LETRA S
Febrero 1 de 2001
El irreverente lenguaje de las vaginas
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Y los labios menores y mayores abrieron la boca. Finalmente las partes pudendas, bajas, íntimas femeninas terminaron por quitarse los velos de hipocresía para gritar y reivindicar su nombre: VAGINA, VAGINA, VAGINA. Con ese vocablo coreado por el público, comienza la obra Los monólogos de la vagina. Se trata de una serie de testimonios caracterizados por tres actrices en cada función. Las historias son el resultado de 200 entrevistas a mujeres de todas las edades sobre sus experiencias y sentimientos con sus genitales: la niña que aprende que su "babucha" es algo sucio y malo que jamás debe tocarse; la mujer anorgásmica que se descubre el clítoris; la anciana que desde hace cuarenta años no "baja por allá"; la descripción de una vagina en el momento del parto; el trágico testimonio de una violación tumultuaria; y otras más. Y a pesar del dramatismo de algunas de las historias, que invitan a la reflexión, lo que impera es el humor irreverente, como el de la personificación de los diferentes tipos de orgasmos femeninos o el de "la vagina encabronada". Dirigidas por Jaime Matarredona, las actrices aparecen sentadas y descalzas frente al micrófono, desplegando su capacidad histriónica que las lleva del drama a la comedia.

Pepa, chocho, panocha, pucha, papaya, coño, la pa'nochambear, las actrices van enumerando los diversos motes asignados popularmente a la vagina, y el público desinhibido completa la lista. De nuevo las mujeres toman la delantera y hablan a corazón y vagina abiertos. Y lo que queda finalmente es una sensación liberadora y un ánimo solidario. De hecho la autora, Eve Ensler, ha convertido a esta obra en una cruzada contra la violencia hacia las mujeres en EU. Ella misma fue objeto de abuso sexual y golpes durante su infancia por parte de su padre. Aquí se lleva a cabo una colecta en cada función para apoyar la lucha contra la criminal violencia desatada en Ciudad Juárez contra las mujeres y que ha cobrado ya muchas víctimas.