LETRA S
Enero 4 de 2001
Crónica Sero
JOAQUIN HURTADO

 

No, querida, no me vengas ahora con que te sientes decepcionada por haber votado por él. Qué poquito aguantas. Si apenas vamos comenzando y me dices en tu email qué ya estas harta de crucifijos, mentadas guadalupanas y bendiciones en los actos oficiales. My dear!

Mira que a mí me tumbaron al broncíneo indito de Guelatao para sentar en su pedestal a San Miguelito Arcángel, el de espada flamígera y alas de cantera; y ya ves, nada me pasó porque lo peor ya había pasado. Chula, tendrías que vivir unos días en las provincias para que sepas lo que es tocar fondo y seguir cayendo.

Quizás por eso me ves tan concha galvanizada a prueba de sotanazos y chisguetes de agua bendita. Ni el virus esparcido por los incensarios de nuestro gobernador han podido con nosotras, las repulsivas del clan. ¿Qué cómo le he hecho? ¿Pero es que las perdedoras no podemos hacer algo aparte de entonar el himno nacional I will survive cada mañana?

No, corazón, no te hagas ilusiones, nosotras ya no contábamos ni siquiera antes de las Foxifiestas de Chapultepec. Sé sincera: ¿Podremos acaso, las ateridas perritas del ocaso, contra las hordas fachas que vienen bajando del Cubilete al grito de "Viva Cristo Rey, hijos de su gran Sodoma"?

No hagas corajes de gratis. No me vengas con que esperabas realmente algo progre cuando, desechando toda advertencia, le diste vuelo a tu derecho al voto útil y le apostaste a Vicente Fog Mandino, el vendedor de ilusiones que el México teletonero reclamaba a gritos.

¿Qué ganas, chica, con hacer bilis al recordar cómo usaron a las ilusas locas que anduvieron en el brete de las consultas de la transición para que al final les salieran con el mismo atolito de los dorados tiempos del dedazo prinosáurico?

¿Que no te gustó el criterio para nombrar a la secre de desarrollo social (¡Dios mío, hazme imbécil!); o al ministro de educación (¡Dios mío, hazme gorda, mocha y títere de los pesudos regiomontanos o, ya de perdis, biógrafa de Martita Sahagún!)? Ya ni llorar te queda, mujer.

 

P.D. ¿Que no te calienta ni el sol ahora que supiste que el doctor Frenk no te aventó ni medio hueso, tú que soñabas con destronar a la princesa inmóvil del Conasida?, ¡por las olientes botas de Chente el Magnífico, en qué mundo vives, niña!