* Continúa en Uruguay la búsqueda de víctimas de la represión


Ni olvido ni perdón, para la Operación Cóndor

* La mayoría de los desaparecidos, en Argentina * Pese a obstáculos, prosigue la lucha por la verdad

Stella Calloni, enviada, Montevideo, 3 de marzo * La voz se quiebra en algunos momentos, cuando Benjamín Liberoff recuerda aquella madrugada del 20 de mayo de 1976 cuando unos 25 hombres vestidos de civil casi derriban la puerta de la casa donde vivía con sus padres y su hermana en avenida San Martín 2610, en Buenos Aires.

Eran los días del lobo cuando también fueron secuestrados, en la misma ciudad, los políticos uruguayos Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario del Carmen Barredo y el esposo de ésta, William Withelaw Blanco, cuyos cadáveres con señales de torturas aparecieron el 21 de mayo.

Todos habían buscado refugio en Buenos Aires, porque eran perseguidos por la dictadura uruguaya (1973-1985).

Estas desapariciones y los asesinatos reseñan los primeros momentos de la institucionalización de la Operación Cóndor, en funciones desde 1974 cuando fueron asesinado --también en Buenos Aires-- el general chileno Carlos Prats y su esposa.

Manuel Liberoff había nacido en Entre Ríos, pero se radicó en Uruguay donde estudió medicina, obtuvo la ciudadanía uruguaya, y era activo en la izquierda.

"Mi padre era directivo del sindicato de médicos y fundador de asociaciones de padres de la enseñanza secundaria. En julio de 1973 fue detenido por los militares uruguayos y llevado a un cuartel cerca de Maldonado, hasta que en octubre le quitaron la nacionalidad uruguaya y lo expulsaron. Así llegamos a Buenos Aires como muchos otros uruguayos perseguidos", relata Benjamín Liberoff a La Jornada.

Es allí donde los sorprende el golpe de Estado de marzo de 1976, cuando los militares argentinos imponen la dictadura más temible de la historia: "En la madrugada del 20 de mayo fuimos despertados por ruidos inusitados y fuertes golpes en la puerta. Y en ese sobresalto recuerdo que vi a mi padre por última vez, en el momento en que se abrió la puerta".

Señala que "unos 25 hombres entraron como jauría, vestidos de civil y fuertemente armados, haciendo alarde de sus armas, gritando para aterrorizarnos; nos golpearon y amenazaron. Algunos de aquellos hombres eran argentinos, pero otros tenían el acento y los modismos de los uruguayos".

Agrega Liberoff: "Mientras nos aterrorizaban, en otra parte del departamento a mi padre le gritaban: 'Te salvaste una vez, no lo vas a hacer otra'. Así es que sabían que él había estado preso en Uruguay".

De Liberoff nunca se ha sabido nada. En 1997 fue reconocido como "desaparecido" por el gobierno de Carlos Saúl Menem.

Los secuestradores de Manuel Liberoff además se llevaron todos los objetos de valor como botín de guerra: "Cuando se fueron llevándose a mi padre, que estaba convaleciente de una operación de cáncer de intestino, también nos dimos cuenta que se habían llevado nuestros documentos y las fotos de la familia".

Y así, "aquel médico ejemplar que era mi padre, que nunca hizo daño a nadie, fue desaparecido para siempre, sin un rastro, sin que nadie lo haya visto más. ƑCómo nos piden que olvidemos?"

Pero Benjamín Liberoff alienta ahora alguna esperanza, ya que los diversos juicios abiertos, en especial el que lleva adelante el juez español Baltasar Garzón en España y el de un grupo de abogados argentinos en Buenos Aires, podrían arrojar alguna luz sobre el caso de su padre.

La semana pasada el fiscal federal argentino Miguel Angel Osorio citó como testigos a los uruguayos que estuvieron secuestrados en el campo de detención clandes- tino Automotores Orletti, en la causa que lleva adelante el juez Gustavo Literas, referida a la actuación de militares de distintos países en la Operación Cóndor.

Son 11 estos testigos que volverán a revivir los días del horror: Elba Rama Moya, Mónica Solino Platero, Alicia Cadena Ravela, Enrique Rodríguez Larreta, Ariel Soto Loureiro, Sara Méndez (madre de un niño secuestrado por militares argentinos an- tes de ser entregada a Uruguay), Ana Inés Cuadro Herrera, Gastón Zina Figueredo, Eduardo Dean Bermúdez, Jorge González Cardoso, Asilú Maceiro Pérez y Edelweis Zahn Freire.

El abogado querellante en Buenos Aires, Alberto Pedroncini, y su equipo tratan de probar que los delitos cometidos no pueden prescribir y cuestionan la validez de las leyes e indultos que permitieron la impunidad. Los testimonios de los sobrevivientes de Orletti son claves en esta causa.

La Subsecretaría de Derechos Humanos argentina aportó pruebas para certificar la desaparición de estas víctimas de la Operación Cóndor, y los abogados querellantes documentos, datos probatorios y testigos.

En su momento el ex jefe del ejército argentino Martín Balza respondió a Literas que no obtuvo resultado en la exhortación para que sus subordinados aportaran testimonios que pudieran ayudar a aclarar algunos de estos y otros casos.

Como en la causa que se investiga están imputados militares uruguayos, entre ellos los que actuaron en el llamado Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA), a cuyo frente se individualiza al general Niño Gavazzo, el juez Literas solicitó a la justicia uruguaya los datos particulares necesarios y documentos sobre las misiones que cumplieron esos comandos en Argentina en esa época.

Pero sólo recibió una respuesta insólita del magistrado Juan Contarin, que exigió que se le envíe copia certificada de los cuatro cuerpos de la causa, lo que se considera un virtual bloqueo.

La mayoría de los desaparecidos uruguayos se registran en Argentina y por esta razón son considerados víctimas de la Operación Cóndor. También hay por lo menos dos uruguayos desaparecidos en Chile.

Aunque la Ley de Caducidad, que abrió la puerta a la impunidad, contiene un punto que obliga a investigar las desapariciones forzadas y responder a las familias sobre el destino de las víctimas, éste nunca se ha cumplido.

Organismos humanitarios tienen testimonios sobre los lugares donde muchos de los desaparecidos en Uruguay fueron vistos por amigos y compañeros políticos.

Entre la extensa exposición de testimonios tomamos al azar algunos casos como el de Gladis Etcheverrito Artigas de Cruz, madre de cinco hijos, detenida el 30 de marzo de 1975 y desaparecida en Montevideo, o el de Asdrúbal Pacielo, a cuya familia le respondió un militar uruguayo que "no se preocupen, no ha de ser de los cadáveres que aparecen en el mar", cuando preguntaron por su paradero.

Eduardo Bleier Horovitz, detenido a los 48 años en septiembre de 1975, fue visto en un galpón del batallón 13 de infantería, un taller de reparaciones --similar al campo Orletti-- bajo control del OCOA y hoy está desaparecido. Le llamaban "el infierno".

Se ha dicho que habría cuerpos de izquierdistas enterrados en edificios militares o cuarteles, pero hasta ahora "todo es una búsqueda, un intento de saber la verdad, es como andar por un túnel oscuro y donde nunca se encuentra el final, algo que nos sigue matando cada día, como los mataron a ellos", dicen las familias.

El pasado 29 de febrero el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien asistió a la asunción del nuevo mandatario uruguayo, Jorge Batlle, abrazó emocionado a María Almeida de Quinteros, a quien prometió investigar sobre su desaparecida hija, Elena Quinteros, secuestrada por militares de este país en la embajada venezolana en Montevideo en 1976, cuando había solicitado asilo después de saltar un muro.

En estas horas la insinuación del nuevo presidente sobre la posibilidad de buscar una solución al drama de los desaparecidos provocó la reacción del nuevo ministro de Defensa, Luis Brezzo, quien dijo que la paz ya está sellada "con las amnistías".