viernes 28 de junio de 2002
La Jornada de Oriente publicación para Puebla y Tlaxcala México

 
El sabor de la vida

La importancia de una buena compañía

n Catalina Pérez Osorio

Las naranjas y las limas
en el árbol se maduran;
los ojitos que se quieren
desde lejos se saludan.
Copla

La clave de toda buena ensalada está en su aderezo, me dijeron las tres inseparables hermanas Concha, María y Lupe, sabedoras no sólo de amores sino también de aderezos; me fui adentrando en la plática; entre chisme y chisme, el trío recordaba recetas. Así saboreamos doblemente.
Uno de las primeras mezclas resultó ser la que ellas llamaron "clásica": aceite de oliva, sal, pimienta, vinagre y media cucharadita de mostaza, todo ello mezclado al tanteo; entre probadita y probadita uno ajusta el sabor.
Cuentan que cuando tenían que lucirse en la preparación de platillos a sus pretendientes, algunos melindrosos, otros de buen diente, mezclaban los ingredientes teniendo como principal invitado de sus menjurjes al romero. Aceite al romero: dos ramitas de romero fresco, un litro de aceite de oliva virgen. Se pone los ingredientes con el aceite en una botella. Se tapa, y se deja macerar en sitio oscuro durante uno o dos meses.
Previsoras, preparaban muchas combinaciones de aceites. Así, por ejemplo, cuando la familia salía de día de campo, se esmeraban para brindarles a sus convidados los aceites más exquisitos. Aceite a los cinco aromas: para un litro, tres ramitas de romero, tres ramitas de tomillo, tres ramitas de orégano, tres ramitas de hierbabuena, tres ramitas de albahaca fresca, una cuchara sopera de sal de grosor mediano, un litro de aceite de oliva virgen extra. En la preparación de éste se limpia las hierbas con un papel de celulosa pero sin lavarlas. Son machacadas ligeramente en el mortero y puestas en un tarro de boca ancha -previamente hervido y seco- espolvoreándolas con sal, a medida que se van colocando. Posteriormente, se llena 3/4 partes del tarro. Se agrega el aceite, procurando que las cubra 23 cm. y se tapa herméticamente. Hay que ponerlo en un sitio resguardado durante tres semanas. Después se filtra por un colador fino y se pasa a una botella limpia, poniendo alguna ramita dentro. Este aceite se utiliza para ensaladas o para aderezar verduras o platos fríos. Especialmente esta combinación, dicen ellas, les hacía fama de buenas cocineras.
Recuerdan cuando visitaban a su abuela Marcelina en Atlixco: ella tenía un huerto en donde se daba entre otras cosas la lima, hoy prácticamente sólo se encuentra en el sureste del país, de ahí surge el famoso aceite con ajo y lima: los gajos de una lima grande y media cabeza de ajo, un litro de aceite de oliva virgen. Se pone los ingredientes con el aceite en una botella y se tapa. Se tiene que dejar macerar en un sitio oscuro entre uno o dos meses según el tipo de concentración que a uno le guste.
Emocionadas por los recuerdos asociados a los sabores, me dieron la composición de una de sus mezclas más preciada, que combinada con pasta resulta ser un manjar digno de las diosas de la mitología griega, así tenemos el aceite de hierbas que se compone de seis cucharadas de hierba picada (albahaca, menta, orégano, estragón o tomillo), 600 ml de aceite de oliva virgen, una o dos ramitas de las hierbas elegidas. Son puestas en el mortero triturando hasta obtener una pasta, posteriormente, se añade unas gotas de aceite, se remueve hasta homogeneizarla y se agrega el aceite restante. Se pasa a un tarro esterilizado, tapar y dejar reposar dos semanas agitándolo o removiéndolo uno o dos veces al día. Se cuela el aceite y se pone en botellas esterilizadas, se le puede añadir las ramitas para adornar, se cierra y se guarda en lugar fresco y oscuro.
Llegó la hora de terminar esta entrevista; ellas se quedaron con la nostalgia, y yo me quedé con los sabores.