La Jornada Semanal, 28 de mayo del 2000


Bazar de asombros

JUAN GELMAN

Buscar la luz, abrirse paso entre la cerrada tiniebla, no aceptar la derrota y hacer de la desesperanza una manera de reconciliarse con el mundo, de hacer un pacto de no agresión o un acuerdo de tregua prolongada con la historia y todos sus horrores, injusticias e insensateces. La poesía de Juan Gelman, el argenmex que, para nuestra fortuna, escogió a nuestro país para seguir adelante en la vida y en su trabajo creativo, reúne esas características y nos ayuda a reconciliarnos con los días y las noches y a redescubrir el asombro y la gloria de los alimentos terrenales. Todas estas afirmaciones salen de lo más profundo del ser (recordemos el grito de auxilio implícito en el De profundis de Oscar Wilde), después de derrotar a la desesperación y de afirmar, a pesar de todo y contra esto y aquello, los valores del ser humano, frágiles y asediados, pero más fuertes que la violencia y la injusticia.

Esto escribe el poeta a su madre, luchadora fuerte, sólo derrotada por el cáncer, el iracundo señor que nada sabe de perdones y engaña con sus treguas. La imagen de la mujer estricta quedó desordenada en la memoria del hijo. Sin embargo, con esos fragmentos pudo reconstruir una vida para cumplir el rito de la reconciliación. Al fin, ``en los hombres hay más cosas dignas de compasión que de odio'', decía Albert Camus, que acabó por tener la razón en casi todo lo que dijo y predijo: ``todavía recojo azucenas que habrás dejado aquí/ para que mire el doble rostro de tu amor/ mecer tu cuna/ lavar tus pañales/ para que no me dejes nunca más/ sin avisar/ sin pedirme permiso/ aullabas cuando te separé de mí/ ya no nos perdonamos/''.

Es con una ternura mayor como recupera al hijo y junta los pedazos de memorias y de amores para reconstruir su imagen en el poema y en el alma: ``¿era escrita verdad que nos desfuéramos?/ ¿qué voy a hacer con mí/ pedazo mío?/ ¿qué pedacitos puedo ya juntar?/ ¿como reamarte/ amor callado en lo que compraste con tu sangre niña?/''

Esta recuperación, como otras muchas plasmadas en la poesía urgente, desgarrada y amorosa de Gelman, sólo puede hacerse exprimiendo a las palabras sus jugos esenciales, creando nuevas palabras, remodelando la gramática, creando una nueva prosodia y cavando sin descanso en la vieja y casi agotada mina del idioma para hallar nuevas vetas no sólo de bellezas, de metáforas como piedras preciosas con luces interiores que vienen del alma mineral, sino también de nuevos y vigorosos significados que enriquecen los patrimonios de la verdad, de la emoción y del pensamiento:

Poesía llena de preguntas la de Gelman y llena también de admiraciones. Los poetas poseedores de certezas e incapaces de asombrarse (tal vez lo hacen tan sólo cuando contemplan sus orondos ombligos) no pueden llegar a esa dimensión donde lo ``humano, demasiado humano'' encuentra su forma de expresión, la construye y, muy pronto, la destruye para evitar el horror de los moldes, el cansancio infinito de decirlo todo de la misma manera, asesinando la sorpresa, la frescura del poema que adopta la forma exigida por el tema. En esta vigorosa actitud lírica Gelman nos pone a pensar en Vallejo, en sus palabras salidas de la tierra, en la originalidad de sus sensaciones y en la estremecedora sinceridad con que hablaba de los golpes tan fuertes como si vinieran del odio de Dios... tan fuertes, ``yo no sé'', admitía el poeta que tenía las manos llenas de preguntas y no sabía nada de las certezas poseídas por los dueños de este mundo manchado por la injusticia, las desigualdades abismales y la inagotable tontería de los propietarios, los filisteos y sus escribas.

Gelman nos entrega una poética a la vez reflexiva y lúdica. Del repertorio campesino y de épocas arcaicas obtiene sus palabras y, cuando no encuentra las adecuadas, se las inventa, crea sus reglas gramaticales y las dota de la versatilidad necesaria para que sean adjetivos, sustantivos o verbos, es decir, criaturas dotadas de una libertad tan amplia que rebasa todas las limitaciones y establece sus propias y, por supuesto, efímeras convenciones. Gelman ejerce el oficio de la poesía día y noche, con dolor, con amor, bajo la lluvia y en la catástrofe. Lo hace obligado por el dolor del mundo y por las separaciones, pero también por los besos del encuentro. Por eso trabaja con palabras que son como sangre. Su ars poetica llega a un extremo solidario que supera las limitaciones del individualismo cerrado: ``nunca fui dueño de mis cenizas, mis versos, rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte''.

En el caso de la separación de los amantes, Gelman encuentra la manera exacta para describir esos dolores: ``de veras comprobando que tus ruidos andaban por sus huesos y en general que te habías ido''. Los poetas anglosajones manejan los coloquialismos con soltura y sin provocar fruncimientos de nariz de los puristas. En nuestra poesía sólo lo han hecho poetas como López Velarde, Vallejo, Leduc, Huerta, Sabines... Para todos ellos las formas del lenguaje popular tienen la fuerza proveniente de las mismas raíces del idioma, y todos ellos saben que la verdadera originalidad no puede ser impostada sino que es una floración natural, una condición del alma. La poesía encerrada en las palabras consagradas por una retórica autoritaria, castrante, no tiene sentido alguno después de la gran revolución iniciada por Pablo Neruda. Su movimiento liberador nos enseñó que todo es poetizable, desde el misterio de las capas de la cebolla y los melancólicos anteojos rotos en una ácido basurero, hasta la violencia asesina de los dictadores y la superchería y avaricia de los dueños de los medios de producción en el capitalismo salvaje. Por eso nuestro amigo Juan nos expone sus motivos para escribir: ``El amor a la poesía, a la madre, a la mujer, a los hijos, a los compañeros que cayeron por una esperanza, a la belleza todavía de este mundo...''

Los recientes homenajes a Juan Gelman nos permiten pensar en algunos poetas de ese formidable país, hermano nuestro por tantas y tan ricas razones, que es Argentina: Lugones, Borges, Girondo, Olga Orozco, Enrique Molina, los Fernández Moreno... Ellos delinearon el rostro de la poesía argentina, hermosamente penetrada por los giros de la lengua popular hecha de mezclas y de bellas impurezas. Con tranquilidad y con una sabiduría pausada y sin estridencias, Juan ocupa su lugar tanto en el canon como en la marginalidad. No temas, Juan, los homenajes no pretenden petrificarte, convertirte en estatua y obligarte a seguir una línea consagrada y consagratoria. Nada de eso. Sigue jugando con las palabras, inventándolas y olvidándolas. Sigue tu camino de independencia y de lucha, sigue defendiendo a tus muertos y a tus vivos y a tus renacidos porque, al defender a tus personas, estás defendiendo a la personas, a las mujeres y a los hombres de este mundo injusto y violento. Ojalá que sigas siendo -que seamos todos- como tu tía Adelaida: ``ella llevaba sus negocios con Dios como un carbón encendido/ se levantaba a las cinco/ avivaba las brasas/ ponía a hervir su corazón/ y así empezaba el día/ cada día/'' Ahora cantaremos contigo un buen tango equivalente a un gaudeamus igitur o a un sursum corda.

Hugo Gutiérrez Vega
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Antesala

Rectificación y disculpas. En el número pasado (272), correspondiente al 21 de mayo de 2000, incluimos en la página 16 un recuadro titulado ``Amor y Azar'' para despedir a dos artistas que fallecieron la semana anterior: Guadalupe Amor y Héctor Azar. En el texto correspondiente a este último -y a causa del error original en una de nuestras fuentes de consulta-, entre los innumerables méritos de don Héctor, le adjudicamos uno que en justicia no le corresponde: el premio en el Festival de Nancy, Francia, a Divinas palabras, de Ramón Ma. del Valle-Inclán. La puesta en escena y dicho premio pertenecen a otro icono del teatro mexicano, Juan Ibáñez; Azar era el director del Departamento de Teatro de la UNAM y de su cuenta corrió el envío de la Compañía de Teatro Universitario (que él fundó) al festival. Sin embargo, el ya mítico montaje fue realizado en su totalidad por Juan Ibáñez. Por ello, pedimos rendidas disculpas a Juan y, por supuesto, a nuestros lectores.

Ciudad juárez y guadalajara: tomen nota. ¿Cuál es el antídoto para combatir las enfermedades sociales y morales que produce el narcotráfico? ¿Cuál el analgésico para la guerra interna que devasta la hermosa tierra que lleva el nombre que debería tener todo nuestro continente? En la ciudad de Medellín, Colombia, han decidido que la poesía es un buen remedio. Sí, acaba usted de leer bien: po-e-sí-a. Por ello, su Festival de Poesía de Medellín ha llegado a su x edición. Asistirán a él ochenta poetas de cincuenta países entre el 23 de junio y el 2 de julio. Esta fiesta de las palabras es convocada y organizada por la prestigiada revista Prometeo, que tiene dieciocho años de existencia. Asistirán poetas desde Argentina hasta Zimbabwe, pasando por Barbados, Congo, Filipinas, Cuba, Croacia, Dinamarca y México (adivinen quién está confirmado ya para representarnos: los herederos del Oráculo de Delfos que inmediatamente sacrificaron al cordero y leyeron sus entrañas -y los maliciosos- acertaron: Homero Aridjis, actual presidente del Pen Club Internacional. La pregunta es: ¿se presentará también por aquellas tierras ese valor telúrico y muy nuestro que se llama Víctor Manuel Mendiola, presidente del Pen Club México? Se aceptan apuestas). Por Colombia estará, entre otros, nuestro amigo y traductor oficial del ruso, el poeta Jorge Bustamante García. También -y por primera vez en el festival- se incluirá una rica variedad continental de expresiones poéticas indígenas, con cantos ceremoniales, relatos míticos y poemas. Estarán presentes huitotos, wayuus, mapuches, kichwas, acomas y probablemente uwas y mayas, entre otros que aún no han confirmado su asistencia. En fin, si usted, lector(a) adicta(o) a la saturación informática, necesita los datos completos sobre ésta y anteriores ediciones del festival poético de Medellín, ``con links a webs sobre los poetas que tomarán parteÊactiva en el evento'' (todo net-a-sic), conéctese a hhtp://www.epm.net.co/VIIfestivalpoesia/

Pocos pero bien peinados. ¿Sabe usted, lector(a) curiosa(o) como destino de gato, qué son los estudios de género? ¿Sabe usted que existe un Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG) en la UNAM? Pues si a usted le interesa el tema o quiere saber más de él, el PUEG, el CESU, el Colegio de la Paz Vizcaínas y Editorial Paidós le extiende una atenta invitación a la presentación del libro Géneros prófugos. Feminismo y educación, coordinado por Marisa Belausteguigoitia (pero usted puede decirle Maris a secas) y Araceli Mingo. El acto se llevará a cabo este martes 30 de mayo a las 19 hrs. en el Museo Carrillo Gil (Av. Revolución 1608, col. San Angel), y participarán en la mesa de [email protected] (cómo ve usted la incorporación de la famosa arroba para integrar los géneros en un solo signo, ¿le parece bien o de plano es muy mamucas? Por favor, hágamelo saber) Luzelena Gutiérrez de Velasco, Roberto Rodríguez y Sylvia Schmelkes (una de las mujeres más inteligentes y trabajadoras que conozco. No sé si me recuerde pero yo trabajé como corrector en el Centro de Estudios Educativos (CEE), donde ella era o es subdirectora o algo así. Si no se acuerda no la culpo; a ella no tenía que corregirle nada... bueno, quizás un punto y coma o unos dos puntos... Siempre me fascinaron su capacidad de trabajo y, sobre todo, su lúcida serenidad). Como dice Berenise Hernández Alanís, jefa del Departamento de Publicaciones y Difusión: ``Nuestro fondo editorial está integrado por pocos títulos, pero como verás están muy cuidaditos...'' Y sí, en efecto, como este antesalista ve el libro Derivas de un cine en femenino (del cual pronto publicaremos una reseña), los volúmenes están bien presentados y editados (en la rápida ojeada que le di no encontré ninguna errata) (bueno, lo único que parece errata es que escriba su nombre con ``ese'' en vez de con ``ce'' -Berenise es más Berenice con ``c''-. Pero esto debe tener una razón profunda que seguramente no es asunto mío). En fin, desde que me dio por escribir el anglicismo ``deconstruir'' en vez del castizo ``descontruir'', y además pensar que los dos términos son diferentes, me he vuelto insoportable. Pido perdón y hago Mutis (Alvaro), que quiere decir levar anclas, izar las velas y poner proa hacia un puerto desconocido, como todo el mundo sabe.

Carlos García-Tort
[email protected]