Viernes 22de marzo de 2002
La Jornada de Oriente publicación para Puebla y Tlaxcala México

 
EL SABOR DE LA VIDA

Sabor a dichos y refranes

n Catalina Pérez Osorio, Silvia Reyna y Susana Wuotto

Para Queta, Nuria, Rosi y Antonella

Platicando con doña Clo, como siempre sobre las tradiciones mexicanas y su extenso conocimiento sobre recetas de cocina, comenzó a decirme una serie de dichos y refranes asociados al comer en la vida cotidiana.
Por ejemplo, doña Clo dice que "a la gorra, ni quien le corra", así que acepté de inmediato comer con ella. Menciona que otro refrán la hace recordar a esa amiga que tiene que "como el apóstol trece, come y desaparece".
Me cuenta que sigue soltera, porque ese novio de muchos años fue como "el que come espárragos, bebe cerveza y besa una vieja ... ni come, ni bebe, ni besa", y pasaron los años, ella perdió el tiempo y él se fue con una 20 años más joven, como dice el refrán "fruta nueva... ¿quién no la prueba?". Pensó que ella era una muñequita que no comía, creía que "con dos que se quieren bien, con uno que coma basta".
Ya entradas en confianza después de sus confidencias amorosas, me enteré que la 20 años más joven no lo aguantó mucho tiempo, y cuando regresó, como "la venganza es dulce", doña Clo sólo le dijo "ahora es cuando, chile verde, le has de dar sabor al caldo".
Como "en el comer y el cantar, todo es empezar", seguimos comiendo y hablando, y entonces fue mi turno, "de tuyas a mías, ¿cuántas te comerías?", me dijo, si hubieras tenido todos esos novios Silvita, no estarías comiendo sola, porque "de lengua me como un plato".
Le contesté que tuve "de todos colores y sabores", que como en la "comida gustosa: un poquito de cada cosa". Y doña Clo me vuelve a retar ¿y por qué andas tan sola, Silvita?, pues porque "a la mejor cocinera se le va un tomate entero".
Ya esta plática me está poniendo triste; muchas veces estuve a punto de no estar sola, pero "del plato a la boca se cae la sopa".
"El camino de la boca, nadie lo equivoca". Seguimos las confidencias al calor de las copas y como "si la mar fuera vino, todo el mundo sería marinero", como buenas marineras de grandes navíos nos hicimos a la mar, nos llevamos la comida, las copas y los novios.
Cuando salí de casa de doña Clo pensé realmente satisfecha: "ya maté a quién me mataba". Pues comí, bebí (conté mis penas) y, como dice el dicho, "ya no me hallo aquí".