado y vuelto santo.

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
Día Mes Año