La Jornada Semanal,  21 de octubre  del 2001                                                                   núm. 346
n o v e l a 
Entre lo tangible y lo imaginario

Miguel Aguilar Carrillo


 
 
 

Elena Poniatowska,
La piel del cielo,
Alfaguara,
México, 2001.
 

 

Elena Poniatowska continúa en La piel del cielo (Premio Alfaguara de Novela 2001) su labor como creadora de novelas asentadas sobre la realidad del México del siglo xx, principalmente en el período posrevolucionario y la consolidación del régimen presidencialista. Al igual que sus obras anteriores, Hasta no verte Jesús mío (1969), Querido Diego, te abraza Quiela (1978), La "Flor de Lis" (1988) y Tinísima (1992), para no hablar de sus obras periodísticas, Elena Poniatowska recurre a desarrollar sus personajes dentro de una realidad conocida, no solamente a través del sustrato material en el que se desenvuelven, también en su relación con personajes de carne y hueso, políticos de un tiempo determinado, situaciones de emergencia en la circunstancia histórica y decisiones que tuvieron relevancia en la formación del México actual. Es decir, la obra de ficción de Poniatowska se desarrolla como una crónica de los sucesos del momento donde sus personajes tienen contacto con la realidad circundante. Esto le permite a la autora retratar situaciones que tendrán importancia en la historia posterior. Si en Tinísima novelaba la vida de Tina Modotti compartida con personajes que actualmente resultan míticos, como Edward Weston, Julio Antonio Mella y Diego Rivera, entre otros, en La piel del cielo crea un personaje, Lorenzo de Tena, para platicarnos, por un lado, la historia de la ciencia en nuestro país (específicamente la de la astronomía), las relaciones de poder entre las clases privilegiadas y su concepción de México, las trabas que los científicos tienen que soportar para el desenvolvimiento de la ciencia, y por el otro, el crecimiento de un personaje inconforme, en lucha consigo mismo, harto de la blandura de sus semejantes, intransigente y azorado ante el misterio mayor de la mujer.

La piel del cielo es trabajada en dos planos; uno real, la historia de la ciencia, y otro evocado, la adquisición del conocimiento de uno mismo para encontrar lo verdaderamente importante: la consolidación de la persona en sus dos vertientes, racional y emocional. Es decir, por un lado se narra un aspecto poco estudiado como es la ciencia y por el otro, aquel trabajo que todos los novelistas persiguen, el de esclarecer los impulsos que rigen la actuación del hombre, aquello que Javier Marías definía como lo que "no sucede pero sucede".

En el primer plano, el plano de lo real, Elena Poniatowska recurre a una gran información para permitirnos conocer, a un público más amplio, esa faceta del México moderno oculta en los archivos particulares o de instituciones científicas: la historia de la ciencia en México. Debido a este tratamiento es que, ante la inminente aparición de la novela, se creó el rumor de que se trataba de una biografía novelada de su compañero de tantos años: el científico Guillermo Haro, investigador de los observatorios Astrofísico de Tonantzintla y Astronómico Nacional y director de los mismos durante muchos años. Leer la novela nos aclara el falso rumor. Si bien, en el plano real, el plano de la historia de la astronomía, Lorenzo de Tena y Guillermo Haro comparten puestos, obligaciones e inquietudes, en el plano evocado o novelesco el personaje Lorenzo de Tena es un ser independiente que responde a los resortes de la acción narrativa. Como es sabido, persona y personaje son entes distintos; la persona es el ente real, diríamos de carne y hueso, con libre albedrío y decisiones que escapan a toda presunción humana. El personaje, en cambio, es un ser de ficción, elaborado a partir de lo real pero con vida solamente en el espacio de la narración. La persona se escapa de las manos; el personaje está atrapado en las redes del novelista. Sin embargo, aunque esto sucede, la labor del escritor reside en dotar a sus personajes de la complejidad de la persona y esto es lo que ha logrado Elena Poniatowska con Lorenzo de Tena.

En el plano evocado o imaginario, sitio de la ficción, Lorenzo de Tena, hijo natural de una de las familias importantes venidas a menos del México posrevolucionario, tiene que dar cauce a su orfandad y a su vocación. Para ello recurre, como todo joven, a la búsqueda incesante de la amistad, el saber y el amor. Por un lado, su trato con el doctor Beristáin, padre de su amigo Diego, le da el saber, lo coloca frente a la sed de conocimiento, Narciso Bassols lo instala en el compromiso político, José Revueltas en la indagación de los problemas de México, y Luis Enrique Erro es quien finalmente le revela su vocación científica. Por otro lado están las mujeres de su vida: Florencia, su madre, Leticia, su hermana menor, Lucía la cuarentona que lo inicia en el amor, Lisa, al mujer liberada y, por último, Fausta 
­mujer inquietante que mezcla el fervor por la ciencia con la sabiduría que viene de otros territorios más allá de la razón­, le dan la conciencia de su ser hendido, de su condición solitaria frente a una sociedad que se rige por lo inmediato, por la satisfacción bastarda. Y Poniatowska quiere contar estas historias: incomprensión de las necesidades y de las respuestas que requiere un país por parte de quienes lo dominan, e incomprensión del individuo (en este caso el astrónomo Tena) que observa a los demás sin enterase de sus motivaciones.

Así, La piel del cielo transcurre ­diría el poeta Luis Cernuda­ entre la realidad y el deseo, entre lo tangible de los datos históricos comprobables y lo imaginario; por ello, la estructura de la novela es aparentemente simple (uso de la tercera persona, prosa rápida, ágil, amable con el lector), no busca apantallar con el uso de recursos técnicos; eso sí, busca y encuentra la complejidad necesaria para hacer creíbles las figuras José Revueltas, Narciso Bassols y otros personajes históricos dentro de la trama de la ficción. En este punto, creo, reside la mayor de las virtudes de La piel del cielo, obra de madurez de nuestra escritora.

Antes de concluir esta divagación que apenas roza con palabras titubeantes los resquicios de la piel de los cielos, quisiera mencionar otra virtud, ésta dirigida a la narradora. Elena Poniatowska continúa la labor de otros periodistas, como en el caso del recordado Fernando Benítez, que no se conforman con realizar el trabajo diario de la información honesta sino que creyeron en la palabra como herramienta para ayudar a la divulgación del conocimiento y a las causas más justas •



Casa del Lago. Cine en la Sala Lumière. Ciclo "Anthony Quinn": Un paseo por las nubes, de Alfonso Arau, jueves 25 y viernes 26, a las 16:00 horas, entrada libre. Matiné: Cine para niños: Ciclo "El gran Chaplin": Tiempos modernos, domingo 21; El vagabundo, El chico y El peregrino, sábado 27 y domingo 28, a las 11:00 y 15:00 horas, entrada libre. Cineclub Casa del Lago: Ciclo "Claude Chabrol": Máscaras, domingo 21; La ceremonia, sábado 27 y domingo 28, a las 15:00 horas, entrada general: $5.00 pesos. Nuestro cine: Los hijos de María Morales, de Fernando de Fuentes, domingo 21; y Espaldas mojadas, de Alejandro Galindo, sábado 27 y domingo 28, a las 17:00 horas, entrada libre.

Batería. En la última sesión del Décimo Encuentro de Batería Contemporánea, se presenta el baterista chileno Daniel Peralta y el Ensemble de batería y comparsa de Hugo Hernández Montes, este domingo 21, a las 12:00 horas, en el auditorio al aire libre de la Casa del Lago.

Música de cámara. Recital de violonchelo y piano. Interpretan Bozena Slawinska, violonchelo, y María Teresa Frenk, piano, el sábado 27, en el Teatro Rosario Castellanos, a las 14:00 horas. Entrada libre.

Danza. El impulso del instante, con Magdalena Villarán y Tania Solomonof, el domingo 28, en el Foro xxi, a las 15:00. Entrada libre.

Teatro. Caja de rezonancias, de Lucero Balcazar. Única función el miércoles 31 de octubre, en el Foro La Pérgola, a las 20:00 horas. Entrada libre. 

Para mayores informes sobre estas actividades y otros eventos especiales, dirigirse a la Casa del Lago, Antiguo Bosque de Chapultepec, primera sección, cp 11850, teléfonos: 5211 6093 y 94.

Casa del Cuento. Y [email protected] [email protected] también cuentan, con alumnos de Scarlett Quiroz. Contada colectiva, a las 19:00 horas; y El morral de los cuentos, con Vivianne Thirion, Moisés Mendelewicks y Lenis Ávalos, a las 20:00 horas, ambos eventos son el jueves 25 de octubre, también en el Centro Cultural El Juglar. Entrada libre.

Exposición. Saga de sueños, muestra gráfica de Ibasther que permanecerá abierta al público hasta el 16 de noviembre, de las 10:00 a las 18:00 horas, en el Centro Cultural El Juglar ubicado en Manuel M. Ponce, col. Guadalupe Inn. Informes a los teléfonos 5660 7900 y 56 60 8061. Entrada libre.

e n s a y o
Una breve descripción del límite

Raúl Berdejo Bravo

Peter Handke,
El año que pasé en la bahía de nadie,
Alianza Literaria,
España, 2000.
 

 

Si pudiéramos reunir todos los libros de Handke publicados hasta ahora, tal vez nos sorprendería, antes de su lectura, el porqué de una obra de tal extensión de un escritor amante de la brevedad y la sobriedad. Una vez concluido el libro descubrimos la razón: no estamos frente a una actividad usual sino dentro de una acción continua de escritura que se ha liberado de los obstáculos que impiden una exposición sosegada, suntuosa y, sobre todo, extraordinariamente cómoda.

Esta confortabilidad, una absoluta conciencia de arquitectura, es uno de los poderes de Handke. Uno cree que tiene la fortaleza de enfrentarse a su lectura y presumir que la aventura es simple, la comprensión asimilable y que el comentario cabe en dos cuartillas, pero esa es virtud del austriaco. Estamos dentro de una catedral y tenemos a un monaguillo que sabe a dónde van a parar las confesiones. Si nos impresionan las naves y sus bóvedas, los santos o la extraña austeridad del atrio, sólo es para que uno vaya respirando sentido y él lo dice: "Mi conciencia no tiene nada que ver con ningún tipo de razón, más bien me inmiscuyo como un demonio de un modo destructivo." Este equilibrio entre la acción del que escribe y la comodidad del espectador es parte de una labor que suma y confunde voluntariamente el desarrollo de habilidades técnicas, la ineludible confrontación interna de los que descubren que el escribir presenta y representa problemas consigo mismo y el proceso donde se descubre y establece el estilo propio.

Nadie como Handke para hacer de la lectura la experiencia donde pueden coincidir todas las demás experiencias en un tejido conjuntivo que propicie circularidad. Uno como lector puede hacer sus preguntas al acompañar durante 587 páginas a un escritor que ha logrado relajarse a tal punto que parece dejar de lado cualquier consideración para quien lo contempla. Pero llega el momento en que deja de hacerlas: uno recuerda las obras anteriores y reconoce que Handke se había estado, o nos había estado, preparando para una expresión minuciosamente educada. Ensayos del día logrado, del cansancio, del jukebox, repeticiones y regresos, declaraciones y confesiones que indignaron a quienes creyeron que se franqueaban límites o códigos de formalidad. Uno acepta títulos y pretextos: que si los amigos, que si las grandes caminatas, que los nombres, los lugares o las transformaciones, la recolección de setas o el ruido de los vecinos. No importa, sabemos que el motivo será siempre un animal astuto.

El año que pasé en la bahía de nadie es, de nuevo, un destello donde jamás encontraremos el objeto que lo emitió. Podemos creer en ese lugar que tras una larga decisión, Handke sentó cabeza para desde ahí mirar todo aquello que sucedía. Un lugar sin hábitos de grandes ciudades donde se puede encontrar gente que ha estado ahí varias décadas. Podemos asegurar que la bahía es la caja de resonancias donde el escritor postula sus poderes, se desgaja de los últimos pudores y juega, en todo momento, con la farsa de la intimidad, del lenguaje y de la posibilidad de desaparecer la anécdota.

Pocas veces nos habrán llevado al país de no pasa nada de una manera tan amable. Narración tras narración tendremos que asumir el contrato donde después de inmiscuirnos en historias ajenas no recibiremos ninguna a cambio. Ni siquiera la nuestra. Y nos lo dice por ahí: "Ya nadie merece una historia". ¿Estamos atrapados en el método de Handke? ¿Se puede decir desde el espacio de un comentario algo de quien tiene el propósito de una liberación de lo literario y toda aquella figura accesoria que le acompaña? A pesar de que uno anda buscando, por costumbre, la narración, descubre que de Handke sólo se conseguirá un paseo a una pintura de paisaje donde abundan colores, hojas, sonidos, descripciones que logran la transparencia.

Desde el engaño mismo Handke nos saca del engaño, no habría otra posibilidad. Nadie habría aceptado la invitación a la fiesta para ser expulsado definitivamente de la posibilidad de cualquier festejo. Y él lo declara: "Me parece que la actividad de narrar se ha agotado, o que en ella hay algo podrido, y no sólo en la mía." "Que la narración, la que ocupa un libro entero, no pueda salir adelante, sin catástrofes es algo que yo no he entendido nunca. Pongo en duda esta presunta ley. Hay que derogarla. La quiero de otra manera." No les gustará nada a los actuales legisladores este anuncio de lo que vendrá. La legitimidad siempre está por los suelos. Hay algo que disfrutar de manera especial. A estas alturas el escritor sabe de la cautividad de sus lectores, de las afinidades que pacientemente se han elegido y de la entrega cautelosa al estilo que, nos dice, tiene francas adversidades. Handke nos habla.

La desganada confianza que se tiene a sí mismo es siempre la certeza de que tiene en sus manos una experiencia literaria que deja de lado cualquier aproximación que se pretende especializada y que llega hasta la indiferencia. Densidades, variaciones y transparencias, rodeos y exabruptos, dudas, reticencias, y una lección contundente: de la pura exterioridad, lo inmediato. Los intersticios son un pliegue. Esta es una de las obras de un escritor de nuestros tiempos que hay que dejar añejar en nosotros mismos. Compruebe leyendo después narraciones violentas y ordenadas. Verá cómo el libro de Handke traspasa las porosidades y anega todo lo que le ponga encima. Entonces no era lo inmediato •


FICHERO
LOS LIBROS QUE LLEGAN A NUESTRA REDACCION
derecho
•El análisis cultural del derecho. Una reconstrucción de los estudios jurídicos, Paul Kahn, Col. Biblioteca Yale de Estudios Jurídicos, Yale Law School/Gedisa Editorial, Barcelona, España, 2001, 205 pp.
•La ética en el ámbito público, Joseph Paz, traducción de María Luz Mulón, Serie CladeMa/Filosofía del derecho, Editorial Gedisa, Barcelona, España, 2001, 442 pp.

ensayo
•La mirada del centauro. Los mejores ensayos de ensayo, prólogo y selección de Mary Carmen Sánchez Ambriz, Col. Las cascadas prodigiosas, 56, Ediciones Verdehalago, México, 2001, 186 pp.

historia
•Ruptura y oposición. El movimiento henriquista, 1945-1954, Elisa Servín, Cal y Arena, México, 2001, 434 pp.

memorias
•Casa del Lago, textos de Clementina Díaz de Ovando, Guadalupe Lozada León y Carlos Monsiváis, Coordinación de Difusión Cultural, UNAM, México, 2001, 138 pp.
•De memoria (1952-2001), Jorge Galván, Juan Pablos Editores/UAG/Instituto Cultural de Aguascalientes/CIEMA, México, 2001, 399 pp.

narrativa
•Los mejores cuentos mexicanos. Edición 2001, selección e introducción de Bárbara Jacobs, con la colaboración de Alberto Arriaga, Editorial Joaquín Mortiz, México, 2001, 284 pp.

poesía
•Crujir de la hojarasca, Silvia Pratt, Serie José Yurrieta Valdés, Universidad Autónoma del Estado de México/Editorial La Tinta del Alcatraz, México, 2001, 69 pp. 
•Fadomaquia: Ralhar de Cornos, Roberto Luviano, Cuadernos de La Perra Pelona, México, 2001, 56 pp.
•Itapal Altepetaj Xtamánin Kasipíjni’. El Color de la sierra, Alberto Becerril Cipriano, poesía en masewal, totonaco y español, Escritores en Lenguas Indígenas, México, 2001, 150 pp.
•Poesía. Prosa, Carlos Gutiérrez Cruz (investigación y compilación de Luis Mario Schneider), Col. Lo fugitivo permanece y dura, Secretaría de Cultura Gobierno de Jalisco, México, 2000, 361 pp.
•Signos de hastío, Pedro E. Parra Reynoso, Cuadernos del oficio/ Taller de letras, Universidad Autónoma del Estado de Morelos, México, 2000, 63 pp.

salud
•Elementos socioculturales en la prevención del cáncer cervicouterino. Un estudio en Hermosillo, Sonora, Ma. del Carmen V. y Gilda Salazar Antúnez, Col. Cuadernos núm. 7, Cuarto creciente, El Colegio de Sonora, México, 2001, 230 pp.

semiótica
•El giro semiótico, Paolo Fabbri, traducción de Juan Vivanco Gefaell, Col. El mamífero parlante, Serie mayor, Gedisa Editorial, Barcelona, España, 2000, 159 pp.

revista
•Nueva antropología, 59, abril 2001, vol. XVIII, textos de Armando Rendón Corona, Sergio G. Sánchez Díaz, Sylvia Narváez, entre otros, Nueva Antropología, ac/uam/Conaculta-inah/Plaza y Valdés Editores, México, 172 pp.
•Oráculo, núm. 3, otoño-invierno de 2000, año 1, xtos de Jesús Bartolo, Angie Enciso, Wenceslao Serra Deliz, entre otros, publicación independiente, México, 33 pp.
•Oráculo, núm. 4, primavera-verano de 2001, año 1, textos de Lourdes Rangel, Eduardo Oláiz, Thelma Nava, entre otros, publicación independiente, 
México, 33 pp.
•Oráculo, núm. 5, veraño-otoño de 2001, año 2, (poetas griegos contemporáneos, edición bilingüe), textos de Titos Patrikios, Manolis Pratikakis, Estela Guerra Garnica, Mario Blacutt, entre otros, publicación independiente, México, 35 pp.
•Sólo historia, núm. 12, abril-junio 2001, año 2, textos de Adolfo Sánchez Vázquez, Gregorio Sosenski, Concepción Rodíguez, entre otros, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, México, 96 pp.