MARTES Ť 21 Ť AGOSTO Ť 2001

Ť Habla de justicia social "en una economía de mercado"

La revolución sandinista "no tenía viabilidad", sostiene Daniel Ortega

AP

Puerto Cabezas, Nicaragua, 20 de agosto. En 1979, un hombre de 32 años hizo su entrada triunfal en Managua en un transporte blindado, con su cabellera al viento y de uniforme, mientras la multitud hacía disparos al aire y las campañas de la catedral tañían en celebración.

En 2001, el mismo hombre, de 55 años, con una camisa gris de vestir, sentado en un restaurante junto a la suave resaca del mar Caribe, habla en tono moderado sobre los errores de su juventud y su concepción del futuro.

Una década después de tratar infructusamente de crear un paraíso socialista en uno de los países más pobres del continente, mientras Estados Unidos financiaba una guerra de guerrillas para contenerlo, Daniel Ortega encabeza las encuestas de intención de voto para las elecciones presidenciales de noviembre.

Ortega dice que sigue considerándose un marxista y que todavía cree en los mismos principios de justicia social, pero rechaza los métodos de la lucha armada y la represión característicos de su juventud.

En una entrevista con la Ap, la primera de su campaña, Ortega dijo que "uno va viviendo un proceso de maduración. Yo pienso que los ideales tienen que estar ahí, pero lo que uno tiene que repensar, modificar es cómo alcanzar esos ideales".

"La revolución que nosostros impulsamos en los 80 fue una propuesta que no tenía viabilidad", admitió. "Fue un paso de mucha trascendencia cuando decidimos aprobar un régimen democrático".

El mundo ya no es el mismo de cuando Ortega llegó al poder. La Unión Soviética que lo apoyaba ya no existe. El presidente George Bush que presenció la salida de Ortega del poder se retiró, y su hijo ocupa ahora la Casa Blanca.

La guerra brutal entre el gobierno de Ortega y los contras financiados por Estados Unidos terminó hace mucho, aunque los veteranos mutilados que mendigan en las calles de Managua y las bandas de ex combatientes que rondan el interior en busca de secuestros lucrativos constituyen un ominoso recordatorio.

Ante las presiones internacionales para democratizar Nicaragua, Ortega convocó a elecciones en 1990 y perdió, luego volvió a perder en otro intento electoral enNICARAGUA_THE_NEW_ORTEGA 1996, los dos veces bajo el emblema del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Pero esta vez Ortega aventaja al candidato del partido gobernante, Enrique Bolaños, por leve margen en las encuestas.

Parte de la diferencia es la retórica de Ortega. Ahora habla de justicia social dentro de una economía de mercado y de buenas relaciones no solamente con Cuba y Libia, sino también con Israel y Taiwán.

También asegura tener las mejores intenciones de "desarrollar relaciones normales, respetuosas, con el gobierno de Estados Unidos, y para seguir las relaciones amistosas que siempre hemos tenido con el pueblo estadunidense".

También obra en su favor la desilusión generalizada con el actual presidente Arnoldo Alemán, que muchos nicaragüenses consideran corrupto e indiferente al hambre y el desempleo reinantes. Muchos ciudadanos que prometieron no votar nunca por los sandinistas están dispuestos a darle a Ortega otra oportunidad porque creen que no hay alternativas viables.

Ortega dice que su pensamiento ha ido evolucionando con el tiempo y su compañero de fórmula, Agustín Jarquín, parece una confirmación. Jarquín estuvo preso seis veces en los años 80 por su oposición al régimen de Ortega.

Jarquín sostiene que Ortega cambió. "Es diferente al de los años 80, pues asume que ha cometido errores, de los cuales hay que aprender".

Ortega inició su campaña el sábado con un acto destinado a demostrar cómo ha cambiado. Viajó a la costa del Caribe donde los líderes indígenas se sumaron a los rebeldes en los años 80 para combatir al gobierno en procura de autonomía, y les prometió concedérsela si lo eligen.

"Ustedes no estaban equivocados. Los equivocados fuimos nosotros", les dijo. "Quiero pedir perdón a los hermanos miskitos...a todos que fueron víctimas de las políticas equivocadas que tuvimos en ese entonces".

"Antes pensábamos que había que cerrarle el espacio totalmente al enemigo", dijo Ortega en la entrevista. Pero agregó que "a ningún nicaragüense le podemos quitar la libertad. Independientemente de que sea nuestro adversario político, o de que haya sido nuestro más férreo enemigo, no podemos negarle derechos. Eso es una nueva filosofía".