La Jornada Semanal, 24 de mayo de 1998



Mauricio Carrera

entrevista con Joan Didion


Un gorrión con una navaja
de rasurar en el pico


``Nadie camina en L.A.'', dice el refrán. Con Play It As It Lays, la novela clásica del ``freeway'' donde la protagonista no baja nunca de su corvette, Joan Didion se consagró como el epítome de la escritora angelina. Más tarde incursionó en el reportaje y construyó una imagen de América Latina que hizo de A Book of Common Prayer la Biblia de los setenta.



Tiene algo de personaje alcohólico o enfermo; hay algo crudo y complicado en ella; una voz como de muchas cajetillas diarias; una cierta palidez y un ligero temblor; un descreimiento básico del mundo, una desesperanza precoz y ahora senil, una fragilidad de ave, un desfallecer agónico, un aire deprimido, y de cuando en cuando algo cercano a la sonrisa. Hay quien la ha comparado con un gorrión. Un gorrión con el ala rota. Pero un gorrión diferente: ``con una navaja de rasurar en el pico''. Es Joan Didion. Ave dedicada al dexedrín y a la ginebra, así como al cine, el periodismo, la literatura. La escritora al borde de un ataque de nervios. La autora de Run River (1963), su primera novela, y la que nunca dejó de llorar el día de su boda con John Gregory Dunne; la que escribió After Henry y Democracy y sobre la que el New York Magazine preguntaba: ``¿No hay nada que se pueda hacer para animar a esta mujer?''; la misma que en 1968 recibía el título de ``Mujer del Año'' en los momentos en que ingresaba a una clínica psiquiátrica para tratar lo que quedó definido como una personalidad en proceso de deterioro. Los personajes de sus novelas son como ella misma: al borde del precipicio. Lo ha dicho en una reciente entrevista: ``No me gustan las novelas cotidianas. Usted sabe: en las que los personajes atraviesan una calle platicando. A veces nos descansa el leerlas, pero no sé cómo alguien es capaz de escribirlas.''

Escritora, periodista, guionista de cine, en su obra el sueño norteamericano está igualmente al filo de la navaja. Joan Didion no se conforma con lo superficial. ``Cuando veo un árbol, lo veo como un árbol dañado y quiero saber quién lo dañó.'' Para ella Estados Unidos no es exactamente el paraíso, sino lo camp, las bambalinas hollywoodenses, la contracultura, Vietnam, las convenciones partidistas y el involucramiento estadunidense en los asuntos internos de otros países. En sus libros hay traficantes de armas, corrupción, conspiraciones. También políticas hipócritas y un pueblo que no se da cuenta de lo que a su alrededor sucede: hombres y mujeres arrastrados por un engranaje ideológico que los ha conducido a la ingenuidad o a la crisis psicológica. Una crítica social, aunada con la fuerza de su narrativa, que parece contradecir la aparente fragilidad de esta escritora. ``No soy una intelectual'', ha dicho. ``Durante mis años en Berkeley traté, con una suerte de energía postadolescente, de forjarme una mente que pudiera lidiar con lo abstracto. Traté de pensar, y fallé.'' Tal vez en lo abstracto, porque en lo concreto... Ahí están Salvador (1983) y Miami (1987), obras en las que dio cuenta de la presencia estadunidense en Centroamérica y Cuba; y más recientemente The Last Thing He Wanted (Knopf, 1996), una novela con el escándalo Irán-Contras como trasfondo.

Atracción por lugares donde la conspiración es constante

Se ha dicho que los Estados Unidos es un país de corta memoria y que en este sentido las novelas que usted ha escrito están hechas para enseñarnos a no olvidar. ¿Esto es cierto?

-Sí, sobre todo mis últimas novelas son acerca de esa muy corta memoria, acerca de cómo el pasado aquí ha sido puesto en blanco. Esta tendencia no mejora -responde Didion, lentes oscuros aunque no hay sol, un vestido muy elegante a lo Audrey Hepburn, voz como cansada. Firma ejemplares de The Last Thing He Wanted, su quinta novela: una historia de intriga política en la que el gobierno norteamericano cierra los ojos ante el ilegal tráfico de armas que desde la Florida se hace para apoyar la contrainsurgencia en Centroamérica.

-¿Por qué su interés por escribir sobre estos temas, y en particular sobre la conexión Estados Unidos/Latinoamérica?

-Durante mucho tiempo lo más al sur que había ido era México. No fue sino hasta principios de los setenta cuando tuve la oportunidad de ir a Colombia, a un festival para escritores de cine. Me enfermé. Me dio tifo. Tardé en recuperarme. Pero ya para ese entonces comencé a preguntarme cosas. El involucramiento de Estados Unidos en la zona. Nadie me había explicado de manera satisfactoria eso. Me interesó saber la diferencia que había entre lo que la gente de Washington decía y lo que en verdad estaba ocurriendo.

Fruto de esa experiencia fue A Book of Common Prayer (1977), una novela sobre una norteamericana que se retira a vivir a un país latinoamericano y descubre lo que es la Revolución, y más tarde Salvador (1983), su gran reportaje sobre la guerra civil en esa nación merced en parte a los designios de Ronald Reagan. ``Soy alguien'', ha señalado Joan Didion, ``que se ha sentido atraída a ciertos lugares donde la conspiración es constante.'' Los cubanos de Florida en Miami (1987), sus retratos políticos en After Henry (1992) y ahora The Last Thing He Wanted.

-Se trata de su primera novela en doce años. ¿Por qué le llevó tanto tiempo publicar otra obra de ficción?

-Siempre he escrito novelas a un paso muy lento; algo así como una cada siete años. Me tardé más con ésta porque no la pasé muy bien a la hora de escribir la última y no estaba lista para sobrepasar esa clase de mal humor privado que uno necesita para empezar un nuevo libro. Fue simple y llanamente una perversión de mi parte. Finalmente, después de que pude sobrepasar eso, comenzó a ser divertido.

-¿Dónde se siente usted mejor: en la ficción o en la no ficción?

-Me gustan las dos, aunque especialmente me siento bien en los trabajos largos de no ficción que he hecho. Me gusta poder sostener un ritmo de trabajo constante semana tras semana. Precisamente, con los artículos cortos eso es lo que me disgusta: uno no puede encontrar el ritmo; o todavía peor: a la hora en que no lo encuentra, el artículo ya está terminado.

-A propósito de no ficción, usted fue considerada por Tom Wolfe como nueva periodista. ¿Lo es?

-No, nunca entendí eso de Nuevo Periodismo porque nada es nuevo y nada se escribió como para parecer nuevo. Si usted lee lo que se escribía en los veinte y en los treinta, e incluso mucho antes que eso, hay muchas técnicas que podrían considerarse como Nuevo Periodismo.

-¿Le ha dicho eso a Wolfe?

-Sí, se lo he dicho... -duda un momento. Firma otro libro. Alguien la felicita. Mueve la cabeza como tratando de recuperar el hilo de lo que decía. No es posible: -Me perdí -se disculpa.

Como morder una víbora

Junto a John Gregory Dunne, Joan Didion ha escrito los guiones de A Star is Born (1977), True Confessions (1982), Up Close and Personal (1995), y también de una película basada en una novela suya: Play It As It Lays (1973).

-¿Le gustó la película?

-¿Play It As It Lays? No, la película fue un error. Un gran error cometido por todas las personas involucradas. Un gran error incluso de nosotros, mi esposo y yo, por escribir el guión. Pero, bueno, para las veintitrés personas que la vieron -y hay un asomo de sonrisa-, tal vez no fue un gran error sino uno pequeño.

Su esposo y ella viven ahora en Nueva York después de muchos años de vivir en California, cerca de Hollywood. Tienen una hija de treinta años de nombre Quintana Roo. ¿Por qué ese nombre de origen tan mexicano? Tiempo atrás se lo formulé al propio Dunne. Me respondió de esta manera: ``Oh, por ninguna razón en especial. Joan y yo buscamos en un mapa un nombre para ella, vimos Quintana Roo y nos gustó. Por cierto que la primera vez que mi hija fue a ese lugar se presentaba con la gente con un `Hola, yo soy Quintana Roo', y la gente la corregía: `No, usted está en Quintana Roo...'''

Didion y Dunne se casaron en 1964, un año después de que ella publicara su primera novela, Run River.

-Hábleme de esta obra -le pido-. ¿Cómo la contempla ahora?

-Run River fue escrita por una persona diferente. La escribí a los 23 y la publiqué a los 27. Soy distinta ahora. Me gustan los personajes del libro, pero sería un libro que no leería de nuevo.

-¿Acostumbra leer de nuevo sus obras?

-No. Sería como morder una víbora.

-Se dice que su obra es como una misma novela repetida.

-Sí, tal vez siempre termino repitiéndome a mí misma.

-¿Alguna razón?

Otro asomo de sonrisa:

-Sí, supongo que he de continuar haciéndolo hasta que termine por hacerlo bien... No, sucede que el mundo está ahí. No cambia en realidad, es el mismo.

Feminista aunque no asista a mítines

En 1965 Joan Didion hizo una reseña que le costó su trabajo como articulista en Vogue. Se atrevió a criticar La novicia rebelde. La película se había estrenado recientemente y, aunque aplaudida por todo el mundo, ella la encontró vergonzante: la Historia no le sucede a gente como Julie Andrews y Christopher Plummer; ponte a cantar y no ha de pasarte nada. Fue lo que escribió y la corrieron.

-¿Cómo escribe Joan Didion?

-En mi oficina. Siete días a la semana. Mi horario es de diez treinta a la hora del lunch, y después de dos de la tarde hasta las ocho o nueve de la noche-. Hay otro asomo de sonrisa: -A las cuatro de la tarde ya no sé ni qué escribir pero continúo. -Y otro más: -Algunas veces tengo que ir al dentista, aunque siempre trato de no perder el ritmo. Edito mucho. Lo hago junto con mi editor de The New York Review of Books. Le tengo mucha confianza. Leemos el manuscrito y hacemos correcciones. No tenemos que hacerlo personalmente, sino por teléfono. Su opinión me es muy valiosa.

-¿Influencias literarias?

-Casi todo lo que he escrito ha sido gracias a la influencia de Hemingway. También de T.S. Eliot. Me gustan los ritmos de sus frases. En particular los Cuatro cuartetos. Y, por supuesto, Joseph Conrad y Madox Ford.

-¿Y mujeres?

-Joyce Carol Oates está al principio de la lista.

-¿Joan Didion feminista?

-Algunas de mis protagonistas han sido consideradas como un poco petrificadas por las situaciones políticas, pero yo no lo veo así. ¿Feminista? Supongo que sí. Alguna vez dije que no. Pero eso fue porque no tengo la costumbre de asistir a mítines.

En sus novelas sus mujeres tienen la costumbre de dejar a sus maridos. Algo que Joan Didion no ha hecho. Una relación tormentosa con Dunne, pero todavía juntos... con sus intervalos. Se cuenta en Vogue que una vez Dunne salió de su casa en Los çngeles a comprar una hogaza de pan y la encontró en Las Vegas, donde permaneció por algún tiempo. Ella sonríe: ``Sí, es algo que él acostumbra hacer de vez en cuando.''

Voy a hacer una ensalada de pollo

A sus sesenta y un años (``me siento vieja''), y con una nueva novela, Joan Didion ha dado vida a otra mujer: Elena McMahon, quien descubre lo que en verdad sucede con esa conexión Florida-Centroamérica y no lo que el FBI y Mark Berquist, un senador norteamericano, se encargan de decirle a la opinión pública. Después de todo, como la propia Joan Didion lo ha afirmado: escribir sobre estos temas, e investigarlos, es más interesante que leerlos en Los Angeles Times.

-¿Le gustaría vivir en Latinoamérica?

-Me gustaría, pero pienso que no podría vivir ahí. No podría vivir en otro país porque como escritora creo que perdería contacto con mi propia cultura. Además está el caso del idioma. Nunca he sido buena para los idiomas. Pienso en inglés, escribo en inglés.

-¿Habla español?

-Muy poco, pero sí, lo hablo.

Se dice que no le gustan las entrevistas, y que como reportera desconfía de esta técnica. Prefiere observar a sus sujetos y luego escribir sobre ellos. Una periodista que la visitó en su departamento le preguntó: ``¿Pero qué puedo observar del trabajo de una escritora?'' Joan Didion le respondió: ``Ahora lo verá: voy a hacer una ensalada de pollo.''

Le hago las últimas preguntas:

-¿Qué opina de lo que está sucediendo en México: la guerrilla en Chiapas, el subcomandante Marcos?

-Es algo enorme. Se trata de una historia que no ha captado en los Estados Unidos la atención que merece. Por supuesto, ha aparecido en los periódicos, pero hace falta un análisis más grande de lo que en verdad sucede. Es algo que podría causar una gran ruptura. Y no sabemos en qué va a terminar. Es muy interesante. Sé que Alma Guillermoprieto escribió un artículo al respecto, que no he leído pero que voy a leer. Ella estuvo ahí. Creo que me puede dar una visión más clara de las cosas.

-Si tuviera la oportunidad de hacer una entrevista con el subcomandante Marcos, ¿iría a Chiapas a hacerla?

Por la expresión de su rostro da la impresión de que no sabe quién es el subcomandante Marcos. Por supuesto, tampoco Durito. Duda. Frunce el ceño, firma con impaciencia otro libro y responde:

-No sé... O sí, creo que sí, creo que en definitiva lo haría.