La Jornada Semanal, 1o de octubre del 2000 
 
 
 
Las glorias de San Gordiano (I)
Para Antonio Helguera
Acaba de llegar a mis manos un pulcro folleto que contiene información sobre la risueña, aunque mínima, ciudad de San Gordiano el Grande, nacida en el reino de Nueva Tirteafuera, cuna de una independencia local que sus habitantes consiguieron después de una lucha sin cuartel con ellos mismos, y ahora pujante y progresista localidad del Estado de Centro-Derecha, capaz de vender sus productos garapiñados al mismo Taiwán, aunque siempre salga perdiendo en las transacciones, pues el grado de esclavitud laboral de los taiwaneses supera al de los gordianenses a pesar de los esfuerzos desplegados por estos últimos. Sin embargo, la nueva cifra de obreros muertos de hambre (incluye familiares cercanos y tías solteras adscritas) es alentadora, y Ceferino Wilcox Urdapilleta, el alcalde, ha hecho declaraciones optimistas que, aunque usted no lo crea, han tenido repercusiones preocupantes en Taiwán, Singapur, Corea y Centroamérica. 

El folleto tiene en la portada la imagen de San Gordiano (apodado “el Miope”, por sus seguidores), patrón del lugar, así como el escudo actualizado (sus vecinos los paliacatenses aseguran que nunca existió tal escudo y que San Gordiano fue, hasta mediados de este siglo, una simple ranchería ubicada dentro del término municipal de San Paliacate el Alto que, en cambio, sí tiene un escudo otorgado por Felipe IV) de la próspera localidad. San Gordiano dio testimonio de su fe en épocas neronianas. Su vida fue ejemplar y predicó la buena nueva a toda clase de bárbaros y herejes. Su cortedad de vista no fue óbice para su infatigable apostolado, ya que en medio de las llamas del incendio de Roma siguió predicando, pues pensó que se trataba de lámparas votivas. Su cuerpo momificado y expuesto en una urna de vidrio en la parroquia de la ciudad que lleva su nombre, conserva un ademán oratorio. 

En el folleto aparecen las biografías de los gordianenses que con sus vidas, virtudes y obras han dado lustre a su terruño y le han permitido enorgullecerse por tener hijos más ilustres que los de los pueblos vecinos, especialmente los paliacatenses, que apenas dieron un insurgente sospechoso de haber sido un espía doble, y un pintorcillo de poca monta autor de idealizaciones paisajísticas de sus escuálidos rumbos. 

Rescato para la historia algunas biografías de los eméritos gordianenses: 

1. El padre Victoriano Turrubiates y de la Cadena nació en San Gordiano en 1714. Se ordenó sacerdote en Guadalajara y, cansado de las pompas del mundo, ingresó a la orden de los Dominicos guiado por su fe ardiente y por su aborrecimiento del error y de los erráticos. Presentó oposiciones para inquisidor en la capital virreinal, con escaso éxito, a pesar de que defendió con denuedo un proyecto para quemar a diez brujas, diez judaizantes, cinco médicos abortistas, doce feministas, ocho travestis, tres pintores de desnudos femeninos, veintiséis bailarinas de table dance, siete usuarias de minifaldas, ocho escotadas pechugonas y doce boticarios vendedores de condones y de píldoras anticonceptivas, en la Plaza de Santo Domingo un sábado y a la hora de mayor rating. Regresó a su ciudad natal y al clero secular. Fue nombrado párroco y dedicó el resto de su breve, pero ardorosa vida, a denunciar herejes y a promover los hábitos de modestia y castidad. Su muerte fue ejemplar, pues, al descubrirse pensamientos pecaminosos, se constituyó en inquisidor general, se condenó y, ante sus alelados feligreses, se prendió fuego y murió vitoreando al casto José. 

2. El Licenciado Ruperto de la Hoya y de la Higuera nació en San Gordiano en 1792. Hizo sus estudios en Santa Fe de Cuévano y fue el alumno predilecto del canónigo magistral don Jorge de Ibargüengoitia. Al iniciarse la guerra de Independencia fue nombrado corregidor de San Gordiano y, para no descubrir su fondo independentista, ordenó que colgaran frente a la parroquia a setenta insurgentes. Mientras esto pasaba, envió con un propio una carta al Padre Hidalgo. En ella le juraba lealtad y le aseguraba que lucharía con fe, entusiasmo y prudencia hasta lograr que la Nueva España perdiera su honesto nombre y tomara el de República. Su prudencia fue tan esmerada que esperó hasta 1821 para hacer pública su fe en las instituciones emanadas de la insurgencia. El emperador Iturbide lo confirmó en su cargo y don Ruperto inició una correspondencia secreta con Vicente Guerrero. Al ser fusilado don Agustín I, Guadalupe Victoria condecoró a don Ruperto y lo nombró gobernador del Estado del Centro-Derecha. Se preparaba para conspirar en contra del presidente con nom de guerre cuando la muerte lo sorprendió en su pueblo natal. Un estudiante de historia de El Colegio de México está trabajando en una investigación sobre la vida y la obra de este héroe epónimo que supo ser tan leal a sí mismo. 

3. El señor licenciado don Pelagio Viveros y Lechuga nació en la ranchería de Santa Pulquérrima. Su padre era un laborioso mediero de la Hacienda de Taradoataro, propiedad de los señores De la Timba y Tafanario. Su madre los abandonó cuando Pelagio cumplió cincuenta años, para seguir los pasos de un viajante de comercio de origen desconocido. Para esa época, Pelagio ya había terminado la carrera de derecho y dejado en la miseria al setenta por ciento de sus clientes. Unido al Partido Conservador persiguió a don Benito Juárez por las llanuras norteñas, formando parte de las milicias del General Mochilón, conocido con el terrible nombre del “cangrejo de Calpulalpan”, pues en la batalla, efectuada en los famosos llanos, reculó más de ochenta kilómetros para buscar refuerzos. Regresó a Calpulalpan cuatro días después del fin de la batalla lleno de explicaciones que nadie entendió. Por esta razón le otorgaron el gran collar de la orden de San Pascual Bailón. El licenciado don Pelagio regresó a su ciudad natal para dedicarse al ejercicio de su profesión y perfeccionar sus métodos para el cohecho, el fraude y los cochupos. Su opúsculo, titulado Una aproximación filosófica jurídica a la chicana en derecho ejecutivo mercantil, fue nombrado libro de texto en la Facultad de Derecho de su estado. Sus numerosos alumnos continúan aplicando con éxito el método del ilustre gordianense. 

4. El tribuno don Bonifacio Cantalapiedra se hizo famoso en plena juventud por su participación en organizaciones secretas. A los treinta años alcanzó el grado 33 y fue nombrado Gran Oriente de Occidente. Su ateísmo era tan vigilante que cuando alguien exclamaba: “¡Ay, Dios!”, el tribuno lo señalaba con índice de fuego y le decía: “¡No hay!” Esta valerosa actitud lo llevó a la presidencia municipal en épocas liberales y al paredón cuando ganaron los conservadores. El obispo de Morelia, mientras oficiaba la misa, vio cómo un alma caía a los infiernos envuelta en llamas. La alucinación duró lo suficiente para que el prelado reconociera a don Bonifacio en plena caída libre. El pueblo, al conocer la anécdota, pensó que el tribuno se lo merecía, pero que el obispo estaba agotando la reserva de vino de consagrar. 

Hay en el folleto más nombres de héroes epónimos y de valores de la cultura local. Hablaremos de ellos en las próximas columnas. 

Hugo Gutiérrez Vega
 
 
 
 
 
 
 
 
ANTESALA
 
 
 
    Para leer (y escribir) poesía. Borges nos repitió hasta el cansancio y de múltiples maneras una idea que parecía una declaración de falsa modestia pero que simplemente era verdad: sólo he sido un buen lector. El poeta Antonio Deltoro también es un excelente y atento lector, y ha decidido impartir un largo y jugoso Taller de lectura y escritura de poesía en la Casa del Poeta (Álvaro Obregón 73, col. Roma). “Un buen lector de poesía escrita por otros tenderá a ser un buen lector de su propia poesía y por tanto, un mejor poeta, crítico de sí mismo.” Claro que, como toda regla, ésta también tiene sus excepciones (hay egos tan desproporcionados que cruzan el pantano de la autocrítica sin mancharse. Juegue a adivinar a quiénes pertenecen estos plumajes –Víctor Manuel Mendiola sólo cuenta medio punto). El Taller tendrá lugar en la Unidad de Seminarios, todos los miércoles de la 18 a las 20 hrs. desde el 4 de octubre hasta el 6 de diciembre. Todo el paquete es suyo (de usted, bienamada/o lector/a) por la módica suma de 300 blindados, cincuenta por ciento de descuento a estudiantes, maestros y colegas del insen. Apúrese a inscribirse, porque Tony cobra más caro en la Fundación Paz. 

    Revistas virtuales. Ya están al alcance de cualquier cibernauta de café una serie de revistas que usted, lector(a) que se las da de hacker, puede bajar (que alguien me diga dónde está el arriba y dónde el abajo en la red) e imprimir fácilmente. Jaime Muñoz Vargas nos manda “un saludo torreonense, es decir, cálido” y nos envía el número 12 de El Mensajero, publicación quincenal y gratuita del Archivo Histórico de la UIA Laguna (sí aceptamos con mucho gusto la suscripción). En el índice aparece un artículo curioso, “Ensayo histórico: Fumadores neovizcaínos” (¿acaso los neovizcaínos son el remoto antecedente de los neoliberales, o de los neojipis, o de los neocancerosos? That is the question). Acuda usted a los buzones electrónicos: [email protected] y [email protected], y quedará usted suscrito a esta publicación. 

    Otra ciberrevista. La Embajada de Francia en México tiene su página web muy cuca; en ella puede usted encontrar, lector(a) francófona(o) y francófilo(a), desde la posibilidad de estudiar vía internet en la [email protected] (Universidad Virtual Euroamérica), sostenida por la Université Paris XIII, hasta la revista Cómo cambiar el mundo, que se dedica –entre otras cosas– a promover debates (ya sabe usted cómo son los franceses de alegadores) sobre asuntos de interés común a ambos países. El tema principal del mes de octubre se lleva por nombre: “Un siglo en el diván”, más de cien años de psicoanálisis revisados por un reportaje del semanario L’Express, “Freud no está muerto”, así como entrevistas a los psiquiatras mexicanos Giuseppe Amara (su hijo Luigi es un excelente poeta) y Armando Barriguete. La neoweb editor (rrrriiiice o séase arroz en Garcés) de la revista es nuestra amiga y colaboradora Judith Moreno, a quien le deseamos suerte. Recuerde usted que la cultura francesa no es parte del showbizz, como la estadunidense, sino la (profunda) marca de la casa. 

    Llamados y escogidos. Ediciones Alforja y el Conaculta, a través del inba, lo invitan a usted, versofílica(o) lector(a), a la presentación del libro Versoconverso, poetas entrevistan a poetas (en el cual podemos concluir que muchos son los llamados, y más los escogidos), que se llevará a cabo este mismísimo domingo 1° de octubre a las 12 hrs. en la Sala Manuel M. Ponce del Monumento al Mármol (o Gran Teta Marmórea, como también se le conoce) que se levanta ahí nomás junto al Domingo en la Alameda Central, parque a cargo de Diego Kahlo y Frida Kafka de Rivera, Menumento al Sismo, Orgullo de Nuestro Hundimiento y Homenaje a la Ciudad Lacustre que Siempre Debimos Ser, Centro Histérico, ¿no? Bueno, pues allí mero el susodicho libro será comentado por Dolores Castro, Hernán Lavín Cerda, José Vicente Anaya, Thelma Nava y José Ángel Leyva (coordinador del libro). Así que, ya sabe, levántese temprano, póngase sus pants, deje a los chamacos con la suegra y váyase al Centro a estirar las piernas y, sin olvidarse de tararear “Estrellita”, acuérdese que en la presentación del librazo habrá música a cargo de Margarita Vega y su Jazz Latino. Lo demás saldrá solo. 

    Famous Last Words. Por lo visto los resultados de la “consulta” sobre la supervivencia o no de las empresas culturales del Estado no dejó lugar a dudas: prácticamente nadie desea que desaparezcan del panorama. La democracia ejercida por internet (¿qué porcentaje de la población mexicana tiene acceso a internet? ¿El dos, el cuatro, el diez por ciento? ¿Cuántos tienen internet, cuántas son computadoras personales, cuántas son de empresas? ¿No es un poco ridículo llamar a esto una consulta democrática? ¿Además, desde cuándo el arte ha tenido que ver directamente con la democracia? Si por democracia entendemos cantidad, aguas, porque el Grupo Límite podría ser el próximo cuadro directivo del Conaculta. Demos gracias que la hoy señora Villarreal no se interesa en la cultura, sino en la Raza que los sigue y en la feria que les produce. El arte no es para muertos de hambre como los que trabajamos y malcobramos en tales empresas de la cultura. El arte lo producen los que pueden sostenerse independientemente y sin trabajar (gracias a herencia, familia generosa, sacarse el Melate o encontrar un tesoro enterrado en el jardín público). En lugar de estar pensando cómo desaparecer las empresas culturales que el Estado debe mantener, debería cavilarse en cómo hacer para que dichas empresas paguen bien y a tiempo tanto a creadores como a prestadores de servicios y empleados —sindicalizados o no, sobre todo a los “o no”. Esta sí que sería una verdadera revolución dentro de la cultura. 

    CarlosGarcía-Tort