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Las encuestas de
herr Otto
No eran susceptibles
(los pueblos asiáticos) de ser civilizados...
Hubo que contentarse con obligar
a sus individuos a realizar un trabajo útil, como máquinas
animadas
Ensayo sobre la
desigualdad de las razas humanas (1855)
Otto
Peust era un sociólogo meticuloso, un hombre de ciencia. Era, también,
un amante de las encuestas que otorgan precisión cuantitativa y
sólido sustento empírico. En 1911 había organizado
una, a través de los representantes de México en el extranjero,
quienes debieron llenar un balconeador cuestionario sobre la situación
laboral en el país de la embajada; interrogatorio que en realidad
era un retrato fiel del trabajo forzado imperante en las plantaciones y
monterías del sureste mexicano.
La encuesta
debía corroborar que México no era el único país
donde prevalecían el peonaje por deudas, el trabajo forzado y los
castigos corporales. La hipótesis sociológica era que en
muchas otras naciones del mundo civilizado se empleaban sistemas laborales
coactivos, pues ciertas razas son reacias al trabajo voluntario.
Operarios
desocupados-causas económicas
¿Qué
proporción de individuos de la población son reacios al trabajo?
...
Enganche de operarios
¿Cuál
es el número de enganchados anualmente?
¿Se hace
en dinero en efectivo o en papeles de crédito (vales etcétera)?
¿Cuál
es, por término medio, la diferencia entre los salarios pagados
a operarios obligados y libres?
...
Medidas para ligar a los operarios
con los propietarios
¿Hay restricciones
al derecho de unión de los obreros...?
...
Conversión
de los enganchados en operarios obligados
¿Se dan anticipos
a cuenta de salarios?
¿De qué
medios se sirven los patrones para prolongar el tiempo del contrato?
...
Medidas disciplinarias.
Castigos corporales para hacer cumplir los contratos.
¿Se ejecutan
sin autorización legal, según costumbre?
¿Hay prisión
y en qué extensión?
...
Deserciones y castigos
relativos
¿Interviene la
policía para devolver al propietario el operario que desertó?
¿Se admiten castigos?
¿Se admiten azotes?1
En 1912 herr Otto
realizó otra encuesta, esta vez de campo, en algunas regiones rurales
mexicanas, destinada a establecer la proporción de personas "activas"
y la de "indolentes" en la población étnica, estudio del
que debía desprenderse una Ley Agraria. La estimación a verificar
empíricamente era que los indios "aprovechables" no llegaban al
6%. Por desgracia ese año se generalizó la rebelión
armada de los indolentes y la investigación se interrumpió.
El
huevo de la serpiente
Una cultura superior
sólo puede surgir ahí donde haya dos castas distintas en
el seno de la sociedad..
la casta del trabajo forzado
y la del trabajo libre.
El
desarrollo tardío y junker del capitalismo alemán incuba
un pensamiento social que, rompiendo con el liberalismo proveniente de
la revolución francesa, descree de la igualdad de los hombres ante
la ley, emprende una crítica de derecha a la democracia burguesa
y propone una visión imperial y racista de la historia.
Esta
"weltanschaung", que prolongada por Houston Stewart Chamberlain y Alfred
Rosenberg dotará de ideología al nacional socialismo, funciona
desde el último cuarto del siglo xix como justificación del
orden neocolonial y coartada racista al carácter contrahecho del
moderno imperialismo capitalista.
La renovada
teoría de la desigualdad de las razas, que arranca del conde Gobineau
y de Paul Anton de Lagarde, a fines del siglo xix se transforma en moneda
corriente en las universidades alemanas. Se trata, en rigor, de un neorracismo,
una concepción moderna que combina el reconocimiento de la globalización
capitalista con el darwinismo social inglés de Karl Person y Benjamin
Kidd. Un sistema de ideas que emplea teorías discriminatorias sobre
la etnicidad para legitimar el sojuzgamiento imperial de la periferia y
justificar el trabajo forzado de las razas subalternas, a las que se pretende
rejegas por naturaleza.
Poner
en duda la plena humanidad del colonizado, no enlos tiempos de conquista
armada sino en pleno siglo xix, es una forma de justificar el trabajo forzado
y la negación de los derechos ciudadanos, fenómenos dominantes
en el ámbito colonial. Relaciones sociales bárbaras, que
chocan con el ideario del capitalismo teórico, pero que son imprescindibles
cuando la acumulación periférica se despliega en un contexto
de demanda laboral estacional, escasez de fuerza de trabajo y sobrevivencia
de la comunidad agraria.
Negros,
amarillos y cobrizos fueron el "combustible biológico"2
de ultramar, que alimentó a distancia la segunda revolución
industrial: hule para llantas y correas de transmisión, sisal para
engavillar las cosechas cerealeras mecanizadas, cobre para los conductores
eléctricos. Las "razas de color" fueron también las "máquinas
animadas" que hicieron posibles los lujos metropolitanos: muebles de caoba,
enervante café endulzado con azucar de caña, delicado chocolate,
tabacos aromáticos.
La buena
conciencia de Europa necesitaba una teoría que justificara la racialización
de las relaciones laborales y otros desfiguros de la modernidad. Y también
la necesitaban las oligarquías blancas --o talqueadas-- de la periferia,
los administradores locales de las potencias de ultramar. Surge así
la imaginería del imperialismo, el sistema simbólico de la
colonización; un orden de ideas con pretensiones de cientificidad
que somatiza las relaciones sociales, que epidermiza la explotación.
"El
fetichismo de la epidermis es un hijo político delcapital", ha dicho
René Depestre,3 y si en Europa la arrogancia aria transmutada
en antisemitismo diezmó a un pueblo "de razón", el racismo
colonial está detrás de otro gran etnocidio, quizá
menos visible por disperso y prolongado, y también porque sus víctimas
fueron hombres "de color". Me refiero al holocausto de los "naturales",
a la sistemática aniquilación de coolis, felahs, negros,
indios americanos y demás calibanes, consumidos en las hogueras
laborales del imperio, en los campos de concentración de las minas,
monterías y plantaciones tropicales, en los hornos crematorios de
ultramar.
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Un
tecnócrata teutónen la administración de Porfirio
Díaz
La inversión
de capitales se desfigura en esclavitud
Cuando
menos desde 1885, en que el periodista chiapaneco Ángel Pola escribió
en El Socialista la serie de reportajes titulada Los escándalos
de la esclavitud en México,4 el peonaje por deudas
en las haciendas, y particularmente el enganche forzoso practicado en las
fincas y monterías del sureste, estaban en la mira de los críticos
del régimen y ensombrecían la imagen progresistaque sus apologistas
se esmeraban en proyectar.
Para
contrarrestar las persistentes denuncias, la administración de Díaz
patrocinó a diversos expertos extranjeros que debían justificar
con sus opiniones autorizadas el estado de cosas imperante. Uno de ellos
fue el sociólogo Otto Peust, quien en 1903 realizó por cuenta
del gobierno un viaje de estudios por el sureste.5 Tanto gustaron
los juicios del alemán que fue incorporado a la administración
y en los últimos años del régimen fungió como
Director del Departamento de Agricultura de la Secretaría de Fomento.
Pero
Peust no fue el único alemán que escribió sobre el
trabajo forzado en el trópico mexicano. Ya Edward Mühlenpford,
quien recorriera la región en 1835, había escrito que:
...la pereza y la embriaguez
son los vicios nacionales de los chiapanecos... los indios sólo
trabajan cuando se ven obligados a procurarse lo muy poco que requieren
para sus necesidades domésticas. En remplazo a la antigua mita,
los propietarios rurales han sabido establecer el trabajo por obligación
judicial, dando a crédito a los indios bebidas alcohólicas
y toda clase de objetos que les son útiles; y como los indios no
tienen otro medio de pagarlos, desquitan su precio con trabajo.6
Carl
Christian Sartorius, quien fuera finquero en Veracruz desde 1829, propuso
que el trabajo de los "naturales" se organizara mediante un sistema policiaco:
...todo criado permanente
de campo se obligaría a tener su libreta de servicio autorizada
por la policía rural. En la libreta se determinarían el día
de entrada al servicio, el tiempo que se obligaba a servir, las cantidades
que recibiera a cuenta, así como el día de salida del servicio.7
Sartorius
no oculta el sustento racista de su apología del trabajo forzado:
"Porque no se puede negar que la raza caucásica sea dominante tanto
por su inteligencia como por su riqueza".
Pero
la justificación más acabada del esclavismo corre por cuenta
del terrateniente alemán avecindado en Chiapas, Paul Furbach, quien
combinaba su condición de finquero con la de estudioso de las ciencias
sociales. En su disertación de doctorado presentada en la Universidad
de Heidelberg en 1912, el cultivado junker escribe:
A las naciones europeas
les falta hacer uso del derecho caucásico con las razas del segundo
y tercer grado...[las que] junto con su inclinación al ocio, tienen
la inclinación al engaño y al robo...Las naciones colonizadoras
caucásicas tienen pues, desde el punto de vista de la raza, el derecho
a quitarles a las poblaciones flojas la tierra en la medida que no la trabajan.
Este derecho es por raza aunque no jurídico: esto exige la Ley del
Progreso y del Desarrollo. Es forzoso imponer el trabajo moderno al indígena
indolente, bajo la mera del desarrollo nacional-social, y más aún
cuando se trata de razas a las que les falta el deseo de trabajo emprendedor,
así como la persistencia.8
Los
planteamientos de Peust son casi idénticos a los de Furbach, con
la diferencia de que el finquero habla por él, mientras que el funcionario
del Departamento de Agricultura expresa el punto de vista del gobierno
porfirista. En un folleto titulado Investigaciones sobre el problema
obrero rural en el extranjero, publicado por la Secretaría de
Fomento en 1911, leemos lo siguiente:
Las razas se dividen
desde el punto de vista económico [no etnológico] en tres
grupos principales...El primero comprende los pueblos de raza caucásica...única
que...ha pasado del gremio agrario al manufacturero del cual ha salido...
la industria transformadora en gran escala... El segundo grupo compuesto
preferentemente de la raza amarilla, sólo ha formado el gremio agrícola
y manufacturero, pero... parece capaz de imitar el régimen industrial
capitalista, como los japoneses chinos, etcétera. El tercer grupo
comprende la mayoría de los pueblos indígenas del África,
de América, de gran parte de Asia, etcétera, y dispone de
un grupo tan reducido de hombres enérgicos y perseverantes que sólo
ha logrado formar el gremio agrícola... Los individuos de este grupo
parecen incapaces de imitar; como los del segundo, la producción
capitalista... En relación con el grado de inferioridad de una raza...
los individuos que la forman resultan por su propia naturaleza, trabajadores
libres, obligados o esclavizados.
Declaración
de principios que le permite entrar de lleno en la problemática
laboral mexicana:
En los estados de Yucatán,
Campeche, Tabasco y Chiapas, según observadores competentes, el
tanto por ciento de hombres activos y perseverantes entre los nativos no
pasa del 5% al 6% [lo que confirma que]... solamente 2% o 3% de los indígenas
a quienes se titularon terrenos gratuitamente, han conservado sus lotes...
el resto los enajenó inmediatamente, conformándose con reservar
pequeñas porciones...lo cual les da lo estrictamente necesario para
su sustento físico... El cultivo de henequén en Yucatán
y Campeche tropieza con falta apremiante de obreros, que es para esta industria
un obstáculo mayor que la disminución del precio de venta
de la fibra. En Tabasco, el cultivo de las frutas tropicales que se ha
emprendido con energía y con éxito lisonjero, parece contenido
sensiblemente por la escasez de brazos... las escasez de obreros en México,
no reviste pues, como en Europa, un carácter puramente económico,
sino que depende de la índole de la mayor parte de su población
nativa... La cantidad reducida de individuos activos y constantes... es
insuficiente para proporcionar a la agricultura los obreros necesarios.
Enumera
luego algunos buenos remedios, lamentándose de que no se puedan
aplicar en México.
La mayoría de
las naciones colonizadoras, han procedido como los Estados Unidos, exterminando
a los indígenas para reemplazarlos por operarios de razas superiores
más activas. Procediendo más humanamente, la Argentina, en
una guerra formal, rechazó hace cuarenta años a la población
indígena a la Tierra del Fuego...facilitando los terrenos a los
inmigranteseuropeos. En México se deportó a los rebeldes
yaquis a los estados de Yucatán y Campeche. No obstante, el procedimiento
radical de la República Argentina es irrealizable en México,
por la gran mayoría que forma en este país el elemento de
la población inferior, económicamente hablando, y por falta
de terrenos adecuados para confinar a estos indígenas. La ejecución
parcial del programa argentino en México, ha suscitado esa agitación
injustificada que acompaña a todas las empresas que... no pueden
llevarse a cabo de modo debido y completo.
[Existe, pues] ...la
imposibilidad material de deshacerse del elemento indígena [que]...
parece a muchos inútil, [de modo que]... es conveniente reemplazarlos
por la introducción de operarios pertenencientes a razas más
activas... Los cultivadores de henequén en los estados de Yucatán
y Campeche prácticamente han tratado de hacer a un lado el elemento
inerte, buscando operarios más vigorosos en Corea, Java, etcétera,
y hasta cierto punto los resultados han sido ventajosos... Del mismo modo
en Tabasco, los obreros procedentes de España, Puerto Rico, así
como algunos asiáticos, han sido ocupados con más o menos
éxito [pero]... si no existe una migración espontánea
resultan muy altos los gastos para introducirla, y sobre todo, los migrantes
enganchados en otros países nunca bastan para fomentar debidamente
las industrias rurales de un país ni menos proporcionan material
bastante numeroso [pues]... es un axioma económico que la marcha
próspera tanto en las industrias manufactureras como en las rurales,
exige no solamente los obreros indispensables para los trabajos, sino un
ejército de reserva de operarios siempre listos a ocuparse. Si no
se hubiera satisfecho esta condición previa, las grandes industrias
transformadoras de Europa y Estados Unidos no existirían... No queda
otro recurso que tratar de afrontar decididamente el problema obrero, utilizando
la población rural existente de acuerdo con su índole.
¿Cómo,
entonces, utilizar conforme a su índole a una población de
natural desidiosa? Fiel a su método comparativo, Peust se remite
a las fórmulas empleadas en otros países.
El desarrollo industrial
en grande escala, o régimen capitalista, hasta hace algunos decenios
se limitó casi exclusivamente a las naciones de la Europa caucásica
y a los Estados Unidos. Los principios dominantes y los preceptos legales,
son por tanto efecto directo de las exigencias del sistema capitalista,
por una parte, y por otro de la naturaleza y modo de pensar y de obrar
de la raza caucásica. Sin embargo desde hace treinta años
el régimen industrial capitalista se va extendiendo rápidamente
a otros países. Los principios de derecho de la raza caucásica
son poco apropiados para regir las relaciones de dicha raza con las inferiores...
La imposibilidad de tener un derecho común para todas las razas
se manifiesta principalmente en lo que respecta a la propiedad de la tierra
y al trabajo obligado...[Así] la necesidad que se reconoce y practica
generalmente, de quitar a una población indolente las tierras que
no aprovecha, tiene como correlativa la de imponer a los nativos inertes
cierta obligación al trabajo. La evolución económica
mundial y la amenaza para la integridad de los pueblos que no saben desarrollar
todas las fuentes de su progreso material, originan una misma práctica
de las razas superiores, no obstante las teorías que sostienen algunos
académicos humanitarios obstinados en perpetuar los conceptos jurídicos
del siglo correspondiente a la raza caucásica. [Así]... los
ingleses en vez de suprimir en Egipto el trabajo obligado, lo han aumentado.
[El gobierno] del virrey Lord Cromer ocupó en el río Nilo...en
1898, a 19 045 felahs..., etcétera. Antes de que los ingleses ocuparan
el país era menor el número de operarios obligados. En las
colonias de África, que los alemanes adquirieron hace unos 25 años,
los hacendados han llegado a establecer casi a la letra el sistema agrario
y el modo de ocupación de los indígenas que se ha desarrollado
en México desde hace siglos...9
¿Arrogancia
aria? Sin duda, pero también una ceñida descripción
del capitalismo contrahecho realmente existente. Sin eufemismos liberales,
el alemán exhibe la igualdad ante la ley como una ilusión
de la fase "caucásica" del capitalismo; apariencia transitoria que
se transmuta en trabajo forzado cuando el régimen burgués
se extiende a escala planetaria. Con rigor sociológico, Otto Peust
demuestra que en un contexto de escasez de brazos y sobrevivencia de comunidades
agrarias --de naturaleza "indolente"-- la implacable lógica de la
acumulación produce enganchados, acasillados o felahs; y
concluye, contundente, que en su fase superior y mundializada el capitalismo
deviene un nuevo esclavism
El problema
es que no le escuece. Por el contrario, quitar la tierra y forzar el trabajo
de las razas inertes le parece un mérito civilizatorio. Y en México,
donde los indolentes son ominosa mayoría pues no se les exterminó
a tiempo y no se les puede matar o desterrar a todos, uncirlos al trabajo,
así sea contra natura, es hazaña del progreso.
Pesimista
y decadente, el pensamiento teutón del xix y principios del xx racionalizó
el colonialismo y sistematizó teóricamente la desigualdad
en el trato a las razas; pero el "asalto a la razón" del que habla
Lukács,10 no está en la naturaleza prusiana sino
en la circunstancia social que Alemania compartía con otras metrópolis
imperiales. A principios del siglo xx no hacía falta ser ario para
ser racista. Pehr Olsson-Seffer, doctor en Filosofía oriundo de
Dinamarca, quien visitó México en 1910 y escribió
para el gobierno de Díaz un extenso texto titulado La agricultura
en varios países tropicales y subtropicales. Informe presentado
al señor secretario de Fomento, afirma que:
Si las razas blancas
dominan en los trópicos, bajo el pretexto de que los naturales no
están aptos para el gobierno propio, de suerte que su régimen
sea satisfactorio para la política del mundo, esta misma preocupación
reina...en la agricultura. En efecto, la industria agrícola de estos
naturales, lejos de ser eficiente...está por el contrario muy atrasada...
y sucede que hasta en los cultivos que debían ser mejor comprendidos
y practicados por esos mismos naturales, son los blancos los que sacan
mejor partido...Ningún país debe dejar de tomar parte en
el progreso general de la humanidad, lo cual puede combinarse muy bien,
como se observa en la práctica, con el hecho de que las razas blancas
de Europa y América dominan al presente en los trópicos,
perteneciendo a ellas por consiguiente todos sus productos, y estas razas
no pueden consentir en que se desperdicien las regiones más ricas
y más vastas del mundo...[Así pues] para que la agricultura
pueda hacer rápidos adelantos en México, será necesario
hacer venir al país a los agricultores procedentes de otras naciones.11
Pero el darwinismo
social que más ofende no es el del nórdico Pehr o el junker
Otto, sino el del presidente mixteco al que asesoran.
Un
mixteco talqueado
La civilización,
con C mayúscula, sólo podía nacer de la imitación
y de la asimilación
beatíficamente
paródicas de los valores europeos o norteamericanos... Los negros,
los indios, los mestizos de América, no podían, entonces,
demandar lecciones de identidad...
a los "científicos" mexicanos.
René Depestre.
Buenos
días y adiós a la negritud.
La
minusvalía racial de los mexicanos "naturales" no es ocurrencia
de tecnócratas importados sino acendrada convicción del gobierno
porfirista y sus "científicos" autóctonos. Dicen que en sus
últimos años el héroe del 2 de abril, el general nacionalista
que fuera terror de los franceses, se talqueaba el rostro en un intento
de blanquear su epidermis de mixteco. Verdad o no, lo cierto es que don
Porfirio sí se propuso seriamente blanquear el país.
Aniquilar
o trasterrar a los yaquis y mayos broncos, aplastar los rescoldos mayas
de la Guerra de Castas refugiados en Chan Santa Cruz, atraer agricultores
extranjeros para colonizar zonas indígenas, poner la fuerza pública,
los gobiernos municipales y hasta la red de ferrocarriles al servicio de
la captura y traslado al sur y sureste de trabajadores enganchados, solapar
la esclavitud por deudas y los castigos corporales, son aspectos de una
política racista que veía en la resistencia y rebeldía
de los indios una disrupción del orden, un obstáculo para
el progreso.
La justificación
de la esclavitud laboral de los naturales no deriva de la arrogancia del
blanco colonizador ni del proverbial complejo de inferioridad del mexicano
mestizo. El racismo es la cara oscura de la mundialización capitalista
y se impone por la fuerza de las cosas. A muchos mexicanos indignaba el
maltrato del indio y no faltaban finqueros compadecidos y hasta compañías
transnacionales dispuestas a cambiar el cepo y los azotes por buenos sueldos,
pero el trabajo forzado se sobreponía a las buenas intenciones.
El que la mercancía fuera el hombre y no sólo su fuerza de
trabajo, no era ocurrencia de administrador, íntima crueldad o perversión
ideológica, era una necesidad objetiva de la acumulación
colonial. El comercio humano en pleno siglo xx responde a la racionalidad
del capitalismo realmente existente; la esclavitud moderna es una relación
de producción somatizada.
Pero
es también un imaginario, un sistema de ideas y prejuicios que justifica
la ignominia. Durante el porfiriato, la etnofobia era cultura. Los ensayistas
preocupados por la nación, como Maqueo Castellanos, llegaban casi
siempre a conclusiones racistas:
Si en vez de once millones
de indios esparcidos en el campo y la montaña tuviéramos
la misma suma de emigrantes extranjeros de todas o de cualquier nacionalidad,
seríamos un país treinta veces más rico, más
respetado, más fuerte. Luego, si es cierto, que sí lo es,
es porque la raza indígena estorba nuestro progreso.12
Y
es que los mexicanos "de razón" mamaban el racismo desde la escuela
primaria. En la Geografía de México de Alberto Correa,
miembro de la Sociedad Mexicana de Gografía y Estadística,
y director de la primaria anexa a la Normal de Profesores, leemos:
Cuatro razas distintas
componen [la población]: la india o natural del país; la
europea, la negra y la criolla...
La clase llamada principal,
está formada por las personas más ilustradas o que poseen
el elemento vital de los capitales. En los individuos de esta clase reside
el ejercicio del comercio, de las profesiones científicas, de las
bellas artes y la literatura, pudiendo competir por su ilustración,
con los moradores del viejo continente...
Los indios, por su carácter
indolente, y más que nada por su falta de ilustración, constituyen
en nuestro país un elemento casi nulo, siendo un factor insignificante
en el consumo y producto de la riqueza pública.
De la raza indígena
pueden hacerse tres grandes divisiones: 1. Indios de civilización
primitiva, que son inteligentes y activos, conservan intactas sus antiguas
costumbres y su idioma...consagrándose particularmente a la agricultura
y algunas manufacturas ordinarias como fabricación de sombreros,
esteras, trastos de barro etc., 2. Indios degenerados, cuyas costumbres,
idiomas y hasta su constitución física ha cambiado por completo,
siendo indolentes, desaseados y de torpe inteligencia. 3. Indios bárbaros,
que son pérfidos, crueles, guerreros constantes, no reconocen las
autoridades y viven del pillaje.13
El
año que fue publicada, esta geografía era libro de texto
en las escuelas públicas. En este ambiente intelectual ningún
ciudadano bienpensante se escandalizaba por las expresiones racistas de
los hombres públicos. En declaraciones al periodista norteamericano
Elisha Hollingworth, publicadas en El Imparcial en 1910, el gobernador
Torres, de Sonora, decía:
Los únicos seres
en todo México contra quienes puede lanzarse el cargo de barbarie
son los indios de Sonora y Yucatán, cuya resistencia a todo influjo
civilizador parece haberles conquistado la simpatía de ciertos escritores.
Estos indios han retrasado el progreso. No ha quedado al gobierno otro
camino... que imponerse por la fuerza... En vez de exterminarlos como hizo
el gobierno de los Estados Unidos... nosotros los enviamos a Yucatán.
De ahí volverán... tan pronto se hayan reformado...14
La
última frase de Torres es de una ingenuidad racista desarmante:
"Tampoco se ha deportado nunca alguna familia mexicana, sino solamente
yaquis". Seguramente el gobernador de todos los sonorenses debía
pensar que los yaquis eran suecos.
Las
declaraciones de Torres son una reacción de la cadena periodística
del norteamericano Hearst y del gobierno porfirista, a la publicación
en inglés del reportaje de John Kenneth Turner titulado Barbarous
Mexico, 15 que denunciaba la esclavitud por deudas prevaleciente
en las plantaciones tabacaleras de Valle Nacional, Oaxaca, y en las haciendas
henequeneras de Yucatán. A la misma contracampaña corresponde
esta memorable declaración del presidente Díaz, publicada
también en El Imparcial, en 1910.
Los yaquis son una raza
admirable... si se exceptúa su instinto sanguinario... que desgraciadamente
constituye el rasgo dominante de su carácter... En cuanto a la deportación,
esto fue una medida política exigida por consideraciones humanitarias.16
Racismo corriente
Aquellos hombres
miraban cuanto se refiere a la vida de los indígenas como
una mera exhibición
teatral de sombras: una representación en medio de la cual podía
pasar
la raza dominante
completamente indiferente, siguiendo en la persecución de sus incomprensibles
fines.
El
racismo colonial moderno es un mecanismo de opresión y explotación,
una estructura material sobre la que se edifica un orden espiritual que
impregna también a quienes no lucran directamente con las supuestas
jerarquías étnicas. Hay entonces un racismo light
que no saquea ni violenta a los hombres "de color", simplemente le son
indiferentes, impenetrables, gente de otra dimensión.
De índole
borrosa y fantasmal, los "salvajes" pueden ser odiados o temidos, pero
como lo escribió Conrad, marinero mercante de la Malasia que algo
sabía de eso, son siempre seres espectrales, sombras inasibles.
Espejo empañado por el vaho de la culpa colonial, neocolonial y
postcolonial, las humanidades "otras", los negros, los rojos, los amarillos
y los cobrizos, son rebaños insondables, socialidades esotéricas
y escarnecidas, espejos trizados donde los "occidentales" temen reconocerse.
Y en
el fin del milenio, este vértigo culposo que aqueja a la gente "de
razón" al confrontar a los "naturales" no ha desaparecido del todo.
Notas
1
Secretaría de Fomento. Investigaciones sobre el problema obrero
rural. México, 1911
2
René Depestre. Buenos días y adiós a la negritud.
Casa de las Américas. Cuba, 1985, p. 72.
3
René
Depestre. Ibid, p. 71.
4
Gastón garcía Cantú. El socialismo en México,
siglo xix, era, México, 1969, p. 382.
5
Friederike Baumann. "Terratenientes, campesinos y la expansión de
la agricultura capitalista en Chiapas, 1896-1916", Mesoamérica,
número
5, Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica, Guatemala,
junio de 1983.
6
Edward Mühlenpford, citado por García de León en Resistencia
y Utopía. Memoria de los agravios y crónica de revueltas
y profecías acaecidas en la provincia de Chiapas durante los últimos
quinientos años de su historia. era. México, 1985, p.
150.
7
Carl Christian Sartorius. México alrededor de 1850, citado
por Brígida Von Mentz, et al, en Los pioneros del imperialismo
alemán en México.Casa Chata, México, 1982, p.a
280.
8
Paul Furbach. Die arbeilerverhältnise in den kaffee-plantagen süd-Mexikos,
citado
por García de León, ibid, p. 93.
9
Otto
Peust (atribuido). Investigación sobre el problema obrero rural
en el extranjero, Secretaría de Fomento, México, 1911.
10
Georg Lukács. El asalto a la razón. Grijalbo, México,
1968.
11
Pehr Olsson-Seffer. La agricultura en varios países tropicales
y subtropicales, parte ii, Secretaría de Fomento, 1910.
12
Maqueo Castellanos, Algunos problemas nacionales. Eusebio Gómez
del Puente, México, 1910, p. 83.
13
Alberto Correa. Geografía de México. México,
1889, pp. 62 y 63.
14
Elisha Hollingsworth Talbot. La verdad sobre México, El Imparcial,
tomo
xxviii, número 4, 890, 9 de febrero de 1910.
15
John Kenneth Turner. México bárbaro. Costa Amic-Cordemex.
México, 1965.
16
México
hoy y mañana. El Imparcial, xxviii, número 4, 843,
1 de abril de 1910.